“El Máster resolverá los problemas del CAP si hay voluntad política y seriedad”

Pérez Juste quiere dejar claro que quien no domina una materia, difícilmente la va a saber transmitir, pero considera imprescindibles unas habilidades y destrezas didácticas para motivar a los alumnos y hacer atractivas las clases.
Adrián ArcosMiércoles, 7 de enero de 2009
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Quiere dejar claro que no es un defensor del Máster, pero sí defiende la buena formación del profesorado. El catedrático de Métodos de Investigación en Educación de la UNED, Ramón Pérez Juste, aboga porque realmente se cumplan los preceptos que recoge el Máster y no ocurra como el CAP, cuyo ejercicio al final no resultó de utilidad para los futuros profesores.

¿Es necesaria esta nueva formación?
El profesor puede ser un magnífico científico de su materia, con una formación sólida extraordinaria, pero no tiene las habilidades, destrezas, o como se dice ahora competencias, para que lo que él sabe, el alumno sienta deseo de aprenderlo. El profesor, además de transmitir el saber, tiene que hacer atractivo y asequible ese saber para los alumnos, motivarles, ilusionarles, y ganarse su trabajo, su dedicación y su esfuerzo. Que quede claro que quien no domina la materia, difícilmente la va a transmitir, pero hay unas habilidades y destrezas didácticas imprescindibles.

Pero la actitud de los alumnos dependerá también del entorno familiar y social…
Vivimos en un mundo muy complejo, en el que existe una serie de elementos que distraen mucho a los alumnos del aprendizaje. Ahora tienen acceso a internet, televisión y videojuegos; la calle está llena de estímulos, algo que antes no existía. El profesor tiene que ganarse a los alumnos frente a todos esos estímulos haciendo atractiva la enseñanza y el aprendizaje. El Máster va por ese camino, a través de esa idea más compleja de la figura del profesor, que no sólo es una persona que domina un saber, sino que lo hace atractivo, que motiva, que se atrae el cariño y afecto de los alumnos, que está disponible, que se acerca a ellos, que les ayuda, que es un ejemplo, que se preocupa de ellos.

¿Qué le parecen las críticas del claustro de la Universidad Complutense (UCM) al Máster?
Yo creo que un alumno que estudia en la universidad du-rante cuatro años debe tener un conocimiento suficiente para enseñar al menos a los alumnos de 1º y 2º de Bachillerato. Lo que ocurre es que, además de conocer esas materias, debe saber didáctica, técnicas y habilidades para enseñarlas, y en eso ha consistido el CAP, en una formación psicopedagógica. La una y la otra deben ser absolutamente complementarias y no tendrían que estar nunca reñidas. Una de las cosas que dice la UCM es que este Máster va a desviar a mucha gente hacia el máster profesional y no hacia el de investigación. Debemos saber que en la universidad española el número de profesores o licenciados que decide hacer el doctorado es muy inferior al que quiere situarse en las profesiones. Por ejemplo, en la UNED, que tiene muchísimos aspirantes a doctor por su flexibilidad en el currículo, los que terminan la licenciatura y quieren hacer el doctorado suponen el 5% en relación a los demás.

¿Qué fallos tiene el CAP?
Como CAP no todo son fallos, pero como ejercicio del mismo han sido tremendos. Los pedagogos no hemos sido capaces de lograr que los aspirantes a profesor hayan visto que el CAP les sea útil, porque no hemos podido transmitir lo que decimos que tenemos que transmitir. Probablemente tampoco hemos tenido los recursos necesarios.

¿Y el Máster va a salvar esos defectos del CAP?
Este es el gran desafío que tiene el Gobierno. El Máster resolverá los problemas del CAP si se lleva a cabo razonablemente bien en relación con lo que está diseñado. Porque esos problemas se van a resolver si hay voluntad política por parte de las administraciones educativas para que esto se lleve a cabo con toda la seriedad. Pero también depende de quién vaya a dar los conocimientos psicopedagógicos, didácticos, quién supervise las prácticas de los futuros profesores, o quién esté siguiendo y apoyando en los institutos a estos docentes noveles.

