Haití: la vuelta a la escuela como símbolo de esperanza
Mientras en el resto del mundo los niños acuden a la escuela para aprender, en Haití lo hacen (empiezan a hacerlo, lenta y progresivamente) para olvidar. Borrar de la conciencia, aunque sólo sea por una horas, que hace unas semanas la naturaleza se cebó con el más pobre entre los pobres de América. Emerger como islote de juego y risa en un mar de lágrimas. Estos son los actuales objetivos del sistema educativo haitiano, expresión que la desgracia ha convertido en casi un eufemismo y en la que convergen desde algunos (pocos) colegios de sólida estructura donde impera una relativa normalidad, hasta espacios al aire libre –apenas delimitados por una cinta de plástico– en los que se cantan canciones tradicionales.
La mitad de los 15.000 centros de Primaria y 2.500 de Secundaria que había en el país antes del terremoto se han visto reducidos a escombros o presentan un pésimo estado. En realidad, apunta Boris Aristín, coordinador de emergencias en Save the Children, “casi todas las escuelas han resultado afectadas de una manera u otra, porque las que no han quedado en ruinas o semiderruidas por ser construcciones más resistentes están siendo utilizadas para otros usos y al final también se verán dañadas”.
Todavía no se sabe cuántos alumnos y profesores murieron. Se teme que muchos, ya que el temblor se produjo justo antes de las cinco de la tarde, cuando una enorme cantidad de niños se disponía a rematar la jornada lectiva.
“Aún así, las clases deben continuar”, declaraba días después de la catástrofe a la agencia Reuters el ministro de Educación, Joel Jean-Pierre. “No se cómo”, añadía el ministro desde una sede improvisada en una comisaría de policía, “pero las escuelas han de seguir funcionando para ofrecer a los niños un lugar seguro que les ayude a superar el trauma y en el que al menos puedan acceder a una comida caliente al día”.
Bajo esta premisa trabajan decenas de ONG que, lideradas por Unicef, intentan rentabilizar al máximo las distintas iniciativas encaminadas a convertir la Educación en símbolo de esperanza cuando reina la desolación. En el caso de las organizaciones españolas, éstas han formado un cluster (eje de coordinación) educativo que, reunido periódicamente en la República Dominicana, trata de aunar esfuerzos.
“Hasta el momento, lo que se ha hecho es zonificar el país para hacer más efectiva la acción. Lo siguiente es ver en qué condiciones están los centros que pertenecen a cada ONG o con los que se trabaja en colaboración con entidades locales”, afirma Ana Cristina García, responsable de Entreculturas para el Caribe. “Intentamos definir las prioridades analizando las capacidades de cada organización”, añade Aristín.
De manera simultánea, cada ONG traza sus propias líneas de actuación, marcos de referencia siempre flexibles y abiertos a nuevas actualizaciones. En una reunión celebrada el pasado día 7, Entreculturas optó por centrarse, de aquí a un año, en ayudar a menores de 12 años desde una óptica psicoeducativa (lo que llaman “afloramiento del trauma”) y en transmitir a profesores locales técnicas pedagógicas dirigidas a alumnos con discapacidad. Según García, esta última iniciativa surgió tras comprobar “la gran cantidad de niños que han sufrido amputaciones, algo que plantea un nuevo reto”.
Por su parte, Save the Children se ha visto obligada a suspender los programas que tenía en marcha antes de que la Tierra temblara en el país caribeño, los cuales estaban enfocados a enseñar protocolos de emergencia en caso de huracanes y a mejorar las infraestructuras y la cualificación del profesorado.
“Lo que estamos haciendo ahora”, apunta Aristín, “es crear espacios de juegos (ya tenemos 25 y la cifra va en aumento) en los que monitores locales formados con urgencia se encargan de actividades lúdicas tales como hacer deporte, cantar canciones haitianas o enseñar cuentos tradicionales. En ocasiones, estos espacios son tan rudimentarios como una zona acordonada en un campamento de desplazados”.
En esta primera fase de emergencia, fechada por Save the Children hasta julio de este año, se entiende que “cualquier actividad en la que se reúnan niños tiene efectos beneficiosos para superar el trauma. También es bueno para los padres, que pueden desentenderse durante un tiempo de sus hijos y dedicarse a tareas de reconstrucción o adquisición de víveres con mayor libertad”.
Nueva oportunidad
Reconstruyamos mejor. Así ha bautizado el Gobierno de Haití al plan quinquenal con el que, otorgando a la Educación un lugar primordial, confía en sacar al país a flote. El título deja claro que se inspira en aquel lema que vincula situaciones de crisis extrema a nuevas oportunidades.
Por ingenua que parezca, la idea se antoja cualquier cosa menos descabellada a la vista de las terribles carencias que ya sufría la Educación haitiana antes del 12 de enero. Como tantos otros indicadores socioeconómicos, las cifras parecen propias de cualquier estado fallido del África subsahariana. Casi un 50% de analfabetismo (la media de la región no supera el 10%); porcentaje de alumnos escolarizados en Primaria inferior al 70% (de los cuales sólo el 30% conseguía finalizar esta etapa); apenas un 20% de inscritos en Secundaria.
