Ocho de cada diez universitarios sufren FOMO y muestran riesgo de dependencia del móvil

El miedo a perderse algo –conocido por sus siglas en inglés FOMO (Fear of Missing Out),– se ha convertido en una experiencia cotidiana para la mayoría de los estudiantes universitarios, casi ocho de cada diez con niveles altos o moderados de esa presión emocional.
EfeLunes, 23 de febrero de 2026
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La investigación subraya que el móvil no se emplea únicamente como herramienta académica o de comunicación, sino también como un espacio para “regular emociones negativas”, combatir el aburrimiento o mantenerse al tanto de la vida social del entorno. © Cottonbro studio

Así lo demuestra una investigación reciente realizada en la Universidad de León (ULe), que alerta del fuerte vínculo entre este fenómeno psicológico y el uso problemático del teléfono móvil entre la población joven. El estudio al que ha tenido acceso Efe y recientemente publicado en la revista Human Behavior and Emerging Technologies, analiza a 542 estudiantes y concluye que más del 78% presenta niveles moderados o altos de FOMO, una sensación de inquietud o ansiedad por creer que otros viven experiencias importantes sin uno mismo.

Los investigadores Estefanía Gómez Muñoz y Roberto Baelo explican que esta presión emocional se traduce en una necesidad constante de estar conectados que, en muchos casos, acaba derivando en conductas que rozan la dependencia tecnológica. Según el trabajo, existe una correlación positiva significativa entre el miedo a perderse algo y la dependencia del móvil: a mayor FOMO, mayor es el riesgo de usar el dispositivo de manera compulsiva. De hecho, los datos muestran que este factor psicológico explica casi una cuarta parte del uso problemático de los teléfonos inteligentes entre los universitarios.

La investigación subraya que el móvil no se emplea únicamente como herramienta académica o de comunicación, sino también como un espacio para “regular emociones negativas”, combatir el aburrimiento o mantenerse al tanto de la vida social del entorno. Más de una cuarta parte de los participantes (25,5%) presentó alta dependencia digital, con niveles elevados de ansiedad cuando no pueden consultar el dispositivo, interferencias en la vida cotidiana y un tiempo prolongado de uso. Mediante análisis estadísticos avanzados, el estudio identifica tres perfiles de uso digital. Por un lado, están los usuarios funcionales: alrededor del 35%, con baja ansiedad social digital y un uso equilibrado del móvil.

Por su parte, los usuarios altamente implicados –el 22,7%– combinan un FOMO muy elevado con la fuerte dependencia del teléfono. Es el grupo más vulnerable. Y, en tercer lugar, figuran los usuarios intermedios: el 42,6%, que muestran niveles moderados y podrían evolucionar hacia comportamientos más problemáticos si aumenta la presión académica o social. Los autores recomiendan prestar especial atención al segundo y tercer perfil, al considerarlos colectivos prioritarios para acciones de prevención en entornos universitarios.

A diferencia de investigaciones previas, este trabajo no detecta diferencias significativas entre hombres y mujeres, lo que podría apuntar a una homogeneización de los hábitos digitales en las generaciones más jóvenes. Sí se observa, sin embargo, que los estudiantes más jóvenes muestran una dependencia algo mayor del móvil. Aunque el uso problemático del móvil no está reconocido oficialmente como trastorno clínico, los autores recuerdan que su impacto emocional y académico es real.

En España, distintas instituciones ya han alertado del incremento de la ansiedad asociada a la hiperconexión y del aumento del tiempo de pantalla diario entre los jóvenes. El equipo leonés destaca la necesidad de que universidades y centros educativos integren programas de alfabetización digital emocional, orientados a mejorar la regulación emocional, promover hábitos de uso equilibrado del teléfono, y reducir la presión por la disponibilidad permanente en redes y plataformas académicas.

«El FOMO no es solo un fenómeno tecnológico, sino un reflejo de cómo las dinámicas sociales y emocionales de la era digital afectan a los jóvenes», señalan los autores, que abogan por considerar este indicador como «una señal de alerta temprana» para prevenir problemas mayores de bienestar mental.

El estudio, financiado a través del programa CRUE/BUCLE, se enmarca en la creciente investigación sobre la salud digital en España y sitúa a la Universidad de León en la vanguardia del análisis sobre los efectos psicológicos de la hiperconectividad.

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