Al menos no será por falta de recursos, porque es más caro que el CAP.
Se ha convertido en un Máster y por tanto hay que pagar créditos. Yo en eso no me voy a meter, ya que es una tarea que les incumbe a las autoridades políticas. Pero desde luego que la formación de profesores debe costar a quién sea, al Gobierno, comunidades autónomas o a quien se quiera formar. Lo importante es que ningún aspirante a profesor se quede sin hacer el Máster por falta de recursos, por lo que hay que establecer una política de becas en este tema.

¿Y no sería mejor un período de prácticas remuneradas que el Máster?
Yo soy partidario de las dos cosas, de las prácticas y de la formación. Haría falta una verdadera estancia en los centros con una progresiva responsabilización de estos profesores noveles para conocer in situ todo lo que han aprendido teóricamente, cómo se motiva a un alumno, cómo se le ayuda cuando tiene una dificultad, cómo puedo estimularle, colaborar con sus compañeros, aprender en equipo, aprender a ser sociable. Todas esas habilidades que tienen una base teórica después hay que vivirlas.

¿Debe preparar también el Máster para tratar la conflictividad en las aulas?
Es un tema clave. Todas las investigaciones que se han hecho hasta ahora vienen a reconocer que todos los chavales que tienen comportamientos violentos, detrás de ellos hay una personalidad con carencias notables, que viene desde la familia. Cuando a un chico le falta autoestima le quedan dos soluciones: o ser el felpudo que todo el mundo pisa o ser el gallito de la clase que es capaz de enfrentarse al profesor. Ganarse a estos chavales a través del tratamiento didáctico y personal de las relaciones en la clase, e ir creando en ellos una progresiva autoestima es la forma más eficaz de evitar los comportamientos de tipo disruptivo y agresivo. Si el docente no cuenta con estos conocimientos psicopedagógicos, la solución cuando haya un chico que da guerra va a ser la expulsión de clase o del colegio o las faltas graves de disciplina. Esta actuación puede dar la solución para un determinado momento, pero no va a la causa real del problema. Y la autoestima se puede mejorar justamente a través de la enseñanza, proporciándoles éxito a los alumnos.

¿De qué forma se le da éxito a los alumnos?
La autoestima se puede mejorar a base de proporcionar a los alumnos tareas en las que pueden tener éxito. Cuando un niño empieza un curso, se le proporciona experiencias agradables y satisfactorias en las que tenga éxito para que vaya cogiendo confianza en sí mismo. Según vaya superando progresivamente esos pasos y va creciendo su autoestima, hay que poner dificultades superiores, y a final de curso seguro que logra alcanzar un nivel de formación razonable en función de los objetivos puramente académicos.

LAS FRASES

  • Aprender a pensar

“El profesor ha sido tradicionalmente la persona que ponía en contacto al alumno con los conocimientos. Pero es que ha cambiado tanto la sociedad, que los alumnos tienen esos conocimientos, incluso más actualizados a través de la red. A través del Máster se pretende que los docentes formen a sus alumnos para que tengan una independencia intelectual y puedan seguir aprendiendo por sí mismos”.

  • Formar como ciudadanos

“Si queremos que el profesor forme para ser buen ciudadano, debe ser una persona que ilusione en unos valores democráticos. Él tiene que ser un ejemplo de esos valores, porque los valores no se enseñan, sino que se aprenden de la experiencia y del ejemplo de los mayores. Ese acercamiento del profesor al alumno como persona entera y no como aprendiz es algo que muchas veces no hemos hecho”.

  • Becas para el Máster

“No debería escatimarse en becas, porque si hay una tarea con enorme trascendencia social es la de la formación de profesores, ya que ellos son los que durante 30 ó 40 años van a estar formando a sucesivas generaciones de gente joven”.

  • El éxito en los alumnos

“Para un profesor es un desafio tener que acomodarse a cada alumno, pero es importante llevarlo a cabo, ya que a unos les damos una enseñanza que no les motiva y a otros le pedimos un esfuerzo muy alejado de lo que pueden realmente llegar. Muchas veces los alumnos brillantes fracasan porque se aburren en las aulas, y se hacen cada vez más vagos. Y otros se quedan descolgados al tercer día de las materias porque no entienden nada y empiezan a dar guerra. Es importante tener en cuenta que un alumno que tiene éxito no va a dar guerra, ya que quiere seguir teniendo éxito porque le satisface interiormente”.

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