La escuela y el conocimiento de lenguas
La capacitación para la comunicación en castellano, como lengua común de todos los españoles como dice la Constitución; la comunicación en la lengua oficial en determinadas Comunidades Autonómicas que así lo tienen reconocido estatutariamente, y el dominio de una o más lenguas extranjeras; forma parte de los fines del sistema educativo reconocidos y recogidos en el artículo dos de la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación.
En momentos anteriores he comentado la importancia del respeto, conocimiento, aprecio y recuperación, en su caso, de las distintas lenguas españolas entre las que se encuentra el castellano y todas las demás lenguas reconocidas en los respectivos Estatutos de Autonomía de las nacionalidades y regiones que integran nuestrio país, como dicen los artículos segundo y tercero de la Constitución. En este caso quiero referirme a la importancia del dominio de las lenguas extranjeras, que si bien son extranjeras en su concepción política, no lo son tanto en el ámbito de la comunicación audiovisual y de las fuentes de información que son habituales en muchos campos científicos y en el mundo universitario. De todas formas, determinadas lenguas extranjeras lo son cada vez menos, en una sociedad tan abierta, global e intercomunicada como la nuestra.
Parece ser que el primer autor que asoció los términos competencia y lenguaje fue Chomsky, refiriéndose con ello al conocimiento de las reglas lingüísticas, a la competencia gramatical. Pero algunos expertos argumentaron que los hablantes competentes necesitan algo más para conseguir un uso autónomo del lenguaje. Hacia mediados de los años sesenta Dell Hymes, profesor de Harvard, presentó el concepto de competencia comunicativa.
La competencia comunicativa así entendida se refiere al conocimiento que el alumno necesita para ser capaz de usar el lenguaje para comunicarse, es decir, la habilidad de usar el lenguaje de forma apropiada en diferentes situaciones para conseguir objetivos comunicativos. Esta competencia ha sido aceptada como el primer objetivo de todo profesor de lenguas, según ha sido establecido por el Marco Común de Referencia Europeo para las Lenguas.
El Marco Común de Referencia Europeo para las Lenguas es un estándar que pretende servir de patrón internacional para medir el nivel de comprensión y expresión orales y escritas en una lengua. El proyecto fue propuesto en un congreso internacional celebrado en Suiza en noviembre de 1991y desarrollado por el Consejo de Europa. Delimita las capacidades que el alumno debe controlar, en cada uno de los niveles, para las categorías comprender, hablar y escribir. La categoría comprender integra dos destrezas: comprensión auditiva y comprensión de lectura; la categoría hablar integra las de interacción oral y expresión oral y la categoría escribir comprende la destreza expresión escrita. Es, en definitiva, un sistema de clasificación en seis categorías o niveles: A1, A2, B1, B2, C1 y C2. Desde el nivel principiante hasta el nivel muy avanzado.
La competencia comunicativa está definida por cuatro áreas de competencia o competencias lingüística, discursiva, sociolingüística y estratégica. La primera consiste en saber usar la gramática, la sintaxis y el vocabulario. La segunda consiste en saber cómo se usan las palabras y las frases para construir mensajes. La tercera nos ayuda a adecuar el discurso y la selección de palabras al contexto específico. Y la cuarta nos sirve para saber reconocer y reparar roturas en la comunicación, evitar los agujeros que produce el desconocimiento de la lengua y como aprender más sobre el lenguaje.
Más recientemente se ha introducido una nueva competencia, la sociocultural e intercultural, puesto que la relación entre el lenguaje y la cultura se ha complicado en los últimos años. Es muy importante, hoy, estar integrado en la comunidad lingüística de la que se adquiere el lenguaje.
Probablemente no sea exagerado reconocer el déficit casi endémico que tiene nuestro país en el conocimiento y uso adecuado de las lenguas extranjeras, fundamentalmente el francés, con su preponderancia en España hasta los años setenta; y el inglés con la fuerza que tiene en la actualidad. No digamos ya las lenguas emergentes como el chino… Para crear la competencia comunicativa, nuestros maestros especialistas en lenguas extranjeras tienen muy en cuenta que el alumno debe sentirse cómodo en el ambiente de la clase, sin estrés, e intentando evitar que sientan miedo a equivocarse, ya que el error forma parte del aprendizaje. Es conveniente trabajar las cuatro destrezas básicas enumeradas anteriormente de forma integrada, apoyándose unas a otras en las distintas tareas. Deben trabajarse en el siguiente orden: escuchar, hablar, leer y escribir.
Conocer una nueva lengua supone, también, conocer una nueva cultura. La apertura al mundo a través de la cultura, lengua y costumbres de otros países nos hace más flexibles, más abiertos a reflexionar sobre otros puntos de vista, más cooperadores con los otros y más críticos con nosotros mismos. En definitiva, más cultos.