Javier Lorente: “Los jóvenes están más dispuestos a apoyar un régimen autoritario”
El politólogo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coautor del informe ‘Jóvenes españoles 2026’ de la Fundación SM alerta de que el apoyo juvenil a la democracia como sistema ha bajado del 90% a cerca del 70%.
Javier Lorente, politólogo de la URJC y coautor del informe ‘Jóvenes españoles 2026’ de la Fundación SM.
Las elecciones generales del 29 de noviembre llegan con el voto joven como una de las grandes incógnitas. Pedro Sánchez, actual presidente del Gobierno, las convocó tras el rechazo en el Congreso de los decretos de vivienda del Gobierno de España, uno de los asuntos que más preocupan a los jóvenes. Y es precisamente entre ellos donde los sondeos detectan uno de los cambios más llamativos: los barómetros sitúan a Vox en torno al 26% de la intención de voto entre los menores de 25 años y apuntan a un aumento de su apoyo también entre las mujeres de 18 a 44 años.
El cambio va más allá de las urnas y, en ocasiones, se hace visible en la calle. El pasado 12 de octubre, un grupo de personas, muchas de ellas jóvenes, se concentró con saludos fascistas y cánticos junto a la acampada por la vivienda de la Puerta del Sol, en una jornada que terminó con al menos cinco detenidos y un policía herido. El informe Jóvenes españoles 2026, publicado en abril por la Fundación SM, describe una generación que se ha movido hacia la derecha en los últimos cinco años y cuyo apoyo a la democracia como sistema ha caído de más del 90% a cerca del 70%.
Hablamos con Javier Lorente Fontaneda, profesor de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y uno de los autores del informe, para entender estos profundos cambios y de dónde vienen.
El informe Jóvenes españoles 2026 se publicó en abril. Desde entonces, los barómetros sitúan a Vox en torno al 26% entre los jóvenes de 18 a 24 años y cerca del 30% entre los de 25 a 34. ¿Confirman estos datos las tendencias que detectaron o apuntan a una aceleración? ¿Estamos ante un cambio generacional duradero o ante algo coyuntural?
–Es difícil saber si se ha producido una intensificación de la tendencia o no. Las encuestas muchas veces no son comparables entre sí de forma automática. Harían falta análisis más complejos para determinar si las diferencias entre ellas son realmente significativas o se deben a los vaivenes habituales de la recogida de datos. Por eso, más bien parece que nuestro informe ha detectado una pauta que es consistente con otros estudios.
Los cambios generacionales son aquellos que se prolongan en el tiempo, una vez que los jóvenes que se están socializando políticamente se hacen adultos y tienden a consolidar lo aprendido. Así, los miembros de una generación suelen compartir, más que los de otras generaciones, visiones similares en muchos ámbitos, también en lo político. Es pronto para saber si los jóvenes de hoy seguirán siendo más de derechas de lo habitual en el futuro, porque necesitaríamos observarlos a lo largo del tiempo. Pero sabemos que las actitudes políticas abstractas, como la ideología o la identificación partidista, suelen ser más duraderas. Por eso, aunque aún no hay evidencia para estar seguros, podrían esperarse efectos generacionales que vayan más allá de la coyuntura o del ciclo vital que atraviesan los jóvenes de nuestro estudio.
En Sol vimos a jóvenes con simbología franquista. ¿Refleja una tendencia de fondo o la actuación de una minoría muy movilizada?
–Las manifestaciones no suelen ser un buen termómetro de la opinión de la población general. Solo una parte reducida de la gente participa en manifestaciones al menos una vez al año: según estudios nacionales e internacionales, en torno al 20%. Ni los acampados en la Puerta del Sol representan a la juventud en su conjunto, ni tampoco los jóvenes que hacían saludos fascistas. Por eso es relevante contar con estudios con muestras representativas, porque nos permiten saber si lo que observamos refleja algo habitual o a una minoría radicalizada.
