Nuevas tecnologías en las aulas: un problema de modelo, no de cantidad

Zapatero vuelve a introducir, con la polémica medida anunciada en el debate parlamentario de la semana pasada, el debate sobre la presencia de las nuevas tecnologías en las aulas. Los datos dicen que aún no hemos encontrado el modelo.
José M. LacasaMiércoles, 20 de mayo de 2009
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Arreglar la Educación con ordenadores fue la propuesta del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, en el debate del Estado de la Nación de la pasada semana. Su propuesta de facilitar más de 400.000 ordenadores a los alumnos de Primaria y ESO fue la propuesta estrella para un sistema educativo con un fracaso escolar del 30,8%, un abandono educativo temprano del 31% y con sólo un 60% de los jóvenes que alcanzan la Secundaria superior.

Que hayan llovido críticas sobre la medida no es de extrañar, puesto que no hay datos que avalen la eficacia de tales medidas en los resultados de los alumnos. Por ejemplo, como contamos en la página seis, una medida con puntos en común con la propuesta por Zapatero llevada a cabo en Rumanía en 2005 tuvo como consecuencia un empeoramiento de los resultados de los alumnos que, o bien tenían malos resultados, o bien tenían pocos recursos culturales en el hogar.

Pero es que, además, un estudio presentado la semana pasada por la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), y denominado Informe de Tecnología Educativa 2008, lega a la conclusión de que el problema de España no es de falta de equipos, sino de cómo se utilizan.

Y si faltan equipos no es entre los alumnos, sino entre los profesores: precisamente, una de las conclusiones que deberían hacer pensar a los responsables de las administraciones educativas se refería a que los docentes son el único colectivo de trabajadores de nivel universitario que no dispone de un ordenador propio en el centro de trabajo. No es de extrañar que el modelo no funcione.

Si se comparan los datos de ordenadores por cada 100 alumnos que PISA ofrecía en 2006 para España –un ordenador cada 10 alumnos– y los que ofrece la encuesta de tecnología 2008 realizada por la CECE, el avance en cuanto a equipos es espectacular: los centros de Secundaria en 2008 ya disponían de uno cada cinco alumnos.

Ordenadores vs. notas
El problema de España, por tanto, no es de presencia de ordenadores. Pero, ¿qué dicen los datos empíricos? No hay demasiados estudios sobre el tema en España, y habitualmente hay que echar mano de datos internacionales, dada la calidad de los datos propios puestos a disposición del público por el Instituto de Evaluación (que tiene los datos guardados bajo siete llaves por razones exclusivamente políticas, como MAGISTERIO ha denunciado varias veces).



Por ejemplo, PISA no ha calculado los efectos de los ordenadores para el caso español, aunque sí lo ha hecho a nivel internacional, sin llegar a ninguna conclusión sobre un efecto positivo o negativo. Sin embargo, al poner las bases de datos a disposición del público, es posible hacer los cálculos oportunos. Y lo que dicen esos datos es que en España los ordenadores en las aulas son contraproducentes para los rendimientos de los alumnos. Vamos, que a más ordenadores por alumno, peores resultados obtiene un centro
¿Quiere esto decir que los ordenadores en las aulas son malos para la Educación? Pues tampoco hay que ponerse así: lo que dicen los datos es que en España –y en buena parte de los países de nuestro entorno– aún no hemos encontrado la manera de aprovechar los recursos para transformar la enorme inversión que se ha realizado en resultados positivos.

En concreto, los datos basados en los resultados medios de los centros españoles dicen que un aumento de un ordenador cada 10 alumnos en un centro se relaciona con una bajada del rendimiento medio del centro de 15 puntos. Esta asociación negativa se mantiene fuerte incluso quitando el “caso atípico” que había en España en 2006: Extremadura tenía una media de ordenadores por alumno cuatro veces superior a la media española, mientras que sus resultados dejan bastante que desear, por lo que es lo que técnicamente se denomina un “caso influyente”. Pues la asociación se mantiene incluso controlando el caso extremeño.

