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Sin gluten, por favor

Los menús a la carta están cada día más cerca. Celíacos, diabéticos y musulmanes están produciendo el cambio del menú único. Los centros se adaptan a las necesidades de sus alumnos, o en el peor de los casos, les rechazan, mientras se espera una norma que regule la situación.
Miércoles, 12 de September de 2001
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Los mimos ya no valen a la hora de la comida, la proliferación de comedores escolares hace que enseñar a los niños a comer sea también una materia a impartir en la escuela. Pero hay casos en que el no comer determinados platos no es un capricho, la intolerancia a algunos alimentos, ciertas enfermedades, o simplemente, el pertenecer a otra cultura o religión, hace que los menús escolares deban amoldarse a las particularidades de cada alumno.

Manuela Márquez, directora de la Asociación de Celíacos de Madrid, nos explica las dificultades a las que se enfrentan los padres de un niño celíaco a la hora de buscar colegio.

En primer lugar, cabe explicar que la enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten, proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno y la avena, que produce una lesión severa en el intestino. El desconocimiento existente hacia esta dolencia es, como bien aclara Manuela, “la principal causa por la que se produce el rechazo”.
Se han dado casos concretos de colegios que han rechazado a niños solo por ser celíacos, “ni siquiera les permiten matricularse en el centro”, explica la directora de la asociación.

Los principales motivos de rechazo: temor a lo desconocido, elusión de responsabilidades e ignorancia de la situación real. Tanto la asociación como los padres se encuentran de manos atadas ante tal discriminación. Manuela señala: “Si es un colegio público se pueden tomar medidas legales, pero en el caso de los centros privados no podemos hacer nada”.

Una situación injusta para los padres de niños celíacos que tan sólo desean que sus hijos sean tratados como uno más, que no se les discrimine por su intolerancia, ni se les siente a comer separados. Piden que el comedor escolar ofrezca un menú acorde con sus necesidades o, de no ser así, se les permita llevar su propia comida de casa. En cuyo caso no se les cobre más de un tercio del importe del comedor.

Pero, de lo que están seguros las asociaciones y los padres es que la solución estaría en dar una correcta información sobre este tipo de enfermedades, tanto al profesorado como a todo el personal implicado (cocineras, cuidadores, etc).

Según Manuela, mientras no exista una normativa que regule los comedores escolares en la que se tengan en cuenta este tipo de alergias o intolerancias, los padres tendrán que seguir llegando a un acuerdo con el centro para que acepten a su hijo. Este es el caso de I.R. una niña de tres años y medio cuyos padres tuvieron que escribir una carta al colegio pidiendo permiso para que ella llevará la comida de casa, porque el colegio se negaba a aceptarla en el comedor, a no ser que los padres asumieran toda la responsabilidad. Es decir, el colegio no quería tener el compromiso de velar porque que la pequeña no ingiriese algún alimento perjudicial para su salud.

Diabéticos

También los niños diabéticos se encuentran con trabas para ingresar en los colegios. Humbelina Sánchez, vocal de padres de la Sociedad Española de Diabéticos de Madrid, comentaba: “ha habido algunos centros privados que han negado la plaza a un niño por ser diabético y, ante la amenaza de darlo a conocer, han rectificado”.

“Los diabéticos no necesitan un menú especial, ni que se les siente en una mesa a parte, sólo deben prescindir de los alimentos azucarados”, explica esta madre de dos niñas diabéticas a la que la experiencia le ha demostrado que, aunque en general el personal del centro da un trato correcto a los diabéticos, existen determinadas negligencias. Ella cuenta como una anécdota el día que a su hija le dieron de postre melocotón en almíbar, a pesar de avisar en repetidas ocasiones a su profesora que no podía ingerir postres azucarados. Quizá sea esa la razón por la que sólo el 16,7 por ciento de los niños diabéticos come en el colegio.

Humbelina afirma que el temor más común de los profesores cuando tienen un niño diabético en su clase es a no saber reaccionar correctamente ante una hipoglucemia. Los diabéticos necesitan tomar azúcar en determinados momentos, los propios niños detectan esa falta y piden tomar algo dulce para remediarlo. Eso es algo que choca a los profesores. “¿Cómo le voy a dar un caramelo cuando me lo pida?, me decía su profesora alarmada”, comenta Humbelina.

Las estadísticas confirman ese temor; el 61 por ciento de los profesores ha manifestado desconocer cómo detectar una hipoglucemia y sentirse inseguros ante la intervención.
“La solución sería que hubiera más información”, aclara la vocal de padres. La asociación ofrece charlas a los centros que lo solicitan y envía folletos informativos, “pero no es suficiente” dice Humbelina, quien afirma que los diabéticos también quieren una nueva normativa de comedores escolares, que regule este y otros aspectos.

Cuestión de religión

Pero, a veces, no se trata de ni de alergia, ni de intolerancia, sino de religión. ¿Qué pasa, por ejemplo con los alumnos que no pueden comer carne de cerdo? En general sufren el mismo rechazo que los alérgicos, pero no siempre es así; el colegio “San Cristóbal” de Madrid, es un ejemplo de que no existen problemas cuando hay ganas de solucionarlos.
Marina Lovelace, directora del colegio Público “San Cristóbal”, con más del 40 por ciento de alumnado extranjero, nos comenta la experiencia. “No tenemos ningún problema”, dice. En el colegio hay niños de 15 países y, sin embargo, eso no afecta al comedor escolar, que funciona exactamente igual aunque haya niños musulmanes que no pueden comer cerdo porque su religión se lo prohíbe. “El grupo islámico es pequeño, por eso no cuesta mucho cambiarles la comida cuando el menú contiene cerdo” aclara la directora.

Pero no es este el único caso, “hace un par de años tuvimos un niño hinduísta que no podía comer carne de vaca”, comenta Lovelace, y añade: “A este alumno le tratábamos con la misma atención que a un niño alérgico”. La forma de organización es sencilla, los padres comunican al centro el alimento que su hijo no puede ingerir y los encargados del comedor anotan la incidencia en un tablón. Así, cada cuidador, que es responsable de un grupo de niños, sabe cuando debe cambiar un plato.

El comedor escolar nunca se ha negado a aceptar a un alumno porque tenga un problema de tipo alimenticio, al contrario, se intenta ayudarle. Por ejemplo, hay un alumno en el centro que se trae su propia comida de casa y los responsables del comedor se la calientan. “Se trata de un caso muy especial, es una niña con alergia a muchas cosas y los padres prefieren prepararle ellos mismo la comida”, aclaraba Lovelace.

Francia

Como en otros muchos aspectos, también a la hora de legislar la norma de los comedores escolares Francia se ha adelantado. Desde el año pasado la secretaria de Educación, Ségolène Royal, está empeñada en que los comedores escolares de su país tengan en cuenta las necesidades de los niños alérgicos a determinados alimentos.

Por ello, se ha obligado a los colegios a que admitan a estos alumnos y les preparen un menú especial, o bien les dejen llevar la comida de casa cuando sea necesario. 

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