Carmen Sebrango: “La IA no te va a quitar el trabajo; te lo quitará quien la utilice mejor que tú”

La directora general de la Fundación Bertelsmann en España defendió en La Charleta educativa que elegir estudios exige equilibrar vocación, habilidades y empleabilidad. La conversación, centrada en la orientación profesional, la empleabilidad juvenil y el impacto de la IA, dejó una idea clara: cuanto antes tenga el alumnado contacto con la realidad, más certeras serán sus decisiones.
Diego MorenoMartes, 9 de junio de 2026
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La entrevista con Carmen Sebrango arrancó con una idea que atravesó toda la conversación: la elección de estudios no debería hacerse solo mirando a las salidas laborales, ni tampoco únicamente desde la vocación. La directora general de la Fundación Bertelsmann en España insistió en que el futuro académico y profesional de los jóvenes se juega en un cruce de tres factores: lo que les gusta, lo que se les da bien y lo que el mercado va a demandar. Ese fue el momento más relevante de la charla, porque condensó el espíritu de toda la entrevista: orientar mejor para decidir mejor.

La fórmula para acertar en la elección

Sebrango defendió que reducir la decisión a una sola variable es un error. Si un estudiante escoge solo por las salidas, explicó, corre el riesgo de acabar en una formación que no le motiva y que, con el tiempo, puede conducirle a la insatisfacción. Por eso habló de un “triángulo” formado por vocación, capacidades y demanda laboral. A su juicio, el objetivo no es adivinar una carrera definitiva, porque la vida profesional cambia y obliga a reinventarse, sino tomar una primera decisión con criterio y con margen para rectificar si hace falta.

La directora fue clara al subrayar que la pasión importa. No solo porque ayuda a sostener el esfuerzo del estudio, sino porque favorece un aprendizaje más profundo y una trayectoria más satisfactoria. También recordó que el mercado cambia con rapidez y que lo que hoy parece una opción segura puede no serlo dentro de unos años. De ahí que reivindicara una mirada más amplia, en la que el alumno se conozca mejor a sí mismo antes de tomar decisiones condicionadas por modas, por su entorno o por lo que ven en casa.

La orientación temprana como inversión

Uno de los ejes más sólidos de la conversación fue la orientación académico-profesional temprana. Sebrango lamentó que muchos jóvenes decidan con poca información y con escaso contacto con la realidad del mercado laboral. Según explicó, ese déficit tiene consecuencias: más dudas, más cambios de rumbo y más abandono. Frente a ello, defendió que orientar antes no solo mejora la satisfacción personal, sino que también reduce el fracaso académico y aporta más oportunidades a cada estudiante.

La responsable de la Fundación Bertelsmann puso sobre la mesa un dato económico muy contundente: el abandono universitario cuesta mil millones de euros anuales. Más allá de la cifra, insistió en el efecto que tiene una buena orientación sobre el conjunto del sistema: abre el abanico de posibilidades, ayuda a conocer mejor el propio perfil y permite elegir con más información. En esa línea, remarcó que la orientación no es un complemento, sino una necesidad real y, además, rentable.

Empresas centros y jóvenes un mismo ecosistema

Sebrango explicó que la labor de su fundación no se limita a aconsejar, sino que busca crear puentes entre centros educativos, familias y empresas. Habló de su herramienta Excellence, una metodología ya implantada en centenares de centros, con la que trabajan para diagnosticar y mejorar los procesos de orientación. La revisión constante de esa herramienta, añadió, responde a los cambios de la sociedad y a la necesidad de integrar a todos los actores del ecosistema educativo.

La entrevista también sirvió para explicar otro de los proyectos en los que trabaja la entidad: Empresas que Inspiran. A través de esta plataforma, alumnos de ESO y Bachillerato pueden acercarse a compañías reales, conocer distintos roles profesionales y escuchar a personas que trabajan en ellas. La fórmula, explicó, funciona tanto con visitas a las instalaciones como con profesionales que se desplazan a los centros. La idea es siempre la misma: que el alumnado toque realidad, vea posibilidades y entienda mejor qué hay detrás de cada ocupación.

La familia una pieza imprescindible

Otro de los asuntos centrales fue el papel de la familia. Sebrango defendió que padres y madres influyen mucho más de lo que a veces se cree en la elección de estudios. En España, recordó, el entorno familiar sigue teniendo un peso decisivo, por lo que excluirlo de la orientación sería un error. Según explicó, si la familia no tiene información, difícilmente podrá acompañar bien a sus hijos en una elección que suele hacerse en edades muy tempranas.

