Fano, en los Premios Stella: "La educación está para cambiar el mundo y yo me levanto cada mañana para eso"

La primera edición de los Premios Stella ha reconocido en la Universidad Pontificia de Salamanca a nueve personas, instituciones y proyectos educativos, además de distinguir el legado de la Escuela de Salamanca. Una gala marcada por el recuerdo de las víctimas del accidente ferroviario de Urda y por una convicción compartida: educar es cuidar, acompañar y abrir horizontes de esperanza.

José Mª de MoyaMiércoles, 28 de octubre de 2026
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Foto de familia de los premiados.

Educar es amar a la persona, tomando en serio su inteligencia, su libertad y su futuro». Con estas palabras, Alfonso Carrasco Rouco, obispo de Lugo y presidente de la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura, abrió en la Universidad Pontificia de Salamanca la primera edición de los Premios Stella. Su intervención situó la gala como un agradecimiento a quienes hacen de la educación una tarea de cuidado, conocimiento y esperanza, especialmente hacia quienes encuentran más dificultades o cuentan con menos oportunidades.

Carrasco describió la educación católica como una práctica de comunión que convierte la escuela, la universidad o la parroquia en comunidades donde se aprende a razonar, escuchar y asumir responsabilidades. «La verdad y la comunicación de la verdad son un signo de caridad», expresó antes de agradecer la labor de maestros y educadores: «A quien sigue entregando sus mejores energías y pone su corazón en educar y cuidar, muchas gracias».

La celebración estuvo atravesada por el dolor del accidente ferroviario ocurrido en Urda, Toledo, durante la mañana del 28 de octubre. El Consejo General de la Iglesia en la Educación modificó el programa para celebrar una Eucaristía por las víctimas, guardar un minuto de silencio y suspender el vino español previsto al finalizar el encuentro. De este modo, la alegría por los reconocimientos convivió con la cercanía a los fallecidos, sus familiares y amigos.

Los premios nacen para descubrir experiencias que puedan inspirar nuevos caminos. Sus nueve categorías representan los ámbitos del CGIE y dibujan una amplia constelación formada por colegios, universidades, centros de Educación Especial y Formación Profesional, docentes, familias, parroquias, proyectos culturales y espacios deportivos. A ellas se sumó un Premio Especial dedicado al V Centenario de la Escuela de Salamanca.

Una historia que continúa educando

El Colegio Nuestra Señora de los Infantes de Toledo recibió el galardón en la categoría de Colegios de Ideario Cristiano por su trayectoria educativa centenaria, su vínculo con la catedral y la ciudad y la continuidad de su identidad cristiana.

El jurado valoró también la investigación realizada por el alumnado sobre los orígenes del centro, considerado probablemente el colegio más antiguo de España. Sus representantes, Ángel Camuñas y Francisco Javier González, resumieron su intervención en tres palabras: «Gracias, gracias y gracias». «Lo que intentamos ser cada día es servir a la comunidad católica y a la ciudad de Toledo desde la enseñanza, la educación y la música», añadieron.

En el ámbito universitario, la Cátedra de Innovación y Salud Mental Digital de la Universidad Pontificia Comillas fue distinguida por integrar investigación, formación y transferencia ante los desafíos de la salud mental y la digitalización, colocando a la persona por delante de la tecnología. Ana García Mina recordó que la iniciativa surgió durante la pandemia, cuando profesores de Psicología, Ingeniería y Derecho buscaron fórmulas para llegar a familias con niños y jóvenes que sufrían. «Merece la pena dedicar nuestro saber a servir», afirmó, interpretando el premio como «un signo de esperanza».

 

La Congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Compasión obtuvo el Premio Stella de Educación Especial por más de dos siglos de acompañamiento a personas vulnerables y por su presencia pionera en la educación de niños y jóvenes con discapacidad. Esa misión se concreta hoy en el Colegio María Corredentora de Madrid, que atiende a 328 estudiantes desde una pedagogía centrada en su dignidad y capacidades. La congregación dedicó el premio a las religiosas y profesionales que han sostenido esta labor: «Nos ayuda a seguir trabajando para que cada persona sea acogida en su dignidad, pueda desarrollar sus capacidades, sean las que sean, y encuentre oportunidades de crecimiento e inclusión».

