Opinión
En los últimos años, hablar de educación se ha convertido en un ejercicio de melancolía colectiva. Cada vez son más las voces que idealizan un pasado que, en realidad, nunca existió del todo: “antes se estudiaba mejor”, “antes había respeto”, “antes no había pantallas”. Es una reacción humana ante la incertidumbre, pero también una trampa: la nostalgia es un refugio cómodo, sí, pero profundamente estéril para construir el futuro.
Enseñar a comprender los contenidos digitales no es una tarea opcional, sino una responsabilidad educativa urgente.
La importancia de apostar por la educación internacional desde un colegio español.
La proposición de Ley presentada por el partido en el Gobierno (Sumar) para no renovar los conciertos y para bajar aún más las ratios es la mejor muestra de que los partidos ya están en campaña preelectoral.
Si el nivel educativo se resiente, los principios morales e intelectuales que rigen la calle, se degradan. Esa degradación con la que contamos ha derivado en una sociedad burbuja donde los retoños son intocables y en la cual el centro de atención se ha de poner en el maestro y no en el deber de alumnos y progenitores.