La directora señaló que el modelo de orientación que impulsan incorpora expresamente a las familias, precisamente porque forman parte del proceso. También explicó que su enfoque bebe del modelo Gatsby británico, adaptado a la realidad española. Para Sebrango, los padres no deben sustituir la decisión del joven, pero sí ofrecer contexto, apoyo y criterios para que esa decisión sea más madura y menos condicionada por el ruido externo.

La IA no destruye empleo cambia las reglas

La entrevista ganó intensidad cuando se abordó la inteligencia artificial. Sebrango fue tajante al afirmar que la IA no eliminará el empleo por sí sola, sino que lo hará la persona que sepa utilizarla mejor. A su juicio, la tecnología está transformando el mercado, sí, pero también está creando más oportunidades de las que destruye. Lo que cambia es el tipo de tareas y la manera de trabajar.

Puso ejemplos concretos: tareas administrativas, procesos repetitivos o funciones que aportan poco valor añadido tenderán a automatizarse. Pero, al mismo tiempo, insistió en que hay ámbitos en los que la demanda crecerá, como la tecnología, la salud, las energías renovables o la logística. El mensaje de fondo fue claro: no basta con estudiar una vez y conservar esa formación para siempre. Hay que reciclarse, aprender cada día y asumir que la adaptación forma parte del presente laboral.

Las habilidades blandas pesan más que nunca

En ese nuevo escenario, Sebrango defendió con fuerza el valor de las llamadas habilidades blandas. Para ella, las competencias técnicas siguen siendo importantes, pero ya no bastan por sí solas. Las empresas buscan personas que sepan trabajar en equipo, adaptarse al cambio, entender la cultura de la organización, manejar la presión y comunicarse bien. Es decir, perfiles con capacidad de relación, flexibilidad y actitud.

La directora de la Fundación Bertelsmann puso el acento en que la IA puede resolver tareas, pero no sustituye la empatía, la escucha o la capacidad de emocionar al otro. En su opinión, esos rasgos siguen marcando la diferencia tanto en la empresa como en la vida cotidiana. Por eso defendió que la formación actual debe cuidar no solo los conocimientos, sino también las competencias humanas que hacen posible el trabajo conjunto y la convivencia profesional.

Dobles grados másteres y prisa por acumular títulos

La conversación también dejó espacio para una reflexión crítica sobre la proliferación de dobles grados y la tendencia a prolongar la formación sin una dirección clara. Sebrango sostuvo que no hace falta acumular titulaciones por el simple hecho de hacerlo. A su juicio, lo importante es que el estudiante se forme bien en aquello que realmente le interesa, cuide su expediente, refuerce el inglés, adquiera competencias digitales y aproveche todas las oportunidades que le ofrezca su centro.

Su idea no fue desautorizar la especialización, sino recordar que un doble grado no garantiza por sí mismo más empleabilidad. Lo mismo ocurre con los másteres: algunos son necesarios y otros aportan valor si responden a una vocación concreta, pero no deberían usarse como una vía para retrasar indefinidamente la entrada en la vida laboral. La mejor manera de decidir, insistió, sigue siendo tocar realidad cuanto antes.

Una universidad que debe adaptarse

Sebrango no negó el papel de la universidad, pero sí reclamó cambios para que responda mejor al ritmo actual. Consideró que la universidad seguirá siendo fundamental porque aporta mucho más que formación técnica, aunque debe adaptarse a las necesidades del mercado y a la velocidad con la que cambian las profesiones. También señaló que la burocracia hace muy lenta la actualización de los títulos oficiales, lo que dificulta que el sistema vaya al mismo ritmo que la innovación.

Aun así, vio oportunidades claras en la formación continua y en el aprendizaje a lo largo de la vida. Ese lifelong learning, dijo, abre una vía importante para que las universidades sigan conectadas con sus egresados y con nuevos públicos. La formación online, además, amplía el alcance y permite responder con más agilidad a un mercado en transformación.

La charla con Carmen Sebrango terminó con una convicción que resumió muy bien todo lo anterior: la orientación no es solo una ayuda para elegir carrera, sino una herramienta para construir trayectorias más felices, más flexibles y más conectadas con la realidad. En un tiempo de cambios rápidos, su mensaje fue que estudiar mejor no consiste en acertar a ciegas, sino en mirar antes, mirar más y mirar juntos.

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