“Este mundo es una escuela y las relaciones son la universidad”

El escritor, educador y psicólogo brasileño Sri Prem Baba nos da algunas claves para recuperar las habilidades emocionales perdidas por los niños en la edad adulta. Baba ha sido el impulsor en Brasil de un plan educativo para alumnos y profesores.
Manuel CarmonaViernes, 31 de agosto de 2018
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Me encuentro con el escritor, educador y psicólogo brasileño Sri Prem Baba en un acogedor hotel madrileño; ha venido a Europa a promocionar su nuevo libro Propósito (Random House Mondadori) y a impartir talleres de formación y espirituales. Esta obra lleva vendidos más de 200.000 ejemplares en Brasil y Portugal, y pronto se espera su edición en inglés, que se lanzará desde Los Ángeles.

Prem Baba se sienta en posición budista, vestido de blanco, y se expresa con claridad y convencimiento. Se toma su tiempo para meditar cada respuesta. Los ojos le brillan y transmiten ilusión: como la que hay en el nuevo Plan Educativo para Brasil. Este programa ayudará a desarrollar las capacidades socioemocionales de estudiantes y profesores; la formación y práctica en derechos humanos; y el descubrimiento de la vocación y del sentido de la vida.

¿Qué valentía hay que desarrollar para ser uno mismo y recorrer caminos desconocidos?
Considero que para rescatar el “quién eres y el qué viniste a hacer aquí”, hay que recorrer caminos poco recorridos y desconocidos todavía porque con el tiempo nos distanciamos tanto de nosotros mismos como de nuestra casa, es como si estuviésemos en un universo totalmente desconocido. Hay que seguir un camino desconocido para conectar con nosotros mismos y nuestra propia casa.

¿Cómo se descubren los proyectos de vida que según usted están en el alma como el ADN?
Tengo dicho que todos vinimos a este mundo con un propósito que ha de ser realizado. La gran mayoría acaba haciendo y perdiéndose de ese camino. En un momento de la infancia, durante la crianza, ocurre el preguntarse “qué voy a hacer”. A través del juego, de las personas que se admira, de las personas que laten como héroes, la persona comienza a manifestar señales de lo que quiere hacer, pero normalmente no es incentivada. Además, una de las principales creencias es que la felicidad está afuera y que puede ser comprada. Y eso acaba muchas veces haciendo que los niños sean desviados del camino. Hay que trabajar para recordar el propósito que vinimos a hacer y superar esas tesis de esas creencias erróneas.

Uno de los problemas mundiales hoy es la soledad de los adultos. ¿Cómo sanar esa desconexión con el otro y volver a relacionarse con la nobleza del niño que fuimos?
Para mí este mundo es una escuela, y las relaciones son la universidad, hemos de ver este planeta como una escuela de relaciones. Hemos fracasado en ese estudio, en ese proyecto. Estamos constantemente tirándonos golpes bajos porque no-sotros nos relacionamos de una forma muy autodestructiva, atados a un círculo vicioso de sadomasoquismo, aprendemos a machacar y a automachacarnos. En contra de eso está la soledad, el aislamiento, que es un mecanismo de protección, de autodefensa, para evitar entrar en contacto con esa voz herida. Tenemos que tener coraje y mecanismos de defensa para superar eso. Necesitamos cuidar esos dolores que tenemos. Yo digo que la respuesta para ese test evolutivo es el autoconocimiento. Y a través de un trabajo serio y profundo de autoconocimiento hemos de conseguir romper con esa soledad y volver a relacionarnos con el otro de una manera constructiva y positiva, que es la que necesitamos para evolucionar como raza humana, para que podamos alcanzar un nuevo estado evolutivo y un nuevo pacto. Hemos de pasar esa prueba de relacionarnos en positivo.

