León XIV ante la OEI: “La tecnología puede conectar, pero es la educación la que forma”

Santa Sede, OEI y ministros de Iberoamérica debatieron este fin de semana cómo fortalecer la educación como herramienta de salud mental. En su discurso del sábado 30 de mayo de 2026, el papa León XIV pidió una respuesta educativa común ante la relación entre educación, salud mental y tecnologías digitales, y reclamó poner en el centro a la persona, la vida interior y la esperanza.
MagisterioViernes, 29 de mayo de 2026
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Reunión de ministros de Educación iberoamericanos en Roma.

Con la presencia del secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolin; del secretario ejecutivo de la OEI, Mariano Jabonero; del prefecto del Dicasterio de Cultura y Educación, cardenal José Tolentino de Mendonça; de la secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, Emilce Cuda, y los ministros de Educación iberoamericanos, se dio inicio a una jornada de trabajo en la que se debatirán estrategias regionales para enfrentar una problemática que está dejando la tasa de suicidios infanto-juveniles más alta de la historia.

En sus palabras de bienvenida, el cardenal Pietro Parolin valorizó a las familias, la educación y la justicia social como pilares fundamentales para garantizar la salud mental en particular de los niños y niñas, y destacó el compromiso de la Santa Sede al acompañar esta iniciativa. El cardenal Tolentino enfatizó la necesidad de acompañar las iniciativas que propongan acciones para convertir a las tecnologías en instrumentos de solidaridad y desarrollo humano, utilizándolas de manera ética y responsable, resguardando la vida humana.

Durante la mañana, especialistas y académicos presentaron informes de investigaciones en los que se contextualizó a la salud mental como un problema estructural y creciente y se mapeó la situación en América Latina. Frente a este diagnóstico, se destacó la importancia de los sistemas educativos para acompañar la búsqueda de sentido y construir mapas de esperanza.

Para Emilce Cuda, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina, “esta iniciativa busca construir puentes de cooperación para responder a los desafíos educativos contemporáneos y promover una educación que cuide la vida, fortalezca la convivencia y contribuya al desarrollo de los pueblos”. “La alianza entre la OEI y la Santa Sede, junto a los ministros de Educación de Iberoamérica reunidos en este taller, refleja un compromiso común: proteger y promover la salud mental de la infancia en un contexto de profunda transformación digital y ante el creciente impacto de la inteligencia artificial”, afirmó por su parte Mariano Jabonero, secretario general de la OEI.

A partir de la información compartida por especialistas y académicos, las autoridades establecerán líneas de trabajo para promover una educación capaz de integrar competencias técnicas, formación ética, cuidado de la vida interior y acompañamiento socioemocional.

En un entorno saturado de estímulos, el Papa recordó que «el alma no grita: susurra»

El papa León XIV abrió su intervención en la Sala del Consistorio con un mensaje claro: el diálogo educativo de hoy «no puede esquivar» la relación entre educación, salud mental y tecnologías digitales, uno de los retos más urgentes de este tiempo. Ante representantes iberoamericanos, agradeció la iniciativa a la Organización de Estados Iberoamericanos, a la Pontificia Comisión para América Latina y al Dicasterio para la Cultura y la Educación, y defendió la necesidad de construir juntos auténticos «mapas de esperanza».

La educación como encuentro

A partir de una imagen muy visual, el pontífice comparó la tarea educativa con los tejidos artesanales y con las constelaciones: «ningún hilo basta por sí solo», pero el entrelazado paciente crea belleza, resistencia y sentido. Desde ahí, subrayó que la educación no debe entenderse como una mera suma de competencias ni como un proyecto de individualismos aislados, sino como un arte de tejer comunión entre culturas, instituciones y personas. «La educación —vino a decir— es encuentro», en la medida en que ayuda a construir vínculos y a leer el propio horizonte vital.

En esa misma línea, el mensaje insiste en que la educación debe ayudar a cada alumno a interpretar su propia historia. El papa advirtió de que muchos jóvenes disponen de instrumentos tecnológicos cada vez más potentes, pero al mismo tiempo se enfrentan a preguntas de fondo sobre el sentido de la vida, la soledad o la fragilidad psicológica. Cuando falta orientación interior, señaló, la abundancia de recursos no evita el vacío.

Tecnología sí, pero con sentido

León XIV fue especialmente directo al denunciar el riesgo de reducir al ser humano a rendimiento, consumo o dato estadístico. Cuando la persona queda atrapada en la lógica del éxito y la competitividad, dijo, aparecen la ansiedad, el miedo a no estar a la altura y la desorientación. Por eso defendió que la salud mental no puede abordarse solo como una cuestión clínica o técnica, aunque la ciencia, la psicología y la medicina sean imprescindibles.

El pontífice añadió un matiz decisivo: la esperanza nace cuando cada persona descubre que su vida tiene valor, que es «amada, esperada y llamada a una tarea en el mundo». De ahí su apelación a incorporar al Pacto Educativo Global el cultivo de la vida interior, entendido como un camino hacia el silencio, la reflexión, las preguntas profundas y la apertura a la trascendencia. En un entorno saturado de estímulos, recordó, «el alma no grita: susurra».

Una alianza para acompañar

En el tramo final, León XIV llamó a reforzar la cooperación entre escuelas, universidades, familias, instituciones públicas, comunidades religiosas, el mundo de la cultura y el de la comunicación. «Nadie puede afrontar por sí solo retos tan complejos», afirmó, por lo que pidió trabajar unidos para ofrecer a los jóvenes referencias fiables y caminos de sentido. La tecnología, resumió, «puede conectar, pero es la educación la que forma».

Como cierre, el papa encomendó este esfuerzo a la Virgen María, modelo de educadora, para que inspire a las nuevas generaciones en la construcción de un mundo más justo y fraterno. Su discurso, en definitiva, dibuja una agenda educativa que no separa innovación y humanidad, sino que las integra bajo una misma prioridad: cuidar a la persona. En Magisterio ya se había subrayado esta idea en un artículo reciente sobre León XIV y la educación, que insistía en colocar a la persona en el centro del proceso formativo. Leer más

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