Nuestro estudio sugiere que los jóvenes se han movido más hacia la derecha que los de informes anteriores de la Fundación SM. Eso no implica necesariamente que la mayoría, o una parte importante de ellos, sea franquista o se alinee con ideas de extrema derecha. Sí podría implicar que determinados discursos tengan mejor acogida entre los jóvenes, por ejemplo, que se toleren más los símbolos franquistas, los saludos romanos o los himnos de otros tiempos. De esta forma, las minorías más radicalizadas podrían tener ahora más espacio para expresarse que en el pasado.
El informe recogía que el 68% está poco o nada satisfecho con la democracia y que el 47,4% cree que un régimen autoritario mantendría mejor la paz social, ¿es una crítica al funcionamiento del sistema o una pérdida de confianza en la democracia como tal?
–El apoyo a la democracia suele medirse en dos dimensiones. La primera, el apoyo específico, se refiere a cómo se valoran los resultados del sistema democrático: ¿sirve o no para resolver los problemas cotidianos? Este indicador ha dado históricamente malos resultados. Muchos españoles están descontentos con la democracia, y eso no los ha hecho menos demócratas; simplemente, les gustaría que las cosas funcionaran mejor.
La segunda, el apoyo difuso, es la que sí resulta más preocupante, porque se refiere al apoyo a la democracia como régimen, como sistema político. Los españoles han tenido habitualmente niveles de apoyo superiores al 85%, y quienes preferían un régimen autoritario eran una clara minoría. Entre los jóvenes, el apoyo a la democracia era aún mayor y superaba históricamente el 90%. El cambio que muestra nuestro informe, y que confirman otros estudios, es que los jóvenes están más dispuestos a apoyar eventualmente un régimen autoritario. El apoyo a la democracia como sistema ha bajado a cerca del 70%, y esto sí es un problema. Supondría una pérdida de confianza en la democracia misma y que la tentación autoritaria puede rondar entre los jóvenes.
A diferencia de la satisfacción con la democracia, el apoyo difuso sí está correlacionado con la ideología: según nuestro informe, cuanto más a la derecha, menos apoyo a la democracia. Esto es coherente con el giro ideológico a la derecha que observamos, con la intención de voto a partidos de derecha radical que comentábamos antes y con manifestaciones en las que los jóvenes exhiben símbolos de extrema derecha.
Según el último barómetro del CIS, el 76% de los españoles quiere que el Estado intervenga en el mercado de la vivienda, mientras crece entre los jóvenes una opción que propone desregular. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción?
–Sabemos desde hace décadas que la ideología funciona como un pegamento actitudinal. Los ciudadanos desarrollan sus posiciones sobre distintos temas tomando la ideología como referencia y las ordenan para que encajen con los principios que esta propone. Si los jóvenes giran a la derecha, es esperable que se muevan hacia posturas desregulatorias. También podríamos empezar a observar, y esto es una mera hipótesis, posiciones más conservadoras sobre políticas que los jóvenes apoyaban masivamente, como los derechos LGTBIQ+. En algunas encuestas comparadas en Europa ya se perciben cambios en este sentido.
Vox crece unos 8 puntos en los hogares con menos de 1.100 euros al mes. Los acampados de Sol y quienes fueron a increparlos comparten, en cierto modo, el mismo malestar. ¿Por qué se canaliza en direcciones tan opuestas?
–Puede estar influyendo un efecto conocido como “regresión a la media”. Cuando un partido crece y se coloca entre los más votados, su apoyo suele volverse transversal: cada vez más gente de distintos orígenes y posiciones sociales acaba votándolo. A Vox le iba regular entre las clases populares, así que tiene sentido que su crecimiento reciente sea más fuerte en ese estrato social. Probablemente, todo el electorado español comparte la demanda de mejores políticas de vivienda, pero las soluciones que se proponen varían, y también los culpables que se señalan. Eso podría explicar perfectamente cómo se canaliza ese malestar.
