La familia de acogida o cómo aprender a abrazar

Hace tan solo unas semanas que la Asociación de Acogedores de la Comunidad de Madrid (Adamcam) y la Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (Aseaf) nos recordaban que en España hay un total de “22.000 menores que viven en situación de desamparo”, de los cuales “solo el 15% son acogidos en otro núcleo familiar”.
Estrella MartínezMartes, 17 de noviembre de 2015
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La denuncia de estas asociaciones se justifica en su defensa del acogimiento como la mejor solución posible para los menores.

Arturo San Román, director de Comunicación de Servimedia, moderó un encuentro realizado en la agencia donde se puso de manifiesto la importancia de la acogida. San Román recordó que “dos de cada tres menores que viven con una familia de acogida se quedan con esa familia después de haber cumplido los 18 años”, lo que demuestra que la mayoría, tanto de familias como de jóvenes, están contentos con su situación.

A pesar de los datos citados, María Arauz, vicepresidenta de Adamcam, denunció que el acogimiento “es el gran desconocido en nuestro país”. Existen pocos datos al respecto y también poca información, por lo que se producen “grandes errores” en todo lo que tiene que ver con el acogimiento familiar. Estos errores vienen precisamente del desconocimiento, provocando que “a las familias les dé miedo meterse en esta aventura”, cuando “los que tenemos niños en acogida sabemos que es una maravilla”, prosiguió María. Por ejemplo, “muchos padres no acogen porque piensan que les van a quitar a los niños” para devolvérselos a sus familias biológicas, se quejó, y esto es un error, porque pasa “muy pocas veces”. Hay casos de acogida que tienen vocación de permanencia y otros no, “pero eso algo que se sabe antes de acoger”, por lo que unos padres acogedores saben de antemano si tendrán al menor en casa por un periodo indefinido o no.

Los motivos por los que un menor es declarado en desamparo son muy diversos, recordó Arauz. Se produce cuando la Administración considera que no está bien atendido por su familia por una situación de abandono, porque los padres tengan una patología, por una condena a prisión, por una situación de drogadicción, etc. Estas realidades hacen que sea frecuente que a la hora de acoger a menores de una cierta edad, las familias tengan miedo por las “heridas difíciles con las que pueda venir el niño o la niña, pero la única medicina que cura eso es el amor y eso lo da una familia del tipo que sea”, defendió María.

Historias reales
“Cuando llegas a la familia de acogida es cuando te das cuenta del cariño que necesitas”, explicó Patricia Moyá, de 19 años que todavía vive con su familia de acogida. A ella la acogieron con 9. Antes estuvo en una residencia durante tres años, y allí, por bien que lo hagan, “no es lo mismo”, recordó. Al principio “siempre tienes la pequeña esperanza de que tu mamá se ponga buena” y puedas volver, pero, poco a poco, “te vas dando cuenta de lo que es una vida familiar, como que comprendes además que tu madre no se va a poner buena, pero que está tu otra familia”, añadió. Una “otra familia” que le enseñó cosas tan importantes como la mencionada por María Arauz. “Yo no sabía cómo abrazar, cómo dar un beso”, confesó Patricia, hasta que pasó un tiempo viviendo con su familia de acogida.

Aún así, nadie presentó la acogida como algo fácil. En palabras de Patricia, “al principio fue duro para mí y para ellos, pero, poco a poco, fui adaptándome, encontrando mi sitio con el apoyo de la familia y ahora sigo con ellos y estoy muy contenta”.

Jacinto Marqués es padre de acogida de una familia monoparental, para él “la paternidad es un servicio, la ofreces a quien la pueda necesitar”. Aleix Durán tiene una discapacidad intelectual y es su hijo de acogida, “me puse muy contento cuando me enteré de que Joaquín me quería acoger. Estoy muy bien con él. Me siento arropado y querido”. La familia se completa con Martín, otro hijo de acogida que tiene una discapacidad similar a la de Aleix.

La alegría de Aleix cuando se enteró de que lo querían acoger es habitual. En la residencia “los niños viven en una perpetua situación de incertidumbre”, explicó Patricia. “Mientras que en la adopción la familia espera años, en el acogimiento son los niños los que esperan en los centros”, apuntó María, a quien un niño de 11 años le dijo una vez: “Cada año en la residencia es un año que pierdes, una oportunidad perdida”. María lo tiene claro, “ellos saben que cuantos más años cumplen es más difícil que salgan del centro” y muchos sueñan con vivir con una familia.

María Arauz aprovechó para presentar el II Congreso por el Interés Superior del Niño, que se celebrará en Madrid el 19 y 20 de noviembre. Estas citas son importantes porque “queremos crear una cultura del acogimiento en nuestro país”. Reconoció que la nueva Ley de Protección a la Infancia y la Adolescencia “incluye novedades importantes” en el terreno del acogimiento. Así, “por primera vez el interés del niño es prioritario”, cosa que antes, aunque pueda resultar difícil de creer, no era así. Aún así, todavía queda mucho trabajo por hacer para que la gente comprenda que “el acogimiento es una aventura que merece la pena”, concluyó María.

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