Asociación de altas capacidades, sí, pero para niños

Omar Jerez
Artista
29 de mayo de 2026
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Muchas personas me consultan sobre las asociaciones que reúnen a individuos con altas capacidades, y siempre respondo con una pregunta reflexiva: ¿qué finalidad buscan realmente en ellas? Es fundamental comprender que el impacto y la utilidad de estos espacios varían drásticamente según la edad de los usuarios, por lo que es necesario diferenciar entre las necesidades de la infancia y las de la etapa adulta.

Cuando unos padres reciben la identificación de altas capacidades en su hijo y carecen de herramientas para gestionar el proceso, una asociación especializada resulta de extrema utilidad. Estos colectivos disponen de la capacitación necesaria para orientar a las familias. Su intervención favorece que el menor se desarrolle óptimamente en el plano educativo, familiar y social. Basándome en una experiencia productiva en estos entornos, sostengo objetivamente que los niños deben ser el foco principal de atención y recursos.

En el caso de los adultos, interpreto la situación de otra manera. Es imperativo cuestionarse qué esperan encontrar en una organización de estas características: ¿amigos con sus mismos intereses? ¿un lugar en la Universidad de Harvard? ¿una solución inmediata a sus problemas financieros? Ninguna de estas expectativas se aproxima a la realidad. No afirmo que estas asociaciones no deban acoger a personas mayores de edad, pero sí sugiero ser cautelosos. Aunque ofrecen asesoramiento valioso a quien lo requiera, no funcionan como una oficina de empleo ni resuelven procesos personales.

Hoy en día, cualquier adulto que descubra su potencial intelectual puede encontrar información precisa, rigurosa y rápida realizando las búsquedas adecuadas en internet. En la práctica, los talleres, cursos y dinámicas que ofrecen estas entidades están dirigidos principalmente a menores. Los adultos, en general, participan en ellas para conversar como una vía de socialización. Si bien este intercambio entre iguales puede ser reconfortante, no debe confundirse con una solución definitiva a los desafíos profesionales o personales del día a día, los cuales dependen enteramente del autoconocimiento y la gestión individual de las propias capacidades.

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