Patricia Mármol, profesora de Religión del CPEE Vicente Ferrer, recogió el premio correspondiente al Profesorado de Religión por «El teatro vive en mi cole». Lo que comenzó como una herramienta para acercar su asignatura a estudiantes con necesidades educativas especiales terminó convertido, hace más de 25 años, en un proyecto de centro. El teatro funciona como espacio de inclusión, creatividad y participación, dando protagonismo a alumnado, familias, docentes y personal técnico. «Cuando se suben a nuestro escenario son felices», explicó Mármol, que recibió el reconocimiento como un impulso «para seguir trabajando con nuestros chavales».

El filósofo, teólogo y pedagogo Francesc Torralba fue reconocido en la categoría de Profesorado Cristiano por una trayectoria capaz de tender puentes entre la fe, la educación y la cultura. El CGIE destacó tanto su rigor académico como su disposición al diálogo y su contribución a una presencia cristiana razonada y esperanzada en la sociedad. Torralba recibió el galardón como «un estímulo, un desafío y una responsabilidad». «Siempre he tenido el Evangelio como fuente de inspiración para mi práctica docente y como conferenciante. Para mí es una brújula y un horizonte», manifestó.

La Congregación Salesiana fue premiada por su compromiso con la Formación Profesional de Grado Básico, un itinerario que ofrece capacitación, acompañamiento y nuevas oportunidades a jóvenes que han atravesado dificultades escolares, familiares o personales. El galardón puso en valor una labor que busca prevenir la exclusión y devolver al alumnado la confianza en sí mismo. Al recogerlo, los salesianos agradecieron la paciencia y generosidad de sus educadores, capaces de acompañar situaciones complejas hasta ayudar a los jóvenes a crecer y encontrar su lugar. Su propósito, señalaron, sigue siendo el de Don Bosco: formar «honrados ciudadanos y buenos cristianos». Magisterio ya profundizó en la apuesta salesiana por la FP Básica y su capacidad para generar oportunidades.

Luis de la Fuente, seleccionador nacional de fútbol, recibió el premio de Educación no formal, tiempo libre y deporte por la dimensión educativa del liderazgo ejercido durante su trayectoria. El reconocimiento destacó su forma de construir equipos y de transmitir esfuerzo, responsabilidad, compromiso y cohesión. En su mensaje de agradecimiento, De la Fuente puso el foco en «la capacidad del deporte para acoger y transmitir valores esenciales como el respeto, el esfuerzo, la solidaridad y el trabajo en equipo». También se comprometió a continuar trabajando para que sea «una auténtica herramienta de formación y crecimiento».

Fano: familia, escuela y parroquia

Uno de los momentos más cercanos de la gala llegó con Francisco Javier Velasco, Fano, premiado en el ámbito de Parroquia, Familia y Escuela. El CGIE reconoció una trayectoria que reúne vocación docente, vida familiar, compromiso parroquial, trabajo en la escuela pública y creación artística al servicio del Evangelio. Sus dibujos, de lenguaje sencillo y profundo, se utilizan gratuitamente en hogares, colegios y catequesis de numerosos países.

Antes de agradecer el galardón, Fano pidió al público que recuperara por unos minutos la mirada infantil. Mediante un juego con las manos explicó que una familia nace de personas que se encuentran y se quieren, que la parroquia es «una familia de familias» y que la Iglesia cobra vida cuando abre sus puertas para servir. Ese pequeño juego pedagógico terminó convirtiendo el Aula Magna en una clase participativa sobre comunidad, acogida y buenas obras.

Después llegaron los nombres propios. Fano dio las gracias a su madre, Fe; a sus hermanos; a su mujer, Susana; y a sus hijos, presentes de distintas maneras en sus ilustraciones. «Esta categoría es espectacular porque esta es mi vida: mi familia, mi escuela y mi parroquia«, aseguró. También recordó a los sacerdotes y familias de su comunidad parroquial, donde los niños crecen juntos y la fe se comparte desde la cercanía cotidiana.

Su agradecimiento más reivindicativo estuvo dirigido al Colegio María de la O, una escuela pública y gitana que trabaja en un entorno vulnerable de Málaga. Fano elogió al profesorado que ha elegido voluntariamente servir «a los más pobres y a los que más sufren» y a unos niños que necesitan horizonte y esperanza. «La educación está para cambiar el mundo y yo me levanto por la mañana para eso», proclamó durante la recogida del premio.