¿Cómo enseñamos a niños y jóvenes a rebelarse frente a mensajes de familiares, amigos, medios de comunicación y sociedad, de que renuncie a sus razones de vida?
Tengo puesta bastante atención y energía en una renovación de la base curricular, porque resulta fundamental. Creo que la persona, cuando llega a la escuela, desde las primeras nociones está completamente abierta y receptiva, y si tengo el apoyo de la sociedad y de la familia, es una oportunidad de resignificar todo lo que voy a recibir en casa y en la cultura. En ese momento debemos conducir y ofrecer un programa educativo que incluya valores humanos, que ilumine el propósito personal, que incluya respetar la sabiduría innata de los niños. Con certeza vamos a conseguir iniciar un cambio de cultura, un cambio de conciencia, eso pienso va a tardar unas décadas, ahora es el inicio.

Por ejemplo, hemos conseguido por ley en Brasil que a partir de 2019 todas las escuelas públicas y privadas tengan un currículo para aprender las habilidades socioemocionales. 53 millones de niños y tres millones de educadores se verán beneficiados, y van a entender qué significa para sus vidas el autoconocimiento o qué supone aplicar las habilidades socioemocionales. Es un primer paso de muchos que se necesitan dar contando con la participación de la familia. También tenemos que involucrar a los sistemas de comunicación y especialmente a la industria del entretenimiento, para que ella entienda eso y se involucre con ese cambio cultural. Es la única manera de que creemos una cultura de paz y prosperidad.

Supone eso ayudar a las personas a desarrollar sus emo­ciones y a relacionarse con los otros como hijos, padres, amigos, vecinos… Y si le he entendido bien, eso implica que la propia cultura del entretenimiento nos ofrezca y desarrolle otro tipo de contenidos.
Exactamente, porque hoy la industria del entretenimiento es uno de los principales instrumentos de robotización, de incentivar un miedo u otro, o la soledad. Estamos sedientos de un cambio de conciencia, esa revolución de la conciencia está comenzando.

La crisis que vive la familia en nuestro tiempo, ¿cómo se puede afrontar?
Buscando recursos y conocimientos, porque hoy ya existen múltiples metodologías, hay un gran caudal de conocimientos y solo es necesario cómo comunicarlo. Conseguir abrirse a nuevos métodos para los niños que manifiesten y superen sentimientos negativos como la rabia, envidia o sumisión. Tenemos una tendencia a repetir conocimiento antiguo que impide que la intimidad de los niños sea sana, y que el diferente no evolucione. Y con eso simplemente vamos repitiendo un mismo patrón de condicionamiento mental mediante la expresión y la represión.

Hay un conocimiento profundo disponible para las familias, para los educadores. Por ejemplo este libro Propósito es una contribución para ellos porque tenemos la certeza de que les vamos a ayudar a la crianza de sus hijos con propósitos sanos y bellos. En el momento en que tomamos conciencia de la dimensión del sufrimiento que le estamos causando a los niños y jóvenes por estar alejados de su propósitos, inevitablemente vamos a cambiar los métodos de la crianza.

¿Cómo reenseñamos a los adultos para que vuelvan a convivir en libertad?
He sugerido trabajar el interior con dos pilares: meditación y autoconocimiento. Meditación porque nos permite comprender lo que nos ocurre, es un volverse hacia dentro, porque estamos condicionamos por lo de fuera. Pensamos que las respuestas a nuestras preguntas están fuera de nosotros, y eso es un gran equívoco, fruto de una visión materialista que ha influido a nuestra visión de la humanidad. Eso hace que seamos como un árbol seco y que pongamos límites a nuestro crecimiento como personas. Al mirar adentro, estamos empezando a cambiar el interior, y a tomar distancia con lo de fuera. Es fundamental ese proceso de autorrenacimiento: aprender a iniciar las emociones, aprender a dominar la mente, aprender a usar los recursos internos potenciales más profundos y mejores como la creatividad o la inteligencia, y al servicio de la evolución y de un buen destino.

Y un segundo método es el autoconocimiento: quién soy, a lidiar con aspectos como por ejemplo: “quiero tomar una dirección a derecha o izquierda”. O “quiero tener una vida amorosa saludable”, “prometo quererme con mi esposa y mi hijo”, pero acabo haciendo lo opuesto, acabo engañándoles, faltándoles el respeto, ¿por qué? Porque no me conozco, existen aspectos de la personalidad que provocan una rebeldía de la voluntad, de la conciencia. Entonces nos conducimos por impulsos inconscientes, por eso es tan fundamental el autoconocimiento, para que podamos llegar a redes de nuestra vida y de nuestro destino.

