“Los exámenes no solo sirven para evaluar, sino que ayudan a aprender”

Carlos CarabañaMartes, 5 de marzo de 2013
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En los albores de la medicina estadounidense, los charlatanes recorrían los pueblos vendiendo aceite de serpiente, un bálsamo de Fierabrás que servía tanto para recuperar el cabello como para curar un catarro e, incluso, como metáfora. Al menos ese es el uso que John Dunlosky, profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Kent, en Ohio, le da al otro lado del teléfono para explicar el motivo que le llevó a liderar un equipo de psicólogos educadores y a escribir Improving Students’ Learning With Effective Learning Techniques (Mejorando el aprendizaje de los estudiantes con técnicas efectivas), un estudio comprensivo en el que evalúa 10 métodos de autoaprendizaje y con el que pretende combatir a los charlatanes que recorren hoy EEUU vendiendo humo a los colegios.

Cuando hablamos de estas técnicas y su calificación, ¿pueden depender de los propios factores del alumno o son de aplicación general?
Esa es una cuestión en la que estábamos muy interesados, ya que queríamos promocionar estrategias que no dependieran de las características individuales de los estudiantes como el nivel o la edad, que pudieran aprender sin necesidad de un entrenamiento ni la figura de un tutor y de las que tuviéramos evidencias científicas de que iban a funcionar. También era importante el precio, ya que en EEUU hay gran cantidad de individuos que se aprovechan del sistema educativo, vendiendo a los centros (caros) métodos, trucos y paquetes.

¿A qué se refiere exactamente?
Lo que hacen estas compañías es ir a los colegios y les ofrecen un servicio muy caro que evalúa el estilo de aprendizaje de cada niño, para luego tratarlos de manera diferenciada. Resulta que no hay pruebas de que esto beneficie realmente a los alumnos, pero como la gente quiere creer que funciona, las escuelas los compran. No me importa decir que estas compañías solo lo hacen por los beneficios y saben que estas técnicas no funcionan, por eso queríamos promocionar técnicas cuya efectividad estuviera basada en pruebas.

Llama la atención que esas evidencias apunten a que subrayar, releer y resumir estén entre esas técnicas de baja efectividad.
Nosotros nos centramos en aquellas que pensamos que funcionarían, y cuando vimos que esas tres no lo hacían nos sorprendimos mucho. Pero visto con distancia nos resulta obvio el motivo. El problema con la relectura es que cuando volvemos al material no solemos estar concentrados y, tras dos páginas, aunque tus ojos se mueven por el texto, tu mente divaga sobre el fin de semana. A todo el mundo le ha pasado. Con el subrayado lo que pasa es que muchos leen, destacan lo importante y ahí se acaba la sesión de estudio. Hay que aclarar que yo nunca le diría a un estudiante que no subrayase, pero hay que considerarlo como el principio del proceso de aprendizaje, volviendo días después a la información y forzándote a procesar activamente el material.

¿Por ejemplo?
En el libro de texto donde ya tienes marcado lo más interesante, cubres con un folio las partes que crees que vas a necesitar y tratas de escribirlas de nuevo en el papel. Si lo logras, es un gran impulso. Si no, sabes que debes volver a estudiarlo. Además estas técnicas ayudan a los estudiantes motivados, esos alumnos que están frustrados debido a que, aunque se esfuerzan y trabajan duro, no lo están haciendo especialmente bien en la escuela. Y parte del problema, creemos, es que pierden el tiempo sin hacer muchos progresos, ya que no están usando las técnicas correctas de estudio.

Su estudio apunta a la autorrealización de exámenes y a la planificación a largo plazo como las dos técnicas de eficacia elevada.
Aquí es importante precisar que los profesores y los alumnos piensan que los exámenes solo sirven para evaluar, pero no se dan cuenta de que les ayudan a aprender más. Cuando los estudiantes se autoexaminan y lo hacen bien, resulta que la correcta recuperación de información impulsa su comprensión y memoria para la materia. La planificación a largo plazo, que vendría a ser estudiar un día e ir volviendo al material cada par de jornadas, tiene beneficios mayores a largo plazo y encima la mayor parte de los estudiantes puede hacerlo. Luego vienen y te dicen: “No me puedo creer cuánto he aprendido”. Yo tampoco podía creerlo. Para hacernos una idea, en la primera sesión tardaban más de una hora en aprender el material y a la tercera tardaban entre 5-10 minutos. Los alumnos que hacen esto ven rápidamente los beneficios, aunque es verdad que hace falta un esfuerzo de planificación por su parte.

¿Pero eso no pasa mucho no? Al menos la sensación es que es más común estudiar el día de antes.
Eso lo llamamos cramming for exam (estudiar para los exámenes). Cerca del 90% de los estudiantes universitarios en EEUU lo hacen, ya que ayuda con el examen del día siguiente. Yo lo hice, tú seguramente también. Pero esa información se va rápido, por lo que no hay que hacerlo con el material que quieras conservar en la mente y recordar a largo plazo, como con los conocimientos que se requieran para la carrera a la que quieras dedicarte. Así que les digo a mis alumnos: “No dejéis de hacerlo, pero haced más cosas para aprender”.

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