Con café y en compañía amanece mucho mejor
Dentro de un programa organizado por la ONG Cooperación Internacional y que lleva en marcha desde hace siete años, cincuenta jóvenes del Colegio “Los Olmos” se han lanzado a las calles para tratar de llevar una sonrisa a quienes más la necesitan nada más despertarse. La cita: el 21 de diciembre tempranito, a las 9,30 de la mañana en la sede de esta ONG. El objetivo: llevar el desayuno a la cama a 500 personas sin techoque duermen en las calles de la capital.
Invierno bajo las estrellas Desayuno solidario es una iniciativa que pretende hacer un poco más fácil y amable despertarse en las frías calles de la ciudad. Por ello, los chavales del colegio “Los Olmos” de Madrid se han sumado a ella aportando su propia compañía. Pues, aunque a esas horas de la mañana café caliente y bollos sean de agradecer, el objetivo principal es que las personas sin hogar se sientan menos solas y excluídas.
Además de charlar un ratito con ellas, los jóvenes voluntarios organizados por grupos ofrecían información sobre albergues a los que acudir en las noches más frías del invierno para recibir la atención adecuada. Así, acompañando y escuchando, los chavales se encontraron con historias como la de Alfredo que les cuenta cuáles son sus planes de futuro: piensa en hacerse barrendero, pero no tiene prisa porque, a su juicio, en el pasadizo que cruza el paseo de Recoletos, se vive bien con un saco de dormir para no pasar frío. Hablar les ayuda, contar su historia, su situación, sus esperanzas.
Un cambio de prisma
Según las impresiones transmitidas por los alumnos a la ONG Cooperación Internacional, la reacción de casi todos los chicos ha sido muy positiva, pues acercarse a las personas sin techo y compartir con ellos un trato de conversación les ha permitido experimentar lo mucho que necesitan que se las tengan en cuenta ante su habitual situación de desamparo y la soledad en la que se encuentran.
Ofrecer café y unos bollos parece una tarea sencilla. Sin embargo, ello implica por parte de los chavales crear sobre la marcha técnicas de aproximación a personas que en otros momentos ni siquiera se paran a mirar. Esto significa para los chicos apelar a su capacidad de improvisación, así como a su humanidad a la hora de dirigirse con mucho tacto y prestar atención a personas con muchas sensibilidades a flor de piel.
En resumen, es un acto de corage del que estos jóvenes pueden sentirse satisfechos, precisamente por el gesto tan sencillo que es y lo mucho que cuesta hacerlo.
Según la ONG, al ver las sonrisas y el agradecimiento de las personas a las que se acercaban, los chavales se han sentido recompensados y enriquecedos, por lo que están deseando repetir. “Hacer más por los demás ciertamente engancha y para muchos de ellos es una primera toma de contacto que les lleva a comprometerse con un voluntariado estable”, explica Alberto Muñoz, de Cooperación Internacional.