El nivel educativo y la clase social son indicadores que suelen funcionar de forma parecida y que se solapan mucho. En principio, entre personas de la misma clase social, un mayor nivel educativo suele asociarse con menos apoyo a los partidos de derecha radical. En España, al menos hasta las últimas elecciones, las clases populares votaban menos a Vox que otros niveles educativos. En nuestro informe se ve claramente que el nivel educativo reduce la probabilidad de situarse en la derecha y la extrema derecha, y que los universitarios se definen significativamente más como de extrema izquierda.
El informe situaba el giro conservador sobre todo en los varones jóvenes, pero los análisis recientes del CIS indican que el apoyo a Vox casi se ha duplicado desde 2023 entre las mujeres de 18 a 44 años. ¿Se está cerrando la brecha de género o conviene distinguir entre actitudes y voto?
–Es una buena pregunta para la que aún no tenemos una buena respuesta. Sabemos que, en términos comparados, las mujeres votan sensiblemente menos a partidos de derecha radical. Ocurre en todos los países, desde Estados Unidos hasta Suecia, pasando por Portugal, Francia, Alemania o España. Algunos estudios también observan que entre los hombres y las mujeres más jóvenes hay una importante brecha ideológica, que se va cerrando poco a poco porque ellas convergen con ellos y se mueven algo más a la derecha.
Sin embargo, nuestro estudio solo confirma la pauta de la brecha ideológica de género entre los jóvenes, con ellos más a la derecha y ellas más a la izquierda, y no nos permite confirmar los análisis del CIS. Insisto en que el efecto de regresión a la media puede hacer que un partido en crecimiento electoral crezca más en los grupos sociales donde antes tenía menos apoyo, porque le resulta difícil crecer en los que ya lo apoyaban.
La idea de que nadie cría a los hijos como las mujeres también crece entre ellas, del 17,5% al 45,1% desde 2021. ¿Ayuda esta retradicionalización a entender el aumento del voto conservador femenino?
–Es algo que se está estudiando. Es posible que la difusión de ideas tradicionales sobre la crianza y otros asuntos esté teniendo éxito entre las jóvenes, igual que otros discursos sobre el género lo tuvieron antes entre los varones. Hay quienes sostienen que el giro a la derecha de los jóvenes se explica menos por el malestar que por los efectos de determinadas estrategias de comunicación en redes sociales y por la difusión de discursos que encajan con la propuesta de los partidos de derecha radical. Si es así, podría estar ocurriendo lo mismo entre las mujeres. Pero necesitamos estudiarlo más para llegar a conclusiones que no sean meras hipótesis.
Hay quienes sostienen que el giro a la derecha de los jóvenes se explica menos por el malestar que por los efectos de determinadas estrategias de comunicación en redes sociales y la difusión de discursos que encajan con la propuesta de los partidos de derecha radical
"Los jóvenes que se declaran católicos han pasado del 31,6% al 45% entre 2020 y 2025. ¿Es un retorno de la fe, un marcador de identidad o una búsqueda de comunidad?
–En el estudio se ve que los jóvenes son más religiosos, pero también más eclécticos en sus creencias espirituales. Esto podría indicar que la fe sigue siendo un recurso identitario, aunque también podría estar alineado con el giro conservador. Sabemos que la religiosidad y la ideología están íntimamente unidas, sobre todo en España. Si la ideología es ese pegamento del que hablábamos antes, quizá también esté llevando a los jóvenes a recuperar creencias arraigadas en la historia y la tradición de nuestro país, en línea con una interpretación más conservadora de la sociedad.
En una campaña que se libra en buena medida en redes sociales, ¿cómo ha cambiado el peso de la familia, la escuela y el entorno digital en la socialización política de los jóvenes?
–Aquí también hay dudas, no tanto por el entorno digital y las redes sociales como por los nuevos dispositivos. La familia ha sido, y sigue siendo, el principal agente de socialización política, y sigue transmitiendo con éxito la ideología, la identificación partidista y otras actitudes políticas. Según los estudios sobre socialización política, la escuela, que normalmente elige la familia, tiene mucho menos peso, salvo cuando refuerza lo que se aprende en casa.