Vivimos en una época en que se promueven muchos cambios y muy acelerados. ¿Qué influencia están teniendo sobre la felicidad cotidiana que radica en aquello que permanece?
Están influyendo totalmente. Somos infelices desde hace mucho tiempo pero no somos conscientes de eso. Nos engañábamos fácilmente y en el actual ciclo del tiempo, especialmente por la tecnologías de la información y de las redes sociales, yo siento que eso está provocando un despertar y nos estamos insertando en otra sensibilidad. Algunos están percibiendo cuánto odio, egoísmo, avaricia, cuánto ego está presente en nuestras vidas a través de las redes sociales. Es una fase delicada porque puede generar desesperación. Hay tantos casos de suicidios, de depresión, de ansiedades. La de­presión fue considerada la dolencia mayor del siglo XX y ya es de nuevo la dolencia principal del siglo XXI. Los métodos antidepresivos son los más vendidos del mundo, pero no tenemos conciencia de eso. Pero ahora estamos dándonos cuenta por las tecnologías de la información que cada 40 segundos una persona se suicida en el mundo. Nos estamos acordando de cómo salir de esa oscuridad y de abrirnos a una luz que cambie esas dinámicas. Es el inicio de una revolución de conciencia de la humanidad, como la revolución cognitiva que pasó hace 70.000 años cuando se desarrollaron algunas capacidades específicas para conseguir continuar con su proceso evolutivo: cooperación y colaboración para seguir sobreviviendo. Ahora son necesarias otras capacidades que fomenten esa cooperación y colaboración: autorresponsabilidad, honestidad, gentileza, si queremos seguir con nuestro diario.

¿Qué hemos de hacer para superar el hábito que se practica por errónea costumbre?
Es una buena pregunta. ¿Cómo romper la atracción gravitacional de los condicionamientos mentales? Porque eso es un muy importante. ¿Cómo logro romper con las mecanicidades que me hacen caer repetidamente en un mismo error? Ten una metodología para eso. El primer paso es tomar conciencia de esa repetición. En cuanto seamos conscientes de que existe una repetición que es un patrón condicionado que me eleva al sufrimiento, cuando una persona se siente cansada por sufrir por estar en esa vorágine, comienza a desarrollar el sentido del respeto. Comienza ese proceso de autoinvestigación para comprender la causa. Y es así como acontece en el plano físico: si tengo un dolor de cabeza que se repite, tenemos que conocer la causa de ese dolor que se repite. Es un nivel más sutil y subjetivo, porque el hábito hace dependiente a la persona de lo financiero. En cambio, cuando la persona tiene una vida financiera tranquila, todo va mejor. El problema es cuando la persona gasta más de lo que recibe. O en la salud, todo va bien, tiene energía, vitalidad, pero si come mal porque no hace los ejercicios que precisa hacer, es porque existen causas sutiles que no conoce.

¿Cómo cambiar esos malos hábitos a partir de la neurociencia y con la participación del profesorado?
Tenemos metodologías y programas para adultos y niños con una base científica sólida. Por ejemplo, el Programa Floreciendo para las escuelas de Brasil, que aplica la meditación para los niños, les das confianza. Con esa base científica se entiende la relación que hay con el cerebro, con el sistema nervioso, por qué el cerebro actúa de una manera concreta. Cómo es necesario activarlo para promover la concentración, el cambio de hábitos, la creatividad. Todo eso está mapeado. Y es el mismo programa que provoca el cambio en los adultos, en sus emociones, su sufrimiento se transforma. Pero también la psicología, la neurociencia y una serie de elementos que explican cómo cambiar el comportamiento.

Tu reflexión es una necesidad universal.
Es universal esa necesidad y cada país tiene desafíos específicos. Ahora, el denominador común es esa necesidad de superar ese estado de soledad, de superar el egoísmo y cambiarlo por un auténtico altruismo. Cada país y ciudad tiene un desafío específico.

 

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