Nuevas experiencias para niños en riesgo de exclusión social

El proyecto Rosinyol Barcelona despliega sus alas un año más con 50 parejas dispuestas a compartir experiencias. Esta iniciativa, organizada por la ONG Servei Solidari, promueve un programa de mentorías entre universitarios y niños de entre 11 y 14 años en situaciones desfavorecidas.
Esther Mª GarcíaMartes, 2 de febrero de 2016
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Las parejas comparten actividades culturales y de ocio.

El objetivo de estos encuentros, según las palabras de una de las coordinadoras, Inma Martín, es “ampliar el capital social” de jóvenes que viven en zonas y barrios de Barcelona con alta tasa de fracaso escolar. Los jóvenes a los que va dirigido este programa suelen tener un nivel socieconómico bajo, realizan pocas actividades fuera de la escuela, son extranjeros que no conocen bien la cultura en la que han de desenvolverse o son estudiantes con problemas de relación con sus iguales.

Cataluña es la comunidad autónoma con más abandono escolar prematuro según el informe El estado de la Educación en Cataluña de 2013. Además, el informe Educación y ascenso social en Cataluña de 2010 ponía de manifiesto que los hijos de familias pobres tienen 14 veces menos oportunidades de continuar estudios superiores que los hijos de familias con rentas de medias a altas. Rosinyol Barcelona nace precisamente con el objetivo claro de subsanar en la medida de lo posible esta situación de desigualdad.

Según Inma Martín, estas mentorías intervienen en tres ejes fundamentales de la vida social y educativa de los menores participantes. El punto principal es el aumento del capital social, los niños entran en contacto con recursos que desconocían; un segundo punto gira en torno al aumento de las expectativas académicas, ya que, al entrar en contacto con los universitarios, conocen más de cerca las instituciones educativas y cómo funcionan; y, en tercer lugar, como resultado de una vida social y cultural más activa, al sentirse parte de un proyecto los niños mejoran su autoestima.

Los estudiantes voluntarios, además de aportar su granito de arena en el desarrollo cultural y emocional de los menores, también se llevan una experiencia con la que descubren nuevas visiones del mundo al acercarse a nuevas problemáticas sociales que los preparan para enfrentarse a entornos multiculturales. Y es que los universitarios que colaboran con el proyecto no provienen únicamente de facultades de Pedagogía, Psicología o Educación, sino que participan estudiantes de un amplio abanico de titulaciones. “Sí que tenemos un convenio con la Facultad de Educación de la Universidad de Barcelona. Son tres estudiantes que analizan de manera más profunda cómo funciona la interacción en las mentorías”, informa Martín. Estos estudiantes usan esta experiencia para elaborar un trabajo académico.

En el caso de los demás mentores voluntarios, los expertos de Rosinyol Barcelona asesoran a los universitarios antes de su primer encuentro con los menores. Además, los responsables deciden cómo forman las parejas basándose en su compatibilidad. Se tienen en cuenta, por ejemplo, las aficiones compartidas o la psicología de ambas partes.

Las mentorías comienzan en enero y acaban en junio. A lo largo del curso se controla semanalmente el desarrollo de la relación de todas las parejas y finalmente se hace un informe global para evaluar los resultados y buscar puntos de mejora para futuras ediciones de Rosinyol, en las que se pretende aumentar el número de parejas y ampliar el radio de actuación a otros barrios de la ciudad de Barcelona. Inma Martín confía en trabajar con más escuelas en la próxima edición, así como llegar a más zonas, pero sin perder la profundidad en el seguimiento y el trato personalizado. Por el momento, 50 parejas comienzan su aventura de colaboración con ganas de intercambiar experiencias que les hagan crecer como personas.

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