Las residencias de menores reclaman el valor de su labor

El trabajo profesional en las Residencias de Menores Protegidos es digno de dar a conocer, motivo por el que vamos a presentar la experiencia llevada a cabo en la Sala Violeta de la Residencia de Menores Protegidos “El Valle” de Madrid.
Martes, 4 de octubre de 2016
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Los educadores de los centros residenciales de menores protegidos de la Comunidad de Madrid atienden a niños de entre 0 y 18 años, que se encuentran en situación grave de desprotección y vulnerabilidad social. Nuestro trabajo consiste en protegerles, cuidarles y atenderles. Esta función recae sobre profesionales de diferentes disciplinas: Educación Social, Pedagogía, Magisterio, Educación Infantil, Psicología o Trabajo Social, entre otras. Su papel primordialmente es, como bien dice Barudy: “satisfacer las necesidades básicas de los niños y niñas para desarrollarse y alcanzar la madurez”.

Por la vulnerabilidad social y emocional de niños se cumplen funciones que conllevan un trabajo muy minucioso:
• Proporcionarles apoyo emocional, poniendo nombre a lo que sienten y ayudándoles a expresar y canalizar su dolor y su rabia de una manera sana.

• Ser tutores de resiliencia: les ayudamos en la superación y aceptación de la adversidad potenciando fortalezas y acompañándoles en el proceso.

• Parentalidad social ejercida por los recursos comunitarios habilitados: familias de acogida, adoptantes o residencias.

Nuestro trabajo, por tanto, tiene unas características muy distintas a las de los centros escolares, ya que nosotros intervenimos sobre las premisas de la precariedad y deprivación afectiva.

La Sala Violeta de “El Valle”
En este momento, en la Sala Violeta de la residencia “El Valle”, viven cinco niños (dos de ellos son hermanos) y dos niñas de edades comprendidas entre los 2 y los 4 años bajo el cuidado de cuatro educadores: uno de mañana, una de tarde, otra de apoyo y otra de fin de semana.

El espacio está organizado en un salón comedor, un baño y una habitación grupal donde duermen todos juntos. Se trata de un espacio compartido donde se hace la vida cotidiana. Los niños van a sus respectivos centros escolares, por lo que la sala violeta y la residencia es su casa mientras están esperando a que se resuelva su situación.

Para la organización de nuestra intervención educativa y las actividades que lo conforman tenemos que hablar de dos planos de actuación: el grupal y el individual.

En el plano grupal de la intervención, tomamos en consideración diversas variables: vida cotidiana, ocio y tiempo libre, dinámica familiar y dimensión institucional y sociocomunitaria.

Para llevar a cabo este trabajo técnico, tenemos diferentes tipos de reuniones: unas de gran grupo, donde participamos todos los profesionales, y otras de ‘grupo-sala’, donde abordamos temas organizativos y programáticos más concretos del grupo. Por otra parte, tenemos una serie de herramientas y recursos que son específicos de las residencias de menores y que nos sirven para intercambiar información y coordinarnos.

Hemos elaborado un calendario donde anotamos todas las reuniones, llamadas, actividades especiales, fichas específicas sobre control de esfínteres, chupetes, ropa escolar y otros aspectos relevantes de la cotidianidad que nos ayuden a coordinarnos, a ser educativamente coherentes y atender mejor a los niños.

Estas programaciones van variando. Por ejemplo, algún año hemos puesto el acento en talleres de cocina y otros en actividades artísticas o escolares. Este año, nos hemos propuesto trabajar de manera más explícita la Educación Emocional y la Lingüística.

En cuanto al plano individual, las tres áreas fundamentales son: identidad y autonomía personal, socialización e integración sociocomunitaria.

Para ver cada caso concreto tenemos comisiones de orientación y unas fichas individuales con un ‘álbum de vida’ o de recuerdos que se entrega a la familia de acogida o biológica cuando concluye la estancia.

Nuestra premisa principal es que cada uno reciba una atención que le de seguridad y estabilidad, compaginando afecto y autoridad, y poniendo toda nuestra ternura y cariño para proporcionarles una experiencia vital grata y feliz.

María Fuertes-Escribano Cortés
Residencia Infantil de Menores Protegidos “El Valle” de Madrid

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