Hasta aquí los efectos “brutos” de la mayor presencia de ordenadores en las aulas. Pero es lógico pensar que los centros con un ambiente socioeconómico más elevado tengan una mayor facilidad para disponer de ordenadores. Por ello, es necesario controlar la influencia de esos factores para llegar a lo que se denomina el “efecto neto”, es decir, saber cuánto influye el aumento de ordenadores por alumno en los centros sobre el rendimiento, una vez que se ha descontado la influencia del nivel socioeconómico medio de los alumnos.

Pues bien, una vez controlado todo, el efecto neto del aumento de la ratio ordenador/ alumno sigue siendo negativo: un aumento medio de un ordenador cada diez alumnos se relaciona con casi 9 puntos menos de media en la escala de Ciencias de PISA 2006.

No es un caso único. En Europa Occidental, hay bastantes países que no notan el efecto beneficioso del aumento de ordenadores en las aulas, e incluso ven claramente que una mayor presencia de ordenadores es negativa. Los casos de Holanda e Irlanda son los más claros, pues en estos países el descenso del rendimiento del centro es cercano a los 15 puntos si se eleva la ratio del centro a un ordenador más por cada diez alumnos.

Fallos españoles
Pero, ¿por qué en España no se nota la inversión realizada en nuevas tecnologías? Pueden existir varias causas a los malos resultados españoles. Por ejemplo, si se hubieran informatizado primero los centros con peores resultados sería lógico que se notara un efecto negativo. O, como los privados sacan mejores resultados y tienen menos ordenadores, el efecto podría deberse a causas que en realidad no tienen relación con el problema.



Pero no es así: si se incluyen sólo los centros públicos en los cálculos, el efecto negativo se mantiene igual mientras que si se incluyen sólamente los colegios privados, el efecto negativo desaparece –pero no se vuelve positivo. Es decir, es un problema fundamentalmente del modelo de la Pública.

Hace unas semanas, un directivo de una conocida marca de ordenadores decía a Magisterio: “La diferencia entre un centro como cliente y una administración (una Consejería) como cliente es que el político compra ordenadores, y el centro compra proyectos”.

Puede ser una de las razones del fracaso de la implantación de las nuevas tecnologías: como denuncia el Informe de Tecnología Educativa 2008, el problema de la implantación de ordenadores en la Pública es que no responde a un proyecto de centro, sino a un proyecto general de la propia administración al que el proyecto educativo del centro ha de adaptarse.

El proyecto de Zapatero –por cierto, muy similar al desarrollado por Portugal el año pasado, y del que aún no se conocen resultados– peca, de nuevo, y a mayor escala, del vicio por excelencia de la Educación española: dar todo planificado desde arriba. Seguimos sin aprender nada de los errores de la Logse y su sistema planificador.

Los docentes
No hay informatización de la escuela si ésta no pasa por los docentes. Este axioma, tantas veces obviado por los políticos, es evidente: como dice el informe, el profesor debe “salir a escena” –a dar su clase– con una seguridad sobre lo que va a hacer, y no puede permitirse hacer el ridículo con una tecnología novedosa delante de sus alumnos. Y eso se consigue, básicamente, con formación.

El Informe de Tecnología Educativa 2008 se pregunta si el sistema de formación de los docentes es adecuado a la implantación de las nuevas tecnologías. Además, el sistema educativo español carece de estímulos para impulsar al docente a utilizar los ordenadores. Hace falta un plan que vuelva a poner el acento no en los equipos ni en los alumnos, sino en los docentes.


Claves

Dudosa eficacia
En Europa Occidental, el efecto bruto de aumentar los ordenadores en los centros no tiene ningún efecto en el resultado. Si además controlamos el efecto de los factores socioeconómicos medios de los alumnos de los centros, este efecto se vuelve negativo, pues a más ordenadores peor rendimiento

Sin efecto, según la OCDE
La OCDE ha intentado mediante diversos modelos encontrar algún efecto significativo de la presencia de ordenadores en las aulas, basado en los datos de rendimiento de PISA 2006. No lo ha encontrado. A la única conclusión que ha llegado es que en algunos países hay un efecto positivo y en otros negativo, sin especificar cuáles.

