Aprendemos a convivir eliminando la competición

El proyecto Valores para la convivencia persigue que los participantes de los diferentes juegos a desarrollar aprendan a compartir actividades sin necesidad de competir.
Miércoles, 18 de abril de 2007
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Para fomentar la convivencia dentro de un grupo ésta debe estar asentada en un trabajo de Educación en Valores, por ello los dos profesores implicados en este proyecto en La Santa Espina (Valladolid) tenemos como objetivo principal, junto con el ayuntamiento de la localidad, crear un espacio en el que se trabajen los valores de cooperación, respeto, urbanidad y amistad.
Para desarrollar estos valores tan importantes diseñamos las sesiones de forma que el aprendizaje sea cooperativo, con el objetivo de sustituir paulatinamente el espíritu de competición en los participantes y fomentar en los más pequeños una formación inicial no basada en la competencia, sino en la aportación al grupo en la medida de las posibilidades de cada uno.

Actividades

Logramos que sea así  escogiendo actividades que no impliquen excluir a los participantes temporalmente, además trabajamos desde la expresión corporal y dramática, utilizando como medio expresivo principal el propio cuerpo y sus posibilidades de acción y la exploración sensorial.
A la hora de desarrollar las actividades hemos escogido el gran grupo y, en las primeras sesiones, para fomentar la sensación de grupo preferimos retornar cíclicamente a la formación circular del grupo, con las manos unidas.
Las actividades no son muy dirigidas, sino que damos una consigna breve sobre cómo es el juego y la dinámica y duración de la actividad, después la desarrollan los participantes con su implicación en la misma.
El papel del profesor es el de dar las pautas cuando un participante no encuentra el modo de expresar, de forma que tenga tiempo para buscar entre las habilidades que posee aquéllas que le permitan llevar a cabo la acción.
En ocasiones el ritmo se ralentiza, por lo que los niños más impulsivos comienzan a agitarse. Es el momento de ayudarles a comprender que cada persona tiene un ritmo diferente   que debemos respetar, de forma que todos tengamos oportunidades para expresarnos libremente.
Para reforzar las acciones  realizadas positivamente, en la siguiente actividad los niños ayudan a coordinar a los profesores, de forma que han de superar su impulsividad, reflexionando brevemente sobre los pasos para realizar el próximo juego, puesto que tendrán que comunicar a los demás cómo llevarlo a cabo o darles consignas claras cuando se bloqueen.
Tras acabar la sesión, los profesores repartimos unas camisetas a cada participante para que escriba en ellas el nombre y las dedicatorias que prefiera para recordar esta sesión.

La Santa Espina (Valladolid)
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