Por qué no nos entendemos al hablar de Educación

José Mª de MoyaMartes, 31 de marzo de 2009
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En Educación, como en pocos otros temas de discusión, podemos estar utilizando las mismas palabras para referirnos a cosas diametralmente distintas. Esta es una de las razones , pienso, por la que es tan difícil que nos lleguemos a entender. Por ejemplo: la Ceapa y la CECE se manifestarían defensoras entusiastas de la participación de los padres en la Educación y, sin embargo, estarían hablando de cosas totalmente distintas.

Más ejemplos. Nos contaron en el Tribunal Supremo que con el pescozón al Ministerio por el Decreto de Bachillerato querían fijar criterio sobre dos palabras de esas que todos usan para referirse a conceptos diferentes: flexibilidad y promoción. La flexibilidad debe entenderse, dicen, dentro del marco que fija la Ley. Parecía obvio, pero se ve que no. Además, la flexibilidad no es hacer “lo que sea” para que el chico o la chica titule. Debe entenderse en orden a que se alcancen determinados objetivos. Me recuerda a la mítica frase de Carmen Chacón –se ve que le va la retórica– cuando era la responsable de Educación del partido: “Todo el mundo tiene derecho a un título”, dijo solemnemente.

En cuanto a la promoción, el Supremo recuerda que ‘promoción’ etimológicamente significa mejora. No hay promoción si no hay mejora. Interesante. Voy al Diccionario de la RAE y leo: “Promoción. (…) 3. Elevación o mejora de las condiciones de vida, de productividad, intelectuales, etc.”.

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