La competencia digital también consiste en saber parar

Nunca habíamos tenido tantas oportunidades para aprender, pero tampoco había sido tan fácil sentir que nunca estamos suficientemente actualizados. ¿Y si la verdadera competencia digital no consistiera en conocer todas las herramientas, sino en saber cuáles merecen realmente nuestro tiempo?
Yurena AfonsoLunes, 13 de julio de 2026
0

© ADOBE STOCK

Primer día de vacaciones. Por fin llega este momento que tantas semanas llevábamos esperando. Dejamos de escuchar ese despertador, el reloj deja de marcar el ritmo del día, y volvemos a disfrutar de pequeños gestos que durante el curso parecían imposibles. Un café tranquilo, un paseo relajado o unas páginas de ese libro que llevabas tiempo queriendo leer.

Sin embargo, esa sensación de tranquilidad dura a veces menos de lo esperado. Basta con coger el teléfono móvil para que empiecen a aparecer las recomendaciones de siempre. Un curso sobre inteligencia artificial, un webinar sobre evaluación, una nueva aplicación para organizar mejor las clases o un compañero que comparte el certificado de una formación que acaba de completar. Cinco minutos después, seguimos sentados en la misma mesa, pero algo ha cambiado. Sin apenas darnos cuenta, empieza a instalarse una sensación incómoda. ¿Estamos aprovechando el verano como deberíamos?

Es una idea que muchos docentes reconocerán. Nadie nos obliga a estudiar durante el periodo de vacaciones, y tampoco existe un examen en septiembre para comprobar si estamos a la última de las herramientas educativas. Aun así, resulta fácil sentir que descansar no basta, como si siempre hubiera algo pendiente por aprender y el verano fuera la oportunidad perfecta para ponerse al día de todo aquello para lo que no hubo tiempo durante el curso.

Cuando aprender deja de ser una elección

Nunca había sido tan fácil mantener una formación continua. Hoy en día, podemos asistir a una conferencia desde casa, acceder a cursos impartidos por especialistas de cualquier parte del mundo, o descubrir recursos educativos a un par de clics de distancia. La tecnología ha abierto puertas que hace unos años ni siquiera imaginábamos, algo que ha enriquecido enormemente nuestra profesión.

El problema no está en la abundancia de oportunidades, al contrario, es un verdadero privilegio. La dificultad aparece cuando sentimos que deberíamos aprovechar absolutamente todas esas oportunidades que se nos presentan. Siempre hay un curso más, una metodología en la que ahondar, una aplicación de la que todo el mundo parece hablar… y la sensación de no poder abarcar todo termina apareciendo casi sin hacer ruido.

Como docentes, llevamos toda la vida aprendiendo. A veces es un compañero quien nos descubre una herramienta diferente. Otras, es una pregunta inesperada de un alumno la que nos obliga a replantearnos una explicación que llevábamos años utilizando. La curiosidad siempre ha formado parte de nuestra profesión y, seguramente, sea una de las razones por las que seguimos disfrutando tanto de ella.

Sin embargo, hay una diferencia importante entre aprender movidos por la curiosidad o hacerlo por miedo a quedarnos atrás. Cuando sentimos curiosidad, disfrutamos del proceso. Descubrimos ideas nuevas, probamos recursos y aceptamos que nunca dejaremos de aprender. Cuando es el miedo quien marca el ritmo, la formación deja de ilusionarnos y empieza a convertirse en una carrera interminable en la que siempre nos quedamos atrás.

El valor de bajar el ritmo

Es cierto que, durante el curso, enlazamos clases, reuniones, tutorías, correcciones, programaciones, y decenas de pequeñas tareas que apenas dejan espacio para detenernos. Muchas jornadas terminan con la sensación de haber apagado tantos fuegos que no hemos tenido ni un momento para pensar con calma en cómo queremos enseñar.

Curiosamente, algunas de las mejores ideas aparecen cuando dejamos de buscarlas con tanta insistencia. Seguro que alguna vez has pasado días intentando mejorar una actividad sin encontrar la solución. Cambias materiales, revisas apuntes, buscas inspiración pero nada termina de convencerte. Después, llegan unos días de descanso y, mientras paseas, lees una novela o simplemente disfrutas de una tarde tranquila, aparece sin esperarlo esa idea que llevaba semanas resistiéndose.

No es casualidad. Aprender no consiste únicamente en incorporar conocimientos nuevos. También se necesita tiempo para ordenar lo que ya sabemos. Nuestro cerebro relaciona experiencias, conecta ideas y encuentra soluciones cuando dejamos de exigirle respuestas inmediatas. No es que el descanso interrumpa este proceso, sino que muchas veces es lo que lo hace posible. Quizá por eso, algunas decisiones más acertadas nacen lejos de una pantalla. Esos momentos de desconexión digital nos obligan a mirar las cosas desde otra perspectiva.

Volver con ganas

Dentro de unas semanas volveremos a abrir el ordenador, a preparar las primeras clases y a enfrentarnos a los retos que nos depara el nuevo curso. También regresarán esas propuestas de formación, las novedades tecnológicas y las invitaciones para descubrir nuevas herramientas. Todo eso seguirá formando parte de nuestra profesión y seguirá esperándonos cuando decidamos retomarlo.

Quizás ahí resida una de las claves para vivir el verano con más tranquilidad. La formación continua no consiste en intentar aprenderlo todo cuanto antes, sino en mantener una actitud abierta hacia el aprendizaje a lo largo del tiempo. Ningún docente necesita conocer cada una de las herramientas que aparecen, ni mucho menos dominarlas todas. La verdadera competencia profesional consiste en desarrollar el criterio necesario para elegir aquello que realmente aporta valor a nuestra práctica docente. Y es que aprovechar el verano también significa recuperar algo que durante el curso suele escasear: tiempo para pensar, para observar con calma y para dejar que las ideas maduren.

El descanso no nos alejará de nuestra profesión ni nos hará menos competentes digitalmente. Más bien nos devolverá a la rutina con una mirada más serena y con la energía necesaria para afrontar los nuevos retos. La tecnología seguirá avanzando. De hecho, probablemente cuando empiece septiembre ya habrá aparecido alguna herramienta nueva de la que hoy aún no hemos oído hablar, pero no hace falta correr detrás de ella. Formarse seguirá siendo importante, pero también lo será llegar a septiembre con la ilusión suficiente para seguir enseñando, y con el criterio necesario para decidir qué merece la pena realmente incorporar a nuestras aulas.

¿Y tú? ¿Cómo vives el verano como docente? ¿Lo dedicas a la formación, desconectas de la tecnología o has encontrado un equilibrio entre ambas cosas? Nos encantaría conocer tu experiencia.

0
Comentarios