El dibujante terminó fijándose en la propia estatuilla y en la cruz que se reconoce dentro de la estrella. Para Fano, esa forma resume el sentido último del premio: «Nuestra luz es Jesucristo. Él es quien nos mueve y nosotros somos cauces de su luz y de su gracia». Su intervención, entre el humor, la catequesis y la denuncia social, mostró en directo el mismo estilo con el que sus ilustraciones han entrado en tantas aulas y parroquias.

Siete siglos de música y educación

La Escolanía de Lluc, en Mallorca, fue reconocida en la categoría de Comunicación y Proyectos Culturales por mantener durante más de siete siglos una formación académica, musical, artística, espiritual y humanística. Sus representantes agradecieron un premio que distingue 740 años de música, cultura, tradición y humanismo cristiano. «La Escolanía tendrá muchos siglos más, si Dios quiere», afirmaron tras recordar que Mallorca también se reconoce por su patrimonio cultural y espiritual.

El galardón fue compartido simbólicamente con quienes sostuvieron la institución a lo largo de los siglos, con el Santuario de Lluc, los colegios diocesanos y las familias. «Sin ellas, este proyecto no tendría ningún sentido», señalaron. La música, añadieron, permanece viva porque educa y humaniza, une generaciones y convierte un patrimonio histórico en una experiencia presente.

La pregunta de la Escuela de Salamanca

El Premio Especial Stella 2026 recayó conjuntamente en la Universidad de Salamanca, la Universidad Pontificia de Salamanca y la Pontificia Facultad de Teología San Esteban, instituciones herederas de la Escuela de Salamanca. En el quinto centenario de la incorporación de Francisco de Vitoria a la cátedra de Prima de Teología, el CGIE reconoció un legado decisivo para la reflexión sobre la dignidad humana, la justicia, el derecho de gentes y la convivencia.

La representación de la Universidad de Salamanca recordó que maestros como Francisco de Vitoria y Domingo de Soto defendieron la dignidad de toda persona y la responsabilidad moral de quienes ejercen el poder. «La dignidad humana no se concede ni depende de ninguna condición; se reconoce y se respeta», sostuvo, antes de reclamar universidades que no se limiten a producir conocimiento, sino que formen personas críticas y comprometidas con una sociedad más justa.

El rector de la UPSA, Santiago García-Jalón de la Lama, agradeció especialmente que el premio reconozca a las tres instituciones por custodiar, estudiar y proyectar aquel legado. Sin embargo, advirtió contra la tentación de considerar que la enseñanza de la Escuela de Salamanca está completamente asumida. En el centro de su intervención colocó una pregunta todavía abierta: «¿Qué es un ser humano?».

García-Jalón recordó que esa cuestión estaba detrás de los debates sobre los derechos de los pueblos indígenas y continúa siendo plenamente actual. «La sociedad sigue preguntándose qué es un ser humano, quién es un ser humano y cuándo se empieza a ser humano», explicó. Por eso, afirmó, la Escuela de Salamanca no entrega únicamente un patrimonio adquirido, sino también «un estímulo para estudiar, investigar y seguir humanizando la sociedad«.

Por parte de la Facultad de Teología San Esteban, Manuel Ángel Martínez Juan destacó la responsabilidad que supone habitar los mismos lugares donde vivieron y enseñaron Vitoria, Melchor Cano o Domingo de Soto. Su intervención pidió no limitarse a contemplar el pasado, sino proyectar sus valores hacia el futuro y recuperar el diálogo entre quienes investigan y quienes mantienen un contacto directo con la realidad. Solo mediante esa escucha de la sociedad, concluyó, las instituciones docentes podrán responder a las grandes preguntas de nuestro tiempo.

La gala terminó regresando a la idea planteada por Alfonso Carrasco al comienzo: los Premios Stella no pretenden medir todo el bien que nace de la educación, sino ofrecer un signo público de gratitud. «Que el corazón hable al corazón y que en el encuentro misterioso de las libertades siga haciéndose verdad cada día el milagro siempre nuevo de la educación», deseó el obispo. En una noche marcada por el duelo, las primeras estrellas de estos premios dejaron una ruta común: educar sigue siendo una forma concreta de amar, servir y sostener la esperanza.

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