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Francia: una reforma de mínimos

Aires de cambio en la enseñanza francesa. Tras años de estancamiento en cuanto a rendimiento académico, el Gobierno de Jean-Pierre Raffarin se ha propuesto introducir varios cambios que ayuden a la Educación gala a recuperar el prestigio de una institución en entredicho por la pobreza de resultados entre la población más humilde y por un nivel de conflictividad más que preocupante.
Miércoles, 2 de February de 2005
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Autor: Rodrigo SANTODOMINGO

En Francia, un 30% de jóvenes abandona el sistema educativo cada año sin ningún título que demuestre su paso por la escuela. Son en su mayoría jóvenes inmigrantes de segunda generación que residen en las banlieues, suburbios deprimidos de composición étnica homogénea y violencia galopante donde el estudio carece para muchos de crédito alguno.

En general, la impresión en el país vecino es que el sistema funciona para muchos (clases media y alta) mientras que hace aguas entre la extensa minoría que se agolpa a las afueras de las grandes ciudades. Antaño herramienta igualitaria por antonomasia, la escuela pública francesa avanza ahora, según la expresión de moda, “a deux vitesses” (a dos velocidades), un concepto que chirría en una sociedad orgullosa como pocas de sus instituciones.

Para poner coto a esta pérdida de prestigio en las aulas republicanas, el gobierno de Jean-Pierre Raffarin presentó hace unas semanas un proyecto de reforma educativa articulado en torno a la noción de “socle” (zócalo), una especie de mínimo común denominador que todos los alumnos deberán conocer al terminar la enseñanza obligatoria. En resumen, se trata de definir los conocimientos imprescindibles para vivir en sociedad con el fin de machacarlos sin piedad antes de que el joven abandone la escuela.

Diversificación

Lengua francesa, Matemáticas, cultura humanística y científica, Inglés e Informática. Estos son los seis campos para los que un Alto Consejo de Educación (organismo creado ad hoc) fijará un currículo esencial, el mismo sobre el que el alumno será examinado al finalizar el collège, período equivalente a la ESO.

Para hacer realista el objetivo de un 100% de titulados, el ministro de Educación, François Fillon, ha adelantado que la reforma prevé un “dispositivo de ayuda excepcional” (tres horas de clases particulares por semana) destinado a los alumnos con más dificultades a la hora de asimilar el socle. Al explicar un modelo que aún arroja múltiples zonas de sombra, el ministro Fillon aseguró que la nueva ley no cambiará los programas existentes, de modo que el resto de materias que no forman parte del socle se mantienen… en régimen de semi-optatividad para los alumnos en teoría más capaces.

Aunque el esquema recuerda a la LOCE, las diferencias resultan evidentes. A saber, la reforma francesa excluye la elección temprana de itinerarios cerrados y, más importante, no plantea nada equivalente a los Programas de Iniciación Profesional (PIP) durante la Secundaria obligatoria. De hecho, muchos en Francia hubieran deseado que la nueva ley introdujera la idea de orientación en los dos últimos cursos del collège, en lugar de la mera “diversificación” que propone el texto del ministro Fillon.

Otro punto fundamental de la reforma se centra en la recuperación de la autoridad y el respeto mutuo en los centros más conflictivos. Como principal novedad, la reforma crea un nota de “vida escolar” (asistencia, respeto al reglamento…) que figurará en el título que se concede al finalizar con éxito el collège.

Críticas

Además, el Gobierno francés pretende otorgar más peso a la opinión de los profesores sobre si un alumno debe repetir, una decisión que en la actualidad recae casi exclusivamente en los padres. En esta misma línea, la figura del director sale reforzada, si bien el proyecto de ley no deja claro en qué sentido, limitándose a destacar el rol de “piloto pedagógico y administrativo” que busca impulsar.

