Un papel sostenible, una manera de consumir que se exporta aquí y allí
Desde hace años, en Cantabria se está promoviendo el de-sarrollo de dicha metodología realizando formaciones y divulgaciones en centros educativos, tanto formales como informales. Uno de los centros donde se hizo un curso de APS fue el Colegio Público “Cisneros” de Santander.
En el centro buscaron espacios donde poder articular proyectos de esta índole. Es decir, buscaron necesidades que pudiesen satisfacer en la comunidad mediante la aplicación de los saberes aprendidos por los alumnos, que es justo en lo que consisten los proyectos APS. Tras la celebración de la Semana de la Sostenibilidad, comenzaron a preocuparse por el uso y consumo del papel que hacían en el centro. Por ello decidieron aplicar lo aprendido en torno al consumo sostenible de recursos en la investigación de cómo mejorar el uso del papel en toda la comunidad educativa.
Nuestro Papel
Fue así como nació el proyecto de APS, titulado Nuestro Papel, que pretendía conseguir un uso sostenible del papel en su centro escolar.
Ya que durante el curso escolar el centro realiza varias acciones dentro de su programación de la Agenda 21 y que los alumnos habían recibido diversas formaciones sobre consumo responsable y uso sostenible de los recursos, se les dio la oportunidad de aplicar los conocimientos que habían adquirido o estaban adquiriendo. Es decir, conceptos como reducir, usar, reutilizar, papel ecológico, Lista Robinson, el proceso de añadir cloro al papel o el comercio de madera justa pasaban a ser aplicados por los alumnos en su entorno, en su comunidad.
El primer paso que dieron fue estudiar la oferta de papel que ofrecen los diferentes proveedores. Ello les llevó a tener que investigar sobre los sellos de calidad y de autenticidad que poseen los diferentes papeles. Una vez identificados qué papeles son dignos del sello ecológico o de madera justa y por qué, los niños empezaron a calcular los costes que supondría que todo el colegio usara papel de este tipo. Por ejemplo, llegaron a conclusiones como: “Queremos convencer a otros, ya que, cuantos más seamos, el coste del papel bajará y el beneficio para el medio ambiente subirá”, compartieron los alumnos en sus blog.
Tras decidirse por un papel de una marca en concreto, se toparon con otro problema: el distribuidor no servía ese producto en su ciudad, por lo que tuvieron que solicitarlo. Finalmente, consiguieron que su colegio sólo compre papel reciclado. A pesar de las críticas de algunos miembros del centro, pues echan de menos el brillante papel blanco que se consigue a base de aplicar cloro, ahora el colegio puede presumir de hacer un uso responsable y sostenible del papel.
Exportar la idea
No acaba aquí la tarea de los niños que, en las últimas semanas y de forma voluntaria, se han preparado durante los recreos para divulgar su iniciativa en otros centros educativos. Y, como son ambiciosos, acudieron a la Facultad de Educación de la Universidad de Cantabria paracontarnos su iniciativa y para animar al decano a promover el uso de papel reciclado. Además, nos comentaron que su colegio va a usar también papel de madera justa el próximo curso, puesto que, aparte de parabienes ecológicos, tiene beneficios sociales.
Por otro lado, hicieron hincapié en el uso de las TIC para reducir el consumo y derroche de papel mediante la utilización de la Lista Robinson en las comunicaciones, del trabajo con documentos compartidos en Google Docs o a través de la trasmisión de información por códigos QR. Todas ellas son estrategias que facilitan el no tener que imprimir datos y, por consiguiente, gastar menos papel.
En conclusión, el Colegio Público “Cisneros” ha demostrado, una vez más, que el saber aplicado provoca pequeños cambios que impulsan la mejora comunitaria, así como que sus alumnos van incorporando aprendizajes exponencialmente, los cuales los capacitan para provocar cambios ambiciosos que van a mejorar de manera inmediata su entorno.
Gonzalo Silió Sáiz
Universidad de Cantabria