Aulas multiculturales: todos diferentes, todos iguales

Es preciso apostar por el lado positivo, que es mayor que el negativo.
Martes, 28 de abril de 2015
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Cada vez más se hace patente la presencia simultánea de ciudadanos de otras culturas que conviven interculturalmente con nosotros. La institución escolar no puede permanecer impasible y tiene que actuar para responder a las necesidades educativas de los ciudadanos y ser reflejo de la sociedad en la que está inmersa.

La inmigración y emigración constante está influyendo directamente en las aulas, surgiendo desde los mismos alumnos dudas, preguntas e inquietudes. Cuando en un aula tienes un grupo-clase donde conviven siete nacionalidades distintas, tarde o temprano los niños, con toda la naturalidad del mundo, te hacen este tipo de preguntas: ¿seño mi amiguito tiene la mano de dos colores?, ¿profe, mi amiguita habla raro? El color de la piel, el idioma, el cabello, el tipo de comida para almorzar, entre otros, son características de cada cultura que merecen la pena tanto aprender como enseñar.

“Todos diferentes, todos iguales”es un principio que debe residir en toda aula. Cuando se aborda este tema nunca se debe perder de vista la dificultad que presenta a nivel de enseñanza-aprendizaje el trabajar en aulas multiculturales, como son a mí entender:

  • El idioma: familias recién llegadas, que no saben comunicarse en la lengua vehicular de la escuela, y en muchos casos ni si quiera en un segundo idioma –inglés–, por lo cual, se hace muy complicado establecer el mero intercambio de información con la familia y con el alumno.
  • La cultura:tradiciones, formas de educar, perspectivas de ver los problemas o los no-problemas. Encontrar un punto medio es casi misión imposible. Por poner un ejemplo, muchas familias centroafricanas, que yo recibo en la escuela no entienden por qué no castigo con mayor “dureza” a los alumnos que se portan mal.
  • La religión: me meto en un jardín, pero me da igual. Ningún niño o niña de 0-6 años lo entiende, por no decir que los más mayorcitos tampoco, y aún así les influye en el caso de los “radicalismos”, de tal forma que es necesario explicar cada paso para ver el lado racional de cualquier situación y no descontextualizarla.

Sin embargo, y pese a estos tres factores que día a día vemos aquellos que trabajamos en zonas en riesgo de exclusión social, es absolutamente preciso apostar por sacar el lado positivo, que lo hay, y es mayor que el negativo. ¿Cómo? Partiendo de la mirada del niño y la niña, partiendo de cómo ve esta sociedad multicultural, lo que a él realmente le llama la atención, y basándonos en eso, poco a poco y con mucho tacto, implicar a las familias para que se involucren en hacerse conocer, para que a la vez conozcan.

Así comencé yo mi experiencia. La razón por la que surgió Proyecto África fue por una situación con cierto toque de humor. Dos amiguitos de 5 años fueron a “hacer pipí”, uno de ellos acabó antes y volvió corriendo a clase y me dijo bastante emocionado y sorprendido: “Profe, mi amiguito además de la cara también tiene el culete marrón”. Fue el momento de abordar los rasgos que nos hacían diferentes e iguales. Se elaboraron fichas, juegos, un rincón africano, un mural de la Sabana, e incluso talleres de cocina. La colaboración de las familias fue espectacular y la motivación de los niños increíble.

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