Efectos negativos
En España y en buena parte de Europa Occidental, donde las ratios ordenador/alumno en los centros son elevadas (en comparación con el resto del mundo), no existe tanto un problema de dotación como de modelo. Porque, a pesar de las grandes inversiones en la informatización de las aulas, según los datos de PISA, en buena parte de los países los centros con más ordenadores sacan peores resultados. Esto es válido incluso tras eliminar el efecto del nivel socioeconómico medio del centro. Así, mientras Bélgica e Italia tienen un efecto positivo moderado, Alemania, Dinamarca, Suiza y la propia España tienen un efecto negativo moderado (aumentar un ordenador cada 10 alumnos tendría como efecto una bajada del rendimiento medio del centro inferior a diez puntos PISA). Holanda y Dinamarca tienen un efecto negativo más acusado.

Cálculo complejo
El sistema utilizado para extraer los datos de la tabla superior es el siguiente: se han agrupado, junto a las variables de centro, los rendimientos medios de los alumnos de la escala de Ciencias y del Índice Socioeconómico y Cultural (ISEC). Después se han realizado regresiones utilizando como variable dependiente el rendimiento medio del centro en Ciencias (una para cada valor plausible, realizándose después la media) y como variables explicativas la ratios de ordenadores dedicados a tareas de enseñanza por alumno (para el efecto bruto) y, además, la media del ISEC medio del centro (para el efecto neto). Esto es sólo una justificación para especialistas.





Pizarras digitales y otros elementos de apoyo



Una de las promesas del presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, sobre la informatización de los centros educativos estaba referida a la implantación en todas las aulas de elementos de apoyo informatizados, conocidos como pizarras digitales. Aunque se han manejado algunas cifras sobre la implantación de estos aparatos en las aulas españolas, las más recientes y ajustadas a la realidad son las que aparecen en el Informe de Tecnología Educativa 2008, elaborado por la CECE sobre una muestra aleatoria de 1.500 centros españoles de todos los tipos.

Como puede verse en la tabla superior, un 27% de los centros españoles tiene al menos una pizarra digital en un aula. Es una tecnología que aún se está implantando en los centros, a juicio del informe, mientras que los vídeo-proyectores o cañones es una tecnología mucho más presente, pues ya ha finalizado la fase de expansión. Así, dos terceras partes de los centros tienen al menos uno instalado en un aula.

Hay diferencias por tipo de centro, aunque no excesivamente grandes. En el caso de las pizarras digitales, las posee el 32% de los centros públicos de Secundaria, pero sólo la cuarta parte de los centros públicos de Primaria. Los centros privados se sitúan a medio camino, pues poseen esta tecnología alrededor del 28% de ellos.

Con respecto a los cañones, los poseen -al menos uno- un 76% de los centros públicos de Secundaria, mientras que no llegan a dos terceras partes de estos centros públicos de Primaria los que llegan a decir que tienen al menos uno. Los privados vuelven a estar a medio camino: poseen esta tecnología dos terceras partes.

Según el estudio, la gran mayoría de los centros que tienen cañones disponen de sólo uno o, como mucho, dos, instalados en aulas especiales o el salón de actos, aunque también los hay que tienen varios equipos portátiles que pueden instalarse en clase. Así, no es de extrañar que entre los centros que tienen al menos un vídeo-proyector la media de aparatos por centro ronde los cuatro, aunque son más abundantes en los centros públicos de Secundaria (6,2 de media) que en los privados (4,0) o los públicos de Primaria (4,4).

Las pizarras digitales están aún en periodo de implantación, y es muy habitual que los centros dispongan sólo de una o dos, y que aún estén en periodo de prueba entre los profesores. Muchas veces, este aparato ha llegado como regalo de una editorial, o facilitado por la administración como premio o contrapartida por haber sido incluido en algún proyecto. Por ello, aún hay menos pizarras digitales que cañones en los centros. Como media, hay algo más de dos de estos aparatos por centro, aunque los privados y públicos de Primaria tienen casi tres, y los de Primaria tienen 1,5.

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