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Una nueva ministra de Educación para afrontar los viejos retos

No sabemos lo que va a durar la legislatura (creemos que poco), pero no por ello debemos dejar de confiar en que la nueva ministra, Milagros Tolón, se dedique con más seriedad que su antecesora (no es difícil) a la decisiva tarea de mejorar nuestro sistema educativo.
Jueves, 22 de enero de 2026
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El cambio de titular en el Ministerio de Educación abre un nuevo periodo de esperanza y de nuevas expectativas en el ámbito de la educación. Bien es cierto que no sabemos lo que va a durar la legislatura (creemos que poco), pero no por ello debemos dejar de confiar en que la nueva ministra, Milagros Tolón, se dedique con más seriedad que su antecesora (no es difícil) a la decisiva tarea de mejorar nuestro sistema educativo.

Al margen de las pequeñas mejoras en la labor diaria del profesorado (ratios, burocracia, salarios, etc.) resulta clave afrontar tanto la formación inicial en las escuelas y facultades, como la continua, tan maltrecha después de años de excesiva atención a las llamadas nuevas tecnologías (ahora ya no tan nuevas). Después de años de hacer seguidismo de las corrientes impuestas por las empresas tecnológicas, ahora parece que asistimos a un proceso de desescalada de los dispositivos digitales en el aula (con permiso de la IA). Es verdad que no se puede obviar que los alumnos actuales no pueden prescindir de estos dispositivos, pero también es cierto que se tienen que poner en su sitio.

Al margen de las pequeñas mejoras en la labor diaria del profesorado resulta clave afrontar tanto la formación inicial en las escuelas y facultades como la continua

En ese sentido, programas de alfabetización o de capacitación digital en el aula tienen que ir dando paso de manera urgente a aspectos más centrados en la lectura y en otras destrezas básicas hasta ahora orilladas de la actividad lectiva. Todo ello con el apoyo de la tecnología, de acuerdo, pero solamente como medio para llegar a un objetivo preciso: la adquisición por parte de los alumnos del pensamiento crítico necesario para afrontar los complicados momentos históricos en que vivimos.

Que un alumno sepa distinguir entre el conocimiento decisivo (histórico, filosófico, literario, artístico, etc) resulta fundamental para que ahora y en el futuro tengan las capacidades imprescindibles para analizar la vida desde una perspectiva adulta y no como sujetos pasivos o marionetas del poder.

En otro tiempo se pretendió imponer la educación para la ciudadanía como elemento en principio que permitiese al alumnado discernir su papel en la sociedad, pero lamentablemente aquel intento no hizo sino imponer una visión del mundo trufada de ideología. Es más interesante, a nuestro modo de ver, que sea el propio alumno el que –guiado por su profesor– descubra en los textos históricos, filosóficos o literarios, qué o quién quiere ser en el mundo, cuál es su identidad personal, sin menospreciar su dimensión más espiritual, más allá de modas, de corrientes y de ideologías que se han demostrado del todo lesivas de la más intrínseca verdad que reside en lo más íntimo del ser humano.

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