Las familias asumen la solución y la culpa en la pérdida de autoridad

Pablo RoviraJueves, 22 de abril de 2010
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En materia de autoridad del profesorado, las familias hacen la herida y ponen la venda, todo en una, según las conclusiones del Estudio Estatal sobre la Convivencia Escolar en la Educación Secundaria Obligatoria desde la perspectiva de las familias elaborado por el Observatorio Estatal para la Convivencia al que ha tenido acceso MAGISTERIO. Eso sí, la mayoría de las familias, el 58,3%, considera que el profesorado ha perdido autoridad.

De esta manera, el 70% de las familias encuestadas está “bastante” o “muy” de acuerdo con que la principal “condición que provoca la pérdida de autoridad del profesorado” es la “inadecuada Educación en las familias, que no transmiten el respeto a la autoridad”. Ésta es la herida. El resto de condiciones principales que provocan esta pérdida de autoridad (con alrededor del 65% de las familias de acuerdo) son “el miedo existente en el profesorado a las denuncias y represalias de las familias”, “falta de reconocimiento en la sociedad a cualquier tipo de autoridad”, “falta de apoyo de la sociedad a la autoridad del profesorado” y “falta de apoyo a las familias al trabajo y a la autoridad del profesorado”.
¿La venda? Que las propias familias reconocen que las tres acciones más relevantes y eficaces que puede hacer la familia para mejorar la autoridad del profesorado son “transmitir el respeto a todas las personas, incluido el profesorado” (62,6% “bastante” o “muy” de acuerdo), “hablar bien del profesorado en casa, manifestando confianza y respeto por su trabajo” (52,2%) y “actuar conjuntamente con el profesorado, con una comunicación continua sobre la situación de mi hijo o hija” (49%).

Según el informe, “las familias parecen relacionar los cambios en la autoridad del profesorado con cambios sociales generalizados respecto a la autoridad. De ahí que no consideren que pueda incrementarse dicha autoridad a través de la sumisión incondicional sino desde un esquema más coherente con los valores democráticos”.

Este informe es uno de los cinco apartados de esta macroencuesta realizada a casi 11.000 familias entre 2007 y 2009 fruto de un convenio entre el Ministerio de Educación y la Universidad Complutense de Madrid (a cargo de la profesora María José Diaz-Aguado) en colaboración con las autonomías del cual el Ministerio sólo hizo público un avance de resultados hace dos años.

En cambio, las familias apenas destacan (sólo un 8,05%) “la conveniencia de defender siempre la postura del profesorado delante de su hijo/a en caso de conflicto”. Es más, como nota curiosa pero sintomática de la diferencia existente entre lo que se dice y lo que se hace, son más los padres (8,8%) que “expresan que su hijo/a siente que el profesorado le tiene manía”, una percepción superior incluso “a la que tiene el propio alumnado (7,7%)”.

De todas formas, la mayoría de las familias (80%) percibe que el profesorado “tiene para su hijo cualidades que caracterizan a la autoridad de referencia”, por lo que consideran que “los problemas de insuficiente autoridad para influir, parece que se limitarían a un 20% del alumnado”, concluye el estudio. Para favorecer la colaboración de las familias en la solución y prevención de los conflictos, los progenitores destacan “la formación del profesorado sobre cómo colaborar con ellos para resolver conflictos”, “la formación a las familias sobre cómo colaborar con la escuela para resolver conflictos” y los “mediadores en el propio centro: alumnado y profesorado” y “proyectos compartidos entre unas y otros”.

Profesor sí; AMPA no
Para las familias españolas, la figura educativa con la que más se relacionan es con el tutor. Así, “la mayoría de las familias afirma tener bastante o mucha relación con el tutor o la tutora del grupo al que pertenece su hijo/a”. También son mayoría las que afirman relacionarse frecuentemente con otras familias. “En sentido contrario, destacan como las figuras con las que tienen menos relación: los representantes de las familias en el Consejo Escolar y el AMPA”. De esta forma, se observa que la relación de la familia con el centro es individual, personal, y no institucional. Más que una relación familia-escuela, se puede hablar más bien de una relación familia-profesorado, donde la importancia de los órganos institucionales de participación y relación, como son el Consejo Escolar y la asociación de padres y madres, se siente como baja. De hecho, los padres no valoran como un obstáculo a la convivencia escolar “la falta de oportunidades para que las familias participen en la escuela” o “la dificultad de comunicación entre las familias y la escuela”. En cambio, “la inmensa mayoría de las familias conoce más de cuatro amigos/as de su hijo/a que asisten a su mismo centro educativo”, señala el informe.

Las familias, de hecho, consideran que “la calidad de la relación familia-escuela es en general bien valorada. Las mejores valoraciones corresponden a “asistimos a las reuniones que convoca el tutor”, “sentimos que en el centro nos respetan”, “colaboramos en la resolución de conflictos”, “sentimos que podemos comunicar al profesorado lo que nos preocupa sobre la Educación”, “a nuestro hijo/a le gusta que vayamos a las reuniones” y éstas “contribuyen a mejorar la Educación”. Por contra, “el indicador en el que se observa una valoración menor de las familias es “colaboramos con la asociación de padres y madres”.

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