Un artículo de 'Nature' muestra los beneficios de la mentalidad de crecimiento

Una investigación con una muestra de 12.500 estudiantes de 14/15 años en EEUU refleja que el rendimiento aumenta, sobre todo en Matemáticas y en Ciencias y sobre todo en los más rezagados.
RedacciónMartes, 13 de agosto de 2019
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Las ciencias del comportamiento se abren paso en Educación. CHRISTIANCHAN

Un estudio publicado en la revista Nature recoge la mayor investigación hasta la fecha sobre cómo trabajar la mentalidad del crecimiento con los alumnos puede mejorar su rendimiento académico. Lo hace con una muestra de 12.500 alumnos del equivalente a 3º de ESO (14/15 años), lo que supone una noticia en sí, pues no es fácil encontrar investigaciones sobre intervenciones en la escuela basadas en las ciencias del comportamiento con muestras representativas. Los alumnos proceden de escuelas públicas de pueblos y ciudades de distintos tamaños de EEUU.

El equipo investigador procede de distintas universidades estadounidenses y en sus filas se encuentran, como no podía ser de otra manera, Angela L. Duckworth y Carol S. Dweck, dos de las voces que más han sonado en los últimos tiempos tratando de extender la idea de que la inteligencia no es una capacidad fija, innata, algo que se tiene o no se tiene. Que se puede trabajar.

La intervención

La intervención, muy sencilla, consiste en dos sesiones online de 25 minutos cada una encaminadas a fomentar la mentalidad de crecimiento, a transmitir que las capacidades intelectuales se pueden desarrollar con esfuerzo, aplicando nuevas estrategias, pidiendo ayuda.

El curso en que se aplica está muy pensado, un curso de transición en EEUU, en que sube el nivel de exigencia y los alumnos se encuentran con nuevos compañeros y profesores, un curso en que el rendimiento suele caer para no volver a recuperarse. Los problemas en esa transición en la adolescencia suelen terminar en brechas en capital humano en la edad adulta, asevera el estudio, que cita a la comisión de The Lancet que concluyó que mejorar el rendimiento en Secundaria “representa la mejor inversión en salud y bienestar” de cara al futuro.

Al grupo en que se interviene se le habla de neurociencia y, de paso, se derriban falsas creencias como que el alumno que se topa con dificultades, que ha de esforzarse o pedir ayuda, que se equivoca, es porque no es talentoso y por tanto no va a tener éxito en la vida, que es mejor hacer siempre lo que se te da bien y no empeñarse si algo te cuesta. Después se les pregunta cómo creen que se puede fortalecer el cerebro gracias al trabajo académico. Los alumnos interiorizan el mensaje, además, porque se les pide que se lo expliquen a un compañero que vaya a estar en su curso el año que viene.

En cambio, en el grupo control se habla de las funciones del cerebro sin más, sin presentárselo, como a sus compañeros, como un músculo que se hace más fuerte y más inteligente con trabajo duro, sometiéndolo a experiencias de aprendizaje que supongan un desafío.

Los resultados

El impacto de transmitir a los alumnos los preceptos de la mentalidad de crecimiento ha sido superior al esperado. El rendimiento ha aumentado, pero sobre todo en Matemáticas y Ciencias, precisamente donde más instalada está la idea de que “hay que valer”. Además, los alumnos más rezagados y disruptivos han mostrado una mayor mejora. Han sido estos últimos alumnos quienes han mostrado un mayor entusiasmo al transmitir a los que vienen detrás cómo la mentalidad de crecimiento funciona.

La mejora es sostenida en el tiempo, con alumnos que persisten si se topan con dificultades y apuestan por experiencias de aprendizaje cada vez más difíciles, con alumnos que se han aplicado lo que han aprendido en torno al cerebro y, en base a eso, se saben motivar a sí mismos y muestran un comportamiento orientado al aprendizaje. La mejora es mayor aun si sus compañeros y profesores también se han contagiado de la mentalidad del crecimiento.

El estudio, que forma parte de The National Study of Learning Mindsets es trascendente dado que las ciencias del comportamiento tienen un desafío a la hora de demostrar, mediante evaluaciones rigurosas, que las intervenciones que se basan en ellas son eficaces y escalables a la hora de mejorar el rendimiento de los alumnos.

En España, el ejemplo más cercano de trabajo con las habilidades no cognitivas (y evaluación para comprobar su impacto) es el programa Educar para Ser, desarollado por el investigador de la Universidad de Murcia Ildefonso Méndez y su equipo.

 

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