“La Ética no sustituye a la Religión, sino que es universal y la misma para todos”

La filósofa considera un equívoco plantear la asignatura de Ética como alternativa a la Religión, ya que considera que su conocimiento es universal y no debe ser diferente para católicos y laicos, y es partidaria de implantar la materia ya en Educación Primaria y como enseñanza transversal, de forma que cualquier profesor inculque unos valores, comportamientos y hábitos.

Adrián ArcosMartes, 5 de marzo de 2013
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En su nuevo libro Breve historia de la ética, la filósofa Victoria Camps recorre toda la historia de esta disciplina en un solo volumen, desde la Grecia clásica hasta nuestros días, por lo que está llamado a convertirse en lectura de referencia tanto para los estudiantes como para los amantes de la filosofía. En esta entrevista, Camps rechaza que la Ética se plantee como alternativa a la Religión y se muestra a favor de que se convierta en materia transversal.

¿Cómo surge la idea del libro? ¿Puede servir como instrumento de ayuda para profesores y alumnos?
Es el libro que hubiera querido tener mientras he dado clases de Filosofía y de Ética, porque no hay un libro parecido en lengua española y hecho por un autor español. Yo creo que este libro puede ser útil para profesores de Filosofía, pero también para personas de otros ámbitos que quieren acercarse a la ética, sobre todo porque hoy hay mucha confusión sobre qué es la ética y de dónde viene. Y yo creo que explicando la filosofía moral, se entiende bastante bien.

¿Considera adecuada la actual enseñanza de la ética, donde el primer curso en la que se imparte es 4º de la ESO? ¿Se debería empezar su estudio mucho antes?
Creo que en esto nunca hemos acertado. Durante muchos años, la Ética se ha planteado como alternativa a la Religión. Y cuando ya habíamos resuelto el equívoco y habíamos decidido que la Ética fuera para todo el mundo, ahora –con la nueva ley– se vuelve a plantear como antes. La Ética no sustituye a la Religión, sino que debe ser universal y la misma para todos. No hay una ética para católicos y otra para laicos. Habría que empezar desde Primaria, pero claro, enseñándola de otra forma, quizá ni siquiera llamándola ética. Pero la escuela tiene que asumir de alguna forma la enseñanza de la moral.

¿Y qué le parece que la nueva ley elimine directamente la Ética de 4º de ESO?
Ponerla en un solo curso ya es un error, y ponerla para un grupo de alumnos y no para otro, o hacerla optativa, también es otro error.

En el debate actual sobre la importancia de las materias instrumentales, ¿cree que se está menospreciando a las demás, entre ellas la ética?
Hay un concepto que empezó a utilizarse a raíz de la tan criticada Logse, que es la transversalidad, que yo creo que era el adecuado. La ética tiene que ser un conocimiento transversal, más que una asignatura concreta. Debería ser función de cualquier profesor intentar inculcar unos valores, unos comportamientos y unos hábitos. Pero hacer eso es más complejo que poner una asignatura, encargársela a tal profesor y decir que los demás no tienen ahí ninguna función.

¿Por qué es importante para un alumno el conocimiento de la ética?
Es importante el conocimiento y es importante la práctica. Yo siempre digo que no basta con poner una asignatura, aunque sea en todos los cursos, para construir una personalidad moral. La teoría ayuda, pero se construye más con la práctica en la escuela y también en la familia. Por lo tanto, debería impregnar la vía de la escuela, y debería haber un acuerdo de cómo inculcar esos valores. En parte se hace. Yo creo que la escuela hace más que nadie, pero no se acaba de hacer muy conscientemente. Parece que, puesto que los niños están expuestos a una sociedad donde los valores son otros, hay como una cierta sensación de impotencia, de pensar que es inútil, de que hagamos lo que hagamos no vamos a conseguir nada. Y por eso no nos lo acabamos de proponer.

¿Qué le parece la eliminación de Educación para la Ciudadanía?
Fue un tema que –como todos– se politizó demasiado desde el principio. Nadie fue capaz de verlo como una mejora de la Educación y se terminó centrando la discusión en una serie de cuestiones que quizá no tenían por qué estar en la programación –la homosexualidad o el aborto–. Por tanto, desde el principió no se trató bien el debate sobre la asignatura y, además, se introdujo demasiado rápido sin haberlo pensado suficientemente y sin haber analizado lo que se hacía en otros países para intentar copiar lo mejor de ellos. Y la sustitución por una Educación Cívica, supone cambiar el concepto y algunos contenidos del programa, lo que va a desconcertar a los profesores, no se cuenta con ellos y no se valora lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Es decir, todo es un despropósito.

¿Qué contenidos deberían enseñarse a los alumnos, ya sea de forma transversal o desde una asignatura?
Hay que partir de una serie de cualidades, valores o virtudes que debería tener la persona y que debería interiorizarlos como hábitos. Por ejemplo, el respeto a los demás es un valor fundamental sin el cual una democracia no puede funcionar; el sentido de la justicia; la solidaridad; o qué significa ser libre, ser autónomo. Y todo eso adaptándolo a la edad del alumno, porque no se puede enseñar de la misma forma en Primaria que en Bachillerato. Y llegando a lo que se ha querido hacer con Educación para la Ciudadanía, habría que explicar los derechos humanos, qué es una Constitución política, ver cómo finalmente esos valores están recogidos en unos principios que deben ser universales y que, además, forman parte de nuestra estructura política, de nuestras instituciones, y que, en ese sentido, se deben seguir manteniendo y cultivando. Toda esa continuidad la desa-rrollaba la Religión, pero lo hacía con sus normas, y se ha dejado de hacer por una especie de desconcierto, pero también por un cierto miedo de los responsables de la Educación de ser dogmáticos. Ese miedo hay que eliminarlo. O se enseña o no se enseña. Y enseñar es enseñar unos contenidos básicos. Y son los contenidos que nosotros queremos conservar porque pensamos que son buenos. Quizá nos equivoquemos, pero es la obligación de los adultos transmitir esos contenidos.

Hemos hablado de los profesores. ¿Y el papel de los padres?
Yo creo que es más fundamental que el de los profesores. Lo que pasa es que la familia lo debe hacer de otra forma, es menos sistemática y tiene una relación más afectiva con los hijos. El profesor tiene la ventaja de que tiene un grupo de alumnos que no son todos iguales, y puede actuar, por tanto, de forma más coactiva. En la familia eso es más difícil. Pero familia y escuela deberían compensarse más y ser más cómplices, que es uno de los defectos de nuestra Educación hoy. Hay que impulsar esa complicidad familia-escuela, sobre todo en ese terreno de los más básico y común.

Se habla de una crisis de valores en la actualidad. ¿Es tal esa crisis?
Crisis de valores ha existido siempre, porque si no hubiera existido, no hablaríamos de ética. Quizá hoy esa crisis es más manifiesta, lo cual es bueno, porque quiere decir que la democracia pone de relieve aquello que se debería cambiar. Tenemos un gran valor que es la libertad individual, que no lo discutimos. De ese valor, tenemos que ser conscientes de que somos libres para hacer cosas bien y para hacerlas mal. Y ahí hay una parte de responsabilidad individual que es difícil de desarrollar e inculcar.

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