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Las tribus se mueven en verano

Cerca de 800 jóvenes ciegos y deficientes visuales participan en los campamentos de verano de la ONCE, que llevan celebrándose unos 17 años y que son todo un ejemplo de convivencia e integración entre chavales con alguna discapacidad, familiares y amigos.
Martes, 12 de July de 2005
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Autor: Marta SERRANO

El verano supone para miles de menores la ruptura con la rutina, y la primera salida de casa. Esta semana hemos estado con un grupo de Salamanca, Ávila y Zamora que, a través de un campamento de la ONCE con el título “El Congreso de las tribus”, se han acercado a Madrid para pasar 15 días inolvidables. “Casi todo este grupo, compuesto por 40 chicos de entre 6 y 16 años, proviene del entorno rural, y venir a la capital o montar en metro supone toda una experiencia para ellos”, afirma Javier de Prado, el responsable.

En este campamento no hay silbatos ni nada por el estilo para lograr el orden. Los horarios y el respeto a unas normas impuestas entre todos, así como la autoridad de los monitores hacen que el campamento se convierta en una verdadera reunión de amigos. “Es, sobre todo, una oportunidad para convivir entre iguales, para cientos de chavales que durante el curso estudian en centros integrados y, a lo mejor son los únicos en su clase que tienen una discapacidad visual o de otro tipo, aquí se dan cuenta de que a otros niños como ellos pero en otros colegios también les pasa lo mismo y pueden compartir experiencias”, añade Javier.

De hecho, algunas jornadas de convivencia van dirigidas exclusivamente a afiliados (ciegos totales o deficientes visuales), mientras que en otras, éstos se integran con niños sin discapacidad. Además, se organizan algunas especiales para niños y jovénes que, aparte de la ceguera, padecen otras discapacidades asociadas (físicas, psíquicas,…). “En mi grupo todos son iguales”, comenta Javier, refiriéndose al hecho de que entre los 40 participantes hay cuatro niños con Síndrome de Down, sin que ello suponga dificultades añadidas. “Se mima a los chicos pero no es como en casa”, afirma. De la misma opinión son los alumnos. “Aquí hay que hacerse la cama, probar toda la comida y respetar los horarios”, afirma Dani Ramajo, un chico zamorano de 11 años que repite por segundo año consecutivo en los campamentos y que reconoce haber tomado por primera vez la crema Vichisoise. Pero no es el único, Javier se ha encontrado con chicos que prueban por primera vez la fruta al salir de casa y tiene innumerables ejemplo y anécdotas de todo lo que aprenden los chicos.

Además, “los padres me lo agradecen cuando volvemos a casa”, comenta. Él atiende personalmente a los padres a través del teléfono móvil y está siempre disponible porque reconoce que “son niños superprotegidos y a los padres les cuesta a menudo soltarles, aunque luego lo agradezcan y noten un gran cambio en los menores, sobre todo, los padres de los chicos no afiliados que comparten por primera vez experiencias con alumnos con alguna discapacidad”, explica.

Para Dani, lo mejor son las actividades, ir al Bernabeu, “aunque yo soy del Barça”, reconoce, o las noches temáticas, cantando y jugando. “Hay muchas actividades y muchos días hacemos excursiones a la sierra, al centro antiguo de Madrid, a un museo, a un sitio importante…”, afirma.
 

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