Los medios de comunicación también solían ser poco importantes, porque estaban mediados por la familia: es ella la que elige la radio que se escucha en el coche, la televisión que se ve en casa o el periódico que entra en el hogar. Los smartphones, en cambio, permiten un consumo mucho más privado y menos condicionado por la influencia familiar. Por eso es esperable que el entorno digital sea más influyente. El consumo es mucho más individual, y los jóvenes se exponen a mensajes que ni siquiera eligen ellos, sino los algoritmos y otras técnicas.
Las consignas sobre Ceuta en Sol y el debate sobre la llamada prioridad nacional sitúan la inmigración en el centro. ¿Qué papel juega como explicación del malestar juvenil?
–Los jóvenes han tenido tradicionalmente posiciones más favorables a la inmigración que otros grupos de edad. En nuestro estudio, solucionar la inmigración irregular es su quinta prioridad, a escasas décimas de la cuarta. Esto sugiere, de nuevo, que el giro a la derecha puede estar modificando sus actitudes hacia la inmigración.
Damos por hecho que los jóvenes sufren malestar y descontento. Y es cierto que hay indicadores que muestran que algunas de sus condiciones empeoran y que viven una crisis de expectativas. Pero es más difícil asumir, y creo que con los datos que tenemos no se debe, que los cambios actitudinales, políticos e ideológicos de la juventud se deban simplemente al malestar. Suelen darse dos explicaciones. Una se basa en el enfado por una mala situación, es decir, de abajo hacia arriba. La otra se basa en la capacidad de las élites políticas y sociales para promover discursos alternativos y cambiar la forma en que los jóvenes se relacionan con la política, de arriba hacia abajo. A veces ambas van de la mano, pero sus efectos pueden ser muy distintos.
La inmigración o la crisis de Ceuta son conflictos que suelen quedar lejos de la juventud en general, salvo, claro está, de la población ceutí, que lo vive de primera mano. Por eso es difícil interpretar cualquier discurso sobre esta cuestión como un enfado por una mala situación que les afecta directamente. Parece encajar más en la explicación de arriba hacia abajo.
De cara al 29 de noviembre, ¿qué medidas en vivienda, empleo o educación cívica tienen más evidencia para recuperar la confianza de los jóvenes en la democracia?
–Los datos de nuestro informe no permiten mucho optimismo en este sentido. El indicador que mide cómo funciona la democracia, qué políticas produce y cómo resuelve los problemas no está tan mal si lo comparamos con estudios anteriores: sí, hay muchos jóvenes insatisfechos, pero no son una cifra enorme. Lo que baja es el apoyo a la democracia en sí, como modelo de organización política. Y ese indicador no depende de los resultados, sino de considerar la democracia como un modelo más justo, que representa valores de libertad que no pueden desarrollarse en absoluto en un régimen autoritario.
La educación cívica podría ser una solución, aunque algunos estudios no han encontrado que sea clave para mejorar las competencias cívicas de las personas, y menos aún para vincularlas afectiva o racionalmente con el sistema democrático. En todo caso, merece la pena poner todos los medios para recordar lo obvio: la democracia, con todos los peros que se le puedan poner, es mejor que un régimen autoritario.
La educación cívica podría ser una solución, aunque algunos estudios no han encontrado que sea clave para mejorar las competencias cívicas de las personas, y menos aún para vincularlas afectiva o racionalmente con el sistema democrático
"Para cerrar, ¿qué datos del informe o de los sondeos actuales permiten una lectura menos pesimista?
–Hay muchos datos que matizan el pesimismo de mis respuestas. Estamos hablando de que los jóvenes han girado a la derecha, pero la mayoría siguen siendo moderados, de centroizquierda, centro o centroderecha. La mayoría sigue apoyando decididamente la democracia y confía en las instituciones, y muchos jóvenes participan tanto en entidades sociales como en acciones políticas.
Lo más optimista del informe es, y permítaseme la reivindicación, contar con un informe como este. Nos permite diagnosticar con rigor los cambios, anticiparnos antes de que sean irreversibles, llevar al debate público que hay cosas que no van bien y buscar soluciones desde distintos ámbitos académicos y de la sociedad civil.