Más aún, Ana Cristina García matiza que “muchos centros de enseñanza básica no eran más que escuelas informales organizadas por las comunidades de vecinos, ocupándose de tareas más asistenciales que educativas. La universalización de la Primaria ha sido tradicionalmente un objetivo de palabra, pero nunca se han tomado las medidas necesarias para alcanzarlo”.
Respecto a la formación de los docentes, la responsable de la zona Caribe de Entreculturas no duda en calificarla de “bajísima, en general muy por debajo de unos mínimos razonables. Incluso nos hemos encontrado casos de profesores analfabetos”. ¿Y que enseñaban? “Buena pregunta”, responde García.
Para el coordinador de emergencias de Save the Children, otro de los grandes problemas ha sido la “fuga de cerebros. Las familias adineradas envían a sus hijos fuera. Y no te formas para volver y ayudar a tu país, sino para vivir en el extranjero”. Un auténtico círculo vicioso: los mejor preparados huyen por falta de oportunidades, por lo que resulta imposible que la económía mejore. En consecuencia, la siguiente generación de universitarios volverá a sentir la tentadora llamada del exilio.
La solidaridad con la infancia en cifras
–Niños afectados
El 40% de la población de Haití tiene menos de 14 años. Se calcula que 1,8 millones de niños han resultado damnificados por el terremoto en mayor o menor medida. La cifra incluye a fallecidos, heridos de diversa consideración, desplazados y a aquellos que han quedado huérfanos.
–Vacunas
Unicef ha puesto en marcha una campaña de vacunación (enfocada a proteger a la infancia de enfermedades como la difteria, el sarampión o el tétanos) y de entrega de suplementos vitamínicos dirigida a más de medio millón de niños menores de siete años. En las últimas semanas ha proporcionado suplementos alimenticios a miles de niños en Puerto Príncipe y en la ciudad histórica de Jacmel, y ha establecido medidas para la protección de la infancia.
–Compromiso
Además de su ayuda en otros frentes, en el ámbito concreto de la Educación y la infancia, el Gobierno español ha donado 10 millones de euros a Unicef.
–Menores no acompañados
Naciones Unidas, el Gobierno de Haití y diversas organizaciones no gubernamentales han colaborado para crear 32 centros residenciales destinados a menores no acompañados. Unos 60 orfanatos están recibiendo agua potable y alimentos.
–Tráfico de niños
Tras el escándalo protagonizado por una ONG norteamericana, la policía haitiana ha intensificado los controles en aeropuertos y fronteras con el fin de evitar más casos de tráfico de niños.
–Campaña de radio
El Gobierno de Haití y Unicef han puesto en marcha una campaña radiofónica para animar a las familias a que lleven a sus hijos a la escuela. Con ella se pretende el regreso a las aulas de 365.000 menores en una primera fase, y de 720.000 en una segunda fase.
Propuesta didáctica: edición especial sobre el terremoto
–A principios de este mes, la ONG Entreculturas lanzó una propuesta didáctica dirigida a estudiantes de Secundaria y Bachillerato que pretende ayudar al alumnado a que comprenda lo que ha sucedido en Haití, a conocer el contexto de pobreza en el que se produjo la catástrofe, a analizar de manera crítica el tratamiento informativo del suceso y a buscar vías de acción para canalizar su solidaridad.
–El planteamiento es bien simple: se trata de simular que a los alumnos se les ha encargado realizar un número especial sobre el terremoto para una revista. Aunque ésta es la premisa, lo cierto es que la propuesta incorpora una “metodología abierta para adaptarse a las circunstancias del profesorado, es una unidad muy flexible y adaptable”, según la responsable del proyecto, Laura García. Así, el producto final puede venir en papel impreso, aunque no se excluye la posibilidad de que los alumnos realicen vídeos, exposiciones o una simple presentación en clase. “Además –añade García– se puede enfocar desde una óptica muy interdisciplinar”.
–Uno de los puntos clave tiene que ver con la reflexión sobre el papel de los medios de comunicación ante una tragedia de esta índole. “Cuando ocurre una catástrofe”, afirma García, “siempre se produce un boom informativo, aunque pronto llega la pérdida de notoriedad. Se trata de que los alumnos no pierdan de vista que la situación sigue siendo muy grave”.
–La unidad viene acompañada de una presentación en Power Point que ofrece datos básicos sobre el país caribeño, así como un somero repaso a su historia, destacando sus acontecimientos más trascendentes hasta llegar a la fecha del terremoto. Y es que otro objetivo de la propuesta apunta al total desconocimiento que la mayoría de alumnos tiene sobre la realidad de determinados estados. “Queríamos plantear por qué sobre algunos países se sabe mucho y sobre otros tan poco”, asegura García.
