¿Inquieto, distraído… o simplemente aburrido? Las claves para detectar las Altas Capacidades en el aula
La pedagoga Marta García López y las psicólogas Joana Jarque y María José Herranz, explican cómo reconocer las señales, por qué se confunden tan a menudo con el TDAH o con problemas de conducta y qué pueden hacer docentes y familias.
Termina antes que nadie y luego se desconecta. Pregunta cosas que nadie espera. Se frustra con las tareas repetitivas o prefiere la compañía de los adultos a la de sus compañeros. Muchos alumnos con Altas Capacidades pasan años en el aula acumulando etiquetas como “despistado”, “vago” o “conflictivo” sin que nadie se pregunte qué hay detrás de su comportamiento.
Con el curso ya en marcha, es buen momento para mirarlos con otros ojos. Los nuevos contenidos, las nuevas exigencias y, a veces, un nuevo entorno hacen más visible la distancia entre lo que un niño puede dar y lo que el aula le ofrece. Detectarlo pronto, todavía en el primer trimestre, marca la diferencia entre un curso de retos ajustados y otro marcado por el aburrimiento, la desmotivación o incluso la ansiedad.
Para entender cómo actuar, desde MAGISTERIO hemos hablado con tres expertas de Kidactica, centro multidisciplinar para la infancia, la adolescencia y la familia, que responden de forma conjunta: su fundadora y directora, la pedagoga Marta García López, y las psicólogas sanitarias Joana Jarque y María José Herranz, especialistas en Alta Capacidad Intelectual (ACI) y miembros del equipo directivo. Las tres conocen además el tema de cerca: Marta y María José son madres de niños con ACI, y Joana también tiene ACI.
¿Por qué los primeros meses de curso son un buen momento para detectar posibles Altas Capacidades?
–Los primeros meses de curso suponen un cambio importante para cualquier alumno: aparecen nuevas exigencias, nuevos contenidos, otro ritmo de aprendizaje y, en muchos casos, un nuevo entorno. Por eso son un momento especialmente interesante para observar cómo responde cada niño ante esos retos. También es cuando se hacen más visibles las diferencias entre el potencial del alumno y lo que le ofrece el aula: una velocidad de aprendizaje muy elevada, una curiosidad constante, preguntas especialmente profundas o una frustración temprana cuando las tareas no suponen un reto suficiente.
Al final de curso, algunos comportamientos pueden confundirse con cansancio, desmotivación o falta de interés. En cambio, en estos primeros meses todavía tenemos la oportunidad de observar al niño con una mirada nueva y ver cómo aprende y cómo afronta los nuevos desafíos. Además, detectar las necesidades cuanto antes permite poner en marcha medidas de enriquecimiento o ajustes educativos durante este primer trimestre, en lugar de esperar a que pase todo un curso marcado por la desmotivación.
¿Qué señales tempranas deberían hacer sospechar a un docente o a una familia?
–Lo primero es alejarnos de los mitos y estereotipos. No existe un único perfil de niño con Altas Capacidades, y tampoco es necesario que saque buenas notas en todas las asignaturas. Hay, sin embargo, algunas señales que pueden llamar nuestra atención:
- En el ámbito cognitivo: un aprendizaje muy autónomo o precoz, un vocabulario especialmente rico, un razonamiento abstracto avanzado o una facilidad llamativa para relacionar conceptos y hacerse preguntas profundas.
- En el aula: algunos niños terminan las tareas mucho antes que sus compañeros, se desconectan cuando una actividad les parece demasiado repetitiva o muestran una necesidad constante de ir más allá de lo que se les plantea.
- En la conducta y el desarrollo: pueden preferir relacionarse con niños mayores o con adultos, mostrar una gran creatividad o plantear soluciones diferentes a las que habitualmente esperamos.
Pero hay que insistir en algo: una señal aislada no significa que un niño tenga Altas Capacidades. Lo importante es observar el conjunto y entender cómo funciona ese alumno en diferentes contextos.
¿Qué errores se cometen al confundir las Altas Capacidades con un TDAH, con las altas expectativas de los padres o con trastornos de conducta?
–El principal error, y uno de los más frecuentes, es quedarnos solo con la conducta y no preguntarnos qué hay detrás. Un niño con Altas Capacidades puede mostrarse inquieto, distraído o desconectado en clase cuando las actividades no le suponen ningún reto. Desde fuera puede parecer un problema de atención, cuando en realidad puede estar relacionado con el aburrimiento o con una falta de estimulación adecuada.
También ocurre que la familia o el entorno atribuyen ciertos aprendizajes precoces a una estimulación excesiva por parte de los padres, sin valorar que pueda existir un potencial cognitivo diferente. Y algo parecido sucede con las conductas oposicionistas o disruptivas: cuando un niño lleva mucho tiempo sintiéndose incomprendido o frustrado, puede acabar expresando ese malestar a través de su comportamiento. Si solo atendemos a la conducta, corremos el riesgo de poner una etiqueta sin haber comprendido qué necesidad hay detrás.