Como era previsible, la reforma ha encontrado a su máximo opositor en los sindicatos, extremadamente poderosos en el sistema público francés. Todos ellos denuncian la escasa originalidad del texto, que vende como novedades lo que no son sino revisiones de conceptos antiguos. Para muchos, la reforma es poco ambiciosa en cuanto a objetivos y tacaña en recursos (se prevé un presupuesto extra de 2.000 millones de euros). Tampoco faltan voces que alertan sobre el horizonte segregador que espera a la enseñanza pública en Francia: es el caso de algunos medios de izquierdas que atribuyen la reforma a la necesidad de consolidar la jerarquía inherente a la lógica capitalista.

Al otro lado del espectro, periódicos conservadores como Le Figaró califican la ley de “tímida”, pero celebran la vuelta a la autoridad y el leve reverso a la filosofía comprensiva que propone.

El regreso al pasado de un maestro bretón

El pasado 2004, un director de Primaria bretón de nombre Marc Le Bris publicó una obra en la que abogaba por volver a los métodos pedagógicos de lectoescritura previos a Mayo del 68. Y vuestros hijos no sabrán leer… ni contar fue un rotundo éxito de ventas, convirtiendo a su autor en referencia de un movimiento creciente de padres que desconfían de la modernidad en las prácticas de enseñanza.

En su opinión, el desprecio por el aprendizaje silábico clásico (casi erradicado de las aulas francesas tras la Ley Jospin del 89) había supuesto una catástrofe en el país vecino, donde, según sus datos, las competencias lectoras de los chavales de Primaria habían caído en picado. Tras observar durante años los teóricos estragos causados por el método “global” (básicamente, aprender a leer por palabras), Le Bris se aventuró a demostrar empíricamente la ineficacia de este sistema. Para ello, el maestro desempolvó los viejos manuales con los que él mismo aprendió a leer y empezó a dar sus clases tomándolos como modelo.

Aunque Le Bris dice haber mejorado “drásticamente” los resultados, pocos son los expertos que apoyan al bretón, considerado por muchos como un nostálgico sin remedio. De todas formas, el caso Le Bris sirve para ejemplificar la oposición de buena parte de la comunidad educativa hacia la filosofía comprensiva, relativista y posmoderna que impregna el sistema francés. Un debate con cierto reflejo en la nueva ley, la cual reduce la autonomía del alumno para adaptar los programas a sus intereses, idiosincrasia, etc…

Del Informe Thélot a la Ley Fillon

Para elaborar su proyecto de ley, el ministro Fillon encargó al académico Claude Thélot y a otros 35 expertos en materia educativa la elaboración de un informe que sirviera de base e inspiración a la reforma.

Además de muchas recomendaciones con claro reflejo en el texto presentado a las cortes francesas, el Informe Thélot hablaba de la conveniencia de aumentar entre cuatro y ocho horas el horario semanal de los docentes franceses. Thélot justificaba la medida por los nuevos desafíos que plantea la escuela actual, donde la comunicación del profesor con los alumnos y los padres fuera del horario lectivo se hace, más que nunca, esencial.

Aunque el informe subrayaba que el incremento en la jornada de trabajo iría acompañada de su correspondiente subida salarial, los sindicatos se apresuraron a poner el grito en el cielo, clamando contra una medida “explotadora”, “injusta” y otros adjetivos similares. Finalmente, el ministro Fillon desestimó la propuesta de Thélot al considerarla excesivamente polémica y un posible germen de discordia que creara en la enseñanza gala un ambiente irrespirable.

Otras dos recomendaciones fundamentales en el Informe Thélot tenidas en cuenta por el ministerio de Educación se refieren a:

1. Enseñanza de idiomas. La nueva ley (al igual que hacía la LOCE) adelanta la enseñanza del Inglés a primero de Primaria, e introduce además una segunda lengua en la Secundaria obligatoria. Thélot destacaba que el conocimiento de idiomas en Francia era menor que en otros países de su entorno.

2. Formación del profesorado. Para los 150.000 profesores que se incorporarán al sistema en los próximos cinco años, Fillon reserva, entre otros privilegios, un crédito anual de formación continua de 20 horas.

