No podemos conformarnos con una enseñanza que prepare únicamente para el mercado laboral; necesitamos una educación transformadora, capaz de formar ciudadanos y ciudadanas comprometidos con su entorno y con el mundo.
Opinión
¿Sigue siendo la escuela un lugar cuya misión principal es la alfabetización y la redistribución cultural de aquellos que cada mañana se reúnen en un mismo espacio a escuchar algo que, por medio de un elemento llamado currículo hemos determinado como digno de ser conocido?
«El actual Máster de Formación del Profesorado tiene problemas, pero tampoco nos engañemos: un Máster habilitante nunca va a ser una elección formativa muy emocionante para nadie», afirma la autora.
El liderazgo en los entornos educativos es una de esas cuestiones que todos intuimos, pero pocas veces analizamos con la calma y la profundidad que merece. A menudo confundimos liderazgo con autoridad, como si dirigir fuera sinónimo de mandar. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad. Liderar no es imponer, es inspirar; no es exigir, es acompañar.
En una sociedad que cambia a un ritmo vertiginoso, donde la inteligencia artificial, la automatización y la incertidumbre redefinen el concepto de trabajo, educar a los niños para adaptarse, crear y resolver problemas se ha vuelto una necesidad.
Se trata de un resultado decepcionante en el contexto de los esfuerzos realizados en materia educativa durante las últimas décadas. La lista de reformas en este ámbito desde los 80 conforma una auténtica sopa de letras de leyes orgánicas: LOU, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE, LOMCE, LOMLOE, LOSU…