Por eso el contexto es fundamental. Antes de preguntarnos qué le pasa a un niño, deberíamos preguntarnos qué está viviendo y qué le estamos ofreciendo.
¿Cómo es el proceso de evaluación que seguís en Kidactica, desde la primera sospecha hasta el diagnóstico?
–Entendemos la evaluación como un proceso global. No queremos quedarnos con una cifra de CI, sino comprender cómo funciona el niño en diferentes áreas y contextos. Trabajamos desde una perspectiva clínica, neuropsicológica y sistémica, en varias fases:
- Análisis inicial y anamnesis: conocemos la historia del desarrollo del niño y recogemos las observaciones de la familia y del centro educativo.
- Evaluación psicométrica y cognitiva: utilizamos pruebas estandarizadas para valorar el funcionamiento intelectual, la creatividad, la flexibilidad cognitiva, el pensamiento divergente y las funciones ejecutivas.
- Valoración socioemocional y del estilo de aprendizaje: nos interesa saber cómo gestiona sus emociones, cómo se relaciona y cómo aprende.
- Devolución e informe integral: entregamos un informe riguroso con un perfil detallado de sus fortalezas y de las áreas en las que puede necesitar apoyo, junto con pautas concretas para el colegio y la familia.
Para nosotros, evaluar no consiste en poner una etiqueta, sino en entender mejor al niño para poder acompañarlo mejor.
Una vez identificado, ¿qué papel debería jugar el colegio en su día a día?
–Un papel fundamental. La identificación no debería quedarse en un informe: tiene que traducirse en una respuesta educativa adecuada. El objetivo no es que el niño haga más cantidad de trabajo, sino que aprenda al ritmo y con la profundidad que necesita. Para ello existen medidas como la compactación de contenidos, que evita que repita lo que ya domina, el enriquecimiento curricular, los proyectos de investigación o la flexibilización.
Pero hay otro aspecto que a veces olvidamos: el bienestar emocional. El aula debería ser un espacio seguro en el que el niño pueda mostrar cómo es y qué sabe sin sentir que tiene que esconder sus capacidades para encajar.
¿Qué protocolos existen en la Comunidad de Madrid para detectar y atender a estos alumnos? ¿Son suficientes?
–Existen procedimientos a través de los Equipos de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) y de los departamentos de orientación de los centros, dentro de las medidas de atención a la diversidad. El problema es que, en la práctica, estos recursos están muchas veces saturados. Las listas de espera pueden retrasar durante meses la identificación y, con ella, la puesta en marcha de las medidas.
Además, la aplicación de algunas medidas depende demasiado de los recursos disponibles y de la sensibilidad o formación de cada centro y equipo docente. Y esto es importante: no podemos responsabilizar a los profesores. Quieren atender a sus alumnos, pero necesitan tiempo, formación y recursos para hacerlo.
¿Qué diferencia hay entre un alumno bien atendido y uno que pasa desapercibido durante años?
–La diferencia puede ser enorme. Cuando un alumno se siente comprendido y recibe los retos que necesita, mantiene su motivación por aprender, desarrolla buenos hábitos de estudio, construye una autoestima equilibrada y aprende a gestionar la frustración a través de desafíos adecuados.
Cuando sus necesidades pasan desapercibidas, pueden aparecer problemas de motivación y un progresivo desenganche escolar. En algunos casos hay bajo rendimiento, ansiedad, depresión, fracaso escolar o camuflaje social, algo que observamos especialmente en algunas niñas. El diagnóstico tardío puede significar perder años importantes para comprender qué ocurre y ofrecer al niño las herramientas que necesita. Y hay una parte especialmente delicada: no entender por qué uno piensa, siente o aprende de una determinada manera puede generar mucho sufrimiento.
Muchas familias temen etiquetar a sus hijos. ¿Cómo abordáis esa resistencia?
–Es completamente comprensible. Por eso explicamos que un diagnóstico no debería convertirse en una etiqueta ni en un estigma. Nos gusta verlo como un mapa de carreteras: no define al niño, sino que nos ayuda a entender cómo funciona y qué puede necesitar. Identificar unas Altas Capacidades no significa decir que un niño es mejor que otro ni generar expectativas de perfección.
De hecho, muchas veces lo que más pesa no es saber que tiene Altas Capacidades, sino pasar años recibiendo etiquetas como “raro”, “vago”, “conflictivo” o “desatento” sin entender qué hay detrás. Conocer a nuestro hijo nos permite acompañarlo con más comprensión y también con menos culpa y menos sobreexigencia.
¿Cómo afecta emocionalmente a un niño no sentirse comprendido en el colegio? ¿Qué recomendáis a las familias?
