Enguita en los Diálogos de Cofapa: “La ratio no es la solución”

Mariano Fernández Enguita ha cerrado este lunes 25 de mayo en el Espacio Bertelsmann el 48º Diálogo de Educación de Cofapa con un mensaje claro: la escuela debe asumir el cambio tecnológico con criterio, reforzar el trabajo en equipo y proteger al profesorado de la soledad, sin recurrir a prohibiciones indiscriminadas sobre el uso de la tecnología en los centros.
José Mª de MoyaLunes, 25 de mayo de 2026
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Mariano Fernández Enguita en un momento del coloquio moderado por Javier Palazón, director de Educación 3.0.

La recta final de la ponencia de Mariano Fernández Enguita, catedrático emérito y honorífico de la UCM, ha concentrado las ideas más decisivas del 48º Diálogo de Educación de Cofapa, celebrado este lunes 25 de mayo en el Espacio Bertelsmann. En ese tramo, el sociólogo ha dibujado una agenda de actuación para la escuela ante la transformación digital y ha dejado varias frases que resumieron su posición con claridad: “apuesto por el humanismo digital” y “se puede utilizar la tecnología en los colegios pero con un plan”.

El futuro escolar no pasa, a su juicio, por levantar barreras ni por asumir la tecnología como un destino automático. Enguita ha defendido que la respuesta educativa debe ser deliberada, organizada y con sentido pedagógico. En esa línea, ha insistido en que la escuela no puede funcionar como un recinto aislado del ecosistema digital, pero tampoco como un espacio sometido a la improvisación: la clave, ha dicho, es incorporar herramientas y usos tecnológicos con objetivos claros, en proyectos de centro y con acompañamiento docente. Esta reflexión conecta con debates ya presentes en el periódico Magisterio, como el que recoge bienestar docente en tiempos digitales.

La lectura sigue viva

La lectura sigue viva ha sido otra de las ideas que han marcado el cierre de su intervención. Frente a quienes auguran que la inteligencia artificial rebajará el hábito lector, Enguita ha sido tajante: “no me creo que por la IA van a dejar de leer”. Su argumento apunta a que el problema no es la desaparición de la lectura, sino el modo en que la escuela compite con un entorno más atractivo, más inmediato y más invasivo. En ese contexto, ha pedido no confundir innovación con renuncia a las prácticas culturales y escolares que sostienen el aprendizaje.

Contra las prohibiciones automáticas

En ese debate, Enguita se ha posicionado también contra las leyes que prohíben la tecnología en los colegios. A su juicio, este tipo de normas responden a una lógica simplificadora que no resuelve el problema de fondo, porque confunden el instrumento con el uso que se hace de él. El sociólogo ha defendido que una escuela moderna no debe renunciar a educar en el manejo crítico de la tecnología, sino aprender a integrarla con criterios pedagógicos, límites razonables y supervisión adulta.

“La ratio no es la solución: ¿realmente un profesor va a estar mejor con 18 alumnos que con 20?”

Para el sociólogo, prohibir por sistema no ayuda a formar ciudadanos capaces de desenvolverse en un entorno digital que ya es parte de su vida cotidiana. Más que vetos generales, ha planteado la necesidad de definir cuándo, cómo y para qué se utiliza la tecnología en el aula, con reglas claras, con planificación y con la autonomía suficiente para que cada centro adapte las medidas a su realidad.

El malestar docente y la soledad profesional

El malestar docente ha ocupado un lugar central en el turno de preguntas. Enguita ha afirmado que “el estatus relativo del docente ha caído pero eso no es un drama”, porque forma parte de un cambio social más amplio en el que la profesión ha perdido el monopolio del saber. Lo preocupante, ha matizado, no es tanto esa pérdida de centralidad como la sensación de aislamiento que experimentan muchos profesionales. “La principal fuente de malestar de docente es que está solo. La codocencia mejoraría el bienestar”, ha resumido, situando el trabajo compartido como una de las grandes palancas de mejora.

“La principal fuente de malestar de docente es que está solo. La codocencia mejoraría el bienestar”

La codocencia y el trabajo en equipo, precisamente, han aparecido como respuesta estructural frente a una escuela diseñada históricamente para un profesor y un grupo. Enguita ha defendido que la mejora no depende de convertir al docente en un héroe solitario, sino de crear equipos estables, incorporar perfiles complementarios y reorganizar los centros para que la enseñanza deje de descansar sobre una única figura. En esa misma línea, ha reclamado más flexibilidad organizativa y una arquitectura escolar capaz de adaptarse a tareas distintas sin forzar soluciones únicas.

 

La ratio no lo resuelve todo

La ratio escolar también ha entrado en el debate, y el sociólogo ha querido enfriar las expectativas sobre una medida que suele presentarse como remedio universal. “La ratio no es la solución: ¿realmente un profesor va a estar mejor con 18 alumnos que con 20?”, ha planteado, subrayando que la reducción numérica por sí sola no resuelve las dificultades del aula. Para Enguita, los recursos solo tienen sentido cuando se integran en un proyecto más amplio, con apoyos, reorganización del espacio, tiempos distintos y agrupamientos pensados para responder a necesidades concretas.

Tecnología sí, pero con criterio

En el bloque tecnológico, Enguita ha defendido que la escuela necesita criterio para decidir qué entra y qué no entra en el aula. Ha reclamado regulación, acompañamiento institucional y planificación, especialmente en el caso de los móviles y de las redes sociales, que considera herramientas potentes pero también intrusivas. Su idea final ha sido clara: la tecnología no debe ser ni un santuario prohibido ni un paquete de dispositivos sin estrategia, sino un instrumento al servicio de un modelo educativo más humano, más colaborativo y mejor organizado. Ese es, en definitiva, el sentido del “humanismo digital” que ha reivindicado ante el auditorio.

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