Senderos de la memoria y preservación del pasado

La pérdida progresiva de la lucidez transforma la percepción de la realidad, pero también abre vías inesperadas para la empatía y el compromiso ético. A través de una exploración de la mente humana y el paisaje, se reivindican valores como el respeto intergeneracional, la dignidad en la vejez y la salvaguarda de la memoria histórica.
José Luis Abraham LópezLunes, 8 de junio de 2026
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Portada de 'El túnel' sobre un escritorio.

La vulnerabilidad que acompaña al declive cognitivo se convierte, en ocasiones, en una ventana privilegiada para analizar la esencia de la identidad y de los vínculos afectivos. En la novela El túnel, Abraham B. Yehoshua nos introduce en la vida de Zvi Luria, un ingeniero jubilado de setenta y tres años afincado en Tel Aviv a quien se le diagnostica una atrofia incipiente en el lóbulo frontal. Lejos de optar por un enfoque puramente dramático, la narrativa teje una historia donde el desconcierto y los enredos provocados por la bruma de la demencia conviven con la templanza y el instinto profesional que el protagonista se resiste a abandonar. Alentado por su esposa Dina, jefa de pediatría que enfrenta sus propias batallas de salud, Luria se incorpora como asesor voluntario y no remunerado de un joven ingeniero militar. Juntos se trasladan al desierto de Néguev para trazar una carretera secreta, un proyecto que obligará al veterano a confrontar sus crecientes limitaciones de memoria con su arraigada sabiduría técnica.

El viaje al desierto físico actúa como un reflejo del viaje interior del protagonista. En el cráter de Mitzpe Ramon surge el gran dilema de la ingeniería de la obra: la necesidad de perforar un túnel en una colina que no solo alberga restos arqueológicos de la antigua civilización nabatea del siglo tercero antes de Cristo, sino que también sirve de refugio clandestino para una familia palestina sin papeles. Esta disyuntiva arquitectónica se transforma inmediatamente en un profundo conflicto ético y humano. Mientras Luria lidia con el olvido de nombres propios y la confusión de trayectos, demuestra una claridad moral asombrosa al priorizar la protección de la vida humana y el respeto por el patrimonio histórico frente a la fría eficacia de la demolición. El túnel propuesto deja de ser una mera estructura de hormigón para convertirse en un espacio de confluencia donde la memoria colectiva y la compasión individual se entrelazan para evitar la aniquilación del otro.

La riqueza de los planteamientos de Yehoshua ofrece un abanico de posibilidades pedagógicas de gran impacto en las etapas de Bachillerato y ciclos formativos, especialmente en las materias de Filosofía, Valores Éticos e Historia. Un eje prioritario de intervención debe ser la sensibilización hacia los procesos de demencia y el envejecimiento activo. Los docentes pueden organizar talleres donde se analice cómo el entorno familiar y laboral de Luria (especialmente el apoyo de su esposa y la oportunidad de seguir sintiéndose útil) resulta determinante para retrasar el avance de la enfermedad. Se propone realizar debates sobre la importancia de integrar a los mayores en proyectos comunitarios, reconociendo que la pérdida de ciertas facultades cognitivas no anula la dignidad ni la capacidad de aportar experiencia y templanza a las nuevas generaciones.

Desde el ámbito de la educación patrimonial y los derechos humanos, el conflicto en torno a la colina nabatea es un recurso inmejorable para trabajar la ética y la responsabilidad social. Los alumnos pueden realizar un juego de rol donde asuman las posturas de los diferentes personajes de la novela: las autoridades militares que buscan la vía rápida, el joven ingeniero pragmático y la perspectiva humanista de Luria. Esta dinámica permite debatir sobre si el progreso técnico o las necesidades de seguridad justifican la destrucción de vestigios arqueológicos o el desplazamiento de poblaciones vulnerables. El objetivo es que los estudiantes comprendan que el respeto a la memoria histórica y la protección de los derechos de los refugiados son pilares fundamentales para una convivencia pacífica y justa.

Asimismo, la obra permite una provechosa conexión interdisciplinar con las asignaturas de Geografía y Biología a través del análisis de la superación en entornos hostiles. Al estudiar cómo la cultura nabatea aprendió a sobrevivir y prosperar en el desierto mediante ingeniosos sistemas de gestión del agua, los alumnos pueden reflexionar sobre la sostenibilidad y la adaptación al medio ambiente. Esta labor de investigación fomenta el rigor científico y el aprecio por las tecnologías tradicionales, conectando las lecciones del pasado con los desafíos ecológicos actuales. De este modo, la formación trasciende el aula para convertirse en una guía práctica sobre la empatía y la responsabilidad ciudadana.

Finalmente, la introspección en el mundo psíquico de Zvi Luria invita a trabajar la inteligencia emocional y la aceptación de la vulnerabilidad. Los profesores pueden sugerir la redacción de ensayos breves donde los alumnos analicen las estrategias del protagonista para mantener la calma y el sentido del humor frente a sus propios olvidos. Esta actividad promueve una madurez crítica que ayuda a los adolescentes a perder el miedo a la fragilidad humana, entendiendo que la verdadera fortaleza reside en la capacidad de abrir “túneles” de comunicación y solidaridad en medio de las tinieblas de la incertidumbre. Al concluir el proceso, el estudiante habrá aprendido que la protección de la memoria –tanto la individual que se desvanece en el cerebro como la colectiva que permanece en las ruinas del desierto– es un deber ético irrenunciable para salvaguardar nuestra propia humanidad.

Autor: A. B. Yehoshua

Editorial: Duomo Ediciones

Precio: 21,50 €

400 páginas

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