“En Francia, la reforma del sistema es un debate eterno”

MAGISTERIO ha hablado con Fabienne Lallement, agregada de Educación en España.

¿Está empeorando el sistema educativo francés? ¿Baja el rendimiento?
No, no creo que los resultados hayan bajado. El problema es que con todos los recursos que existen no han mejorado. Mi opinión, que comparto con muchos expertos en el sistema, es que la situación en los institutos de las zonas sensibles, donde se concentra la población inmigrante, empeora poco a poco. Tenemos profesores que están a tope y una falta de motivación enorme entre los alumnos. Por supuesto existen institutos que funcionan, con una media muy aceptable de alumnos con éxito. Pero esas zonas sensibles van a peor. Por eso da la impresión de que el sistema no va, aunque en realidad funciona bastante bien.

Antes de que el gobierno francés anunciara su intención de reformar el sistema, ¿existía entre el ciudadano medio la opinión que las cosas no funcionaban? ¿Que había que cambiar algo?
Hace más de cuarenta años que yo trabajo en Educación, y siempre se habla de cambiar el sistema. En Francia se discute permanentemente sobre la calidad de la enseñanza. Es un debate eterno. Lo que sí existe es una mayor preocupación de los padres por permeabilidad de la escuela a los problemas de violencia y otro tipo que se dan en la sociedad actual. En gran parte, el debate es cómo recuperar el respeto a la autoridad de la escuela en sí, como institución. Cómo conseguir que ayude a todos los jóvenes a integrarse en el mercado laboral.

¿Quieren los padres franceses una vuelta a antiguos métodos de enseñanza? El libro del maestro Marc Le Bris, en el que defiende la recuperación de modelos considerados obsoletos, ha sido un éxito de ventas.
Bueno, muchos padres rechazan la modernidad en las prácticas de enseñanza porque ellos mismos no las entienden. Es un sentimiento que surge de la necesidad de sentirse seguros con un sistema que ellos han conocido. Pero no tiene ningún sentido. El libro de Le Bris ha tenido una gran aceptación entre los padres, pero en la comunidad educativa se le toma por un loco.

¿Quién se opone a la reforma Fillon?
Sobre todo los sindicatos, pero esto es clásico. Es su trabajo…

¿Y cuáles son las principales críticas?
Por lo que he leído, que es poco ambiciosa y poco definida. Que no especifica qué desea cambiar. Y que demuestra escasa preocupación por la Educación.

El propio ministro Fillon ha reconocido que su intención es simplemente introducir algunas reformas sobre la ley de Jospin del 89, no dar un vuelco al sistema.
Fíjese en los prioridades de la reforma: aumentar el nivel de formación, conseguir que todos los alumnos tengan éxito, mejorar la enseñanza de lenguas e impulsar la formación del profesorado. Son temas sobre los que es imposible estar en desacuerdo.

Algunos medios de izquierdas denuncian la intención de institucionalizar la segregación social, convirtiendo al hijo de obrero en obrero desde la escuela, etc…
No creo que este tipo de críticas tengan mucho fundamento. Lo cierto es que muchos esperábamos el fin del collège unique (formación similar para todos hasta el Bachillerato), pero esto no ha ocurrido. Mi opinión personal es que habría que haber hecho explotar la noción de collège unique, pues considero que la diversificación interviene un poco tarde.

Por una parte, se quiere fijar los conocimientos esenciales a enseñar, y por otra, la reforma pretende impulsar la libertad de cátedra. ¿No es algo contradictorio?
En realidad la libertad de cátedra ya está muy desarrollada en Francia. El profesor elige las prácticas pedagógicas y los soportes. Sólo tiene que seguir los programas. En este sentido, la reforma tiene poco margen de maniobra.

El informe Thelot proponía aumentar el horario de los profesores entre cuatro y ocho horas, pero el gobierno ha hecho caso omiso a la recomendación.
Ningún ministro de Educación francés puede tocar los horarios de los docentes sin armar una revolución. Los sindicatos son demasiado poderosos. Nadie se atrevería… 

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