–Puede generar una sensación muy profunda de soledad o de no encajar. Algunos niños llegan a pensar que hay algo malo en ellos porque perciben o viven ciertas situaciones de forma diferente a quienes les rodean. A las familias les recomendamos:
- Validar sus emociones y preocupaciones sin restarles importancia. No se trata de darle siempre la razón, sino de escucharle y hacerle saber que lo que siente tiene sentido.
- Buscar actividades fuera del colegio donde pueda encontrar niños con intereses similares y establecer relaciones significativas.
- Separar la capacidad intelectual de la madurez emocional. Que un niño razone como alguien mayor no significa que tenga que comportarse emocionalmente como un adulto. Un niño sigue siendo un niño, aunque algunas de sus capacidades cognitivas estén muy desarrolladas.
Habéis mencionado la intensidad emocional y sensorial de estos menores. ¿Qué relación hay con las Altas Capacidades?
–En algunos niños con Altas Capacidades observamos una especial intensidad al procesar ciertos estímulos y experiencias, algo que se ha relacionado con las llamadas sobreexcitabilidades descritas por Kazimierz Dabrowski. Cuando una persona procesa la información con mucha profundidad, capta matices, contradicciones o estímulos que a otras personas les pasan desapercibidos.
Esto puede traducirse en una gran empatía, una fuerte sensibilidad ante lo que consideran injusto o una vivencia muy intensa de las emociones, tanto positivas como negativas. Pero, de nuevo, no debemos convertirlo en un estereotipo: no todos los niños con Altas Capacidades son emocionalmente iguales.
Un docente sospecha que tiene un alumno con Altas Capacidades, pero no sabe cómo actuar. ¿Cuáles serían los primeros pasos?
–Lo primero es observar, y hacerlo más allá de las notas: cómo aprende, qué preguntas hace, cómo razona, qué conexiones establece y cómo responde ante un reto. A partir de ahí, recomendaríamos cuatro pasos:
- Observar sin condicionarlo a las calificaciones: un niño con Altas Capacidades no tiene por qué sacar sobresalientes en todo.
- Compartir la observación con orientación: trasladar las señales al departamento o equipo de orientación para valorar si conviene una evaluación.
- Intervenir sin esperar: mientras se realiza la valoración, ya pueden introducirse propuestas de enriquecimiento, investigación o actividades con un reto mayor.
- Trabajar con la familia: una comunicación fluida permite contrastar cómo se comporta y aprende el niño en casa y en el colegio.
Y añadiría algo más: el profesor no tiene que tener todas las respuestas. Su papel es observar, acompañar y coordinarse con orientación y con la familia. Por eso desde Kidactica Formación apostamos por una formación especializada que dé a los profesionales herramientas prácticas para detectar y acompañar estos perfiles desde el aula.
¿Qué cambiaríais del sistema educativo, y en concreto en Madrid, para mejorar la atención a estos alumnos?
–Destacaríamos cuatro cosas:
- Más formación para el profesorado. Las Altas Capacidades y la neurodiversidad deberían tener más peso en la formación docente, y los profesionales que trabajan con estos niños (docentes, psicólogos, pedagogos y psicopedagogos) deberían compartir conocimientos actualizados y herramientas prácticas. En este sentido, desde Kidactica Formación dirigimos, junto a la UDIMA, el Experto Universitario en Altas Capacidades Intelectuales, con una rama específica para profesionales de la educación y la intervención.
- Agilizar los tiempos de evaluación. En Madrid, la saturación de los equipos de orientación puede retrasar la identificación y, por tanto, la intervención.
- Facilitar las medidas educativas. Habría que simplificar la aplicación del enriquecimiento curricular o la flexibilización, para que la respuesta no dependa tanto de la burocracia o de las circunstancias de cada centro.
- Avanzar hacia un modelo preventivo. No deberíamos esperar a que aparezcan el fracaso escolar, la desmotivación o los problemas de conducta. La detección temprana debería servir, sobre todo, para potenciar las capacidades del niño y favorecer su bienestar desde el principio.
En definitiva, necesitamos pasar de un modelo que actúa cuando aparece el problema a otro que detecte, comprenda y acompañe antes de que llegue.
Para terminar, ¿qué mensaje os gustaría transmitir a docentes y familias?
–Que hablar de Altas Capacidades es hablar de niños con necesidades, emociones, fortalezas y dificultades tan diversas como las de cualquier otro niño. Y queremos compartir una primicia: este noviembre lanzamos nuestro segundo libro, Altas Capacidades Intelectuales: El libro que hubiera querido para mis padres, una guía práctica para familias. Se suma a Lo que no te contaron sobre la Alta Capacidad, dirigido sobre todo a profesionales de la educación.
Nace de nuestra práctica diaria, después de más de diez años trabajando con familias y niños en los centros Kidactica, y combina nuestra experiencia profesional con nuestra vivencia personal. Esperamos que sea ese libro que muchas familias necesitan cuando empiezan a hacerse preguntas y todavía no saben dónde buscar respuestas.
