CSIF pide el cierre de los centros educativos por las altas temperaturas
En un comunicado, la organización sindical explica que el aumento global de las temperaturas hace «insoportable» la estancia en cualquier lugar de la región desde prácticamente finales de abril hasta finales de octubre de cada año, pero en esta ocasión los termómetros están «imposibilitando» la enseñanza. Los docentes y los alumnos están sufriendo en los centros educativos públicos «la improvisación de la Comunidad de Madrid para paliar los efectos de esta ola de calor», afirma el sindicato.
«Con medidas baratas y cosméticas, como la instalación de toldos, pérgolas o diciendo a los alumnos que se lleven a clase pulverizadores de agua, se ganan algunas décimas de grado, pero no se resuelve el problema de fondo: la falta de inversión en infraestructuras y mantenimiento de los centros educativos públicos», subraya CSIF.
Por su parte, el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, ha explicado que la institución tramita quejas de ciudadanos por las «temperaturas extremas» en las aulas, que en 2025 dieron lugar a recomendaciones, como instalar sombras en los centros y reacondicionarlos para garantizar el bienestar de la comunidad educativa. Durante su intervención en el pleno del Congreso de los Diputados para detallar las actuaciones de la institución en 2025, Gabilondo se ha referido a estas situaciones, que en las últimas semanas están generado protestas en muchas comunidades por parte de padres y miembros de la comunidad educativa ante el calentamiento de las aulas por las elevadas temperaturas. «Persisten las quejas por temperaturas extremas en las aulas escolares; se han reabierto las actuaciones ante algunas administraciones por la falta de acondicionamiento de los centros», ha señalado el defensor.
Según recoge el informe de la institución, una de las recomendaciones se dirigió a la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional de la Junta de Andalucía en noviembre de 2025. «Que se adopten las medidas necesarias para que la instalación de sombras en centros educativos no se dilate más de un año y los centros puedan estar correctamente preparados para afrontar las altas temperaturas de modo que se garantice el bienestar de los alumnos y de toda la comunidad educativa», propone la institución.
En su exposición también ha incidido en la falta de respuesta por parte de algunas comunidades ante la petición que formuló en 2023 de los datos de casos de explotación sexual de menores tutelados para emitir una resolución. Ha recordado que han remitido: Aragón, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Comunidad Valenciana, Extremadura, La Rioja, Murcia, Melilla y Navarra, así como las diputaciones forales vascas de Araba, Vizcaya y Guipúzcoa y los conselles insulares de Ibiza, Mallorca y Menorca.
Cómo afectan las altas temperaturas al rendimiento
La evidencia acumulada ya no describe el calor en el aula como una molestia pasajera, sino como un factor que condiciona la atención y el aprendizaje. El trabajo de Harvard Kennedy School, basado en 10 millones de estudiantes que repitieron el PSAT, concluye que los días escolares más calurosos reducen el aprendizaje y que, sin aire acondicionado, cada aumento de 1 °F en la temperatura media del curso se asocia con cerca de un 1 % menos de lo aprendido ese año.
El estudio también subraya que el impacto es más duro en el alumnado de rentas bajas y en minorías, lo que convierte el problema térmico en una cuestión de equidad educativa y no solo de confort. En otras palabras: el calor no afecta a todos por igual, y sus efectos se amplifican allí donde la infraestructura escolar es más frágil.
Un ensayo realizado en aulas de primaria de Costa Rica encontró que bajar unos 5 °C la temperatura mejoró la sensación térmica y elevó el rendimiento de los niños en tareas de lenguaje y pensamiento lógico. El efecto fue especialmente visible entre los alumnos menos capaces, un dato que refuerza la idea de que el entorno físico sí modifica el desempeño inmediato.
La dimensión del fenómeno ya es continental. El observatorio europeo de clima y salud calcula que alrededor de 16.000 escuelas, un 5 % del total europeo, ya sufren días por encima de 30 °C durante el curso; para 2050 esa cifra subiría a unas 31.500. Además, más de 900.000 alumnos vieron interrumpida su educación por las olas de calor en 2024. En el caso de España, el mismo observatorio advierte de que, a final de siglo, algunas zonas podrían registrar hasta 34 días por encima de 30 °C fuera del periodo vacacional de verano.
UNICEF insiste en la misma dirección. En su análisis de 2026 sobre el impacto de las temperaturas crecientes en la educación, el organismo describe una cadena de efectos que incluye fatiga térmica, deshidratación, dolores de cabeza y peor sueño, todos ellos capaces de reducir la concentración, la memoria, la asistencia y el rendimiento. En su caso de estudio sobre Etiopía, el informe añade que el desempeño empieza a deteriorarse por encima de los 27 °C y que 10 días extra de calor intenso pueden recortar en torno a un 2,3 % el rendimiento medio anual.
UNICEF recomienda mejorar la ventilación y refrigeración de las aulas, priorizar soluciones pasivas, ajustar los horarios para evitar las horas de máximo calor y medir de forma continua las condiciones térmicas. El observatorio europeo, por su parte, pide una adaptación urgente de los edificios escolares y sugiere incluso rec y el calendario de las vacaciones de verano en función de la nueva realidad climática.
Por lo demás, es la historia de todos los años. Magisterio ya abordó el cierre del curso pasado bajo temperaturas extremas en este reportaje, una referencia útil (disculpen la ironía) para seguir el debate en España el curso que viene y siguientes.