¿Hacia dónde hay que educar?

Martes, 7 de febrero de 2017
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Alguien tiene alguna duda de que, como la medicina, el transporte, las comunicaciones… la Educación también ha de evolucionar? Zygmunt Bauman, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo, decía esto al respecto: “Una enseñanza de calidad necesita propiciar y propagar la apertura de la mente, y no su cerrazón. Cuando el mundo se encuentra en constante cambio, la Educación debería ser lo bastante rápida para agregarse a éste”.

Veo necesario que nos alejemos del tipo de opinión que parece invitar a una batalla entre los que “innovan” y los que no. Hace 40 años se hacían cosas que tienen los mismos buenos resultados ahora, y que tendrán en otros tantos años. Lo que funcionará siempre es que los niños, niñas y adolescentes se sientan queridos, escuchados y útiles. Lo que funcionará siempre, también, es que como maestros demos nuestra mejor versión para sacar la mejor versión de los niños. Algo tan sencillo como eso.

Basta echar un vistazo a la sociedad donde vivimos para darnos cuenta de que hemos de incluir en las escuelas aspectos que hasta ahora aparecían de soslayo, y que el conocimiento, tremendamente importante, no ha de ser lo único que se enseñe. Y para eso hemos de partir de la base de que la escuela es el mejor lugar para ayudar a los padres a educar a sus hijos.

Somos seres sociales
Pensad en todas las acciones que realizáis un día normal. Veréis que la mayor parte de ellas son interacciones con los demás. Somos, pues, seres sociales, y no podemos seguir educando entes individuales. Hemos de enseñarles muchas cosas, claro, del mismo modo que hemos de aprender de ellos. Pero han de saber utilizar ese conocimiento para mejorar lo que tienen alrededor.

En la vida, creedme, hay cosas más importantes que las Matemáticas o la Lengua (y no les resto peso): educar en el respeto a uno mismo, a los demás, a las diferencias, al medio ambiente; educar en la resiliencia, en la escucha, en la reflexión, en la frustración, en el trabajo en equipo; educar en el diálogo, en responsabilidad social, en el compromiso, en la conciencia de que cada paso que demos o cada palabra que pronunciemos va a influir en los demás, y que es nuestra responsabilidad que esa influencia sea positiva. Y es bonito pensar que un maestro puede ayudar a las familias a educar a sus hijos con esos objetivos, porque, pensadlo, solo podemos exigir a los niños y niñas aquello que nosotros podamos darles. Pocas definiciones más bonitas se me ocurren para “maestro”.

Y no nos empeñemos en darles herramientas para el futuro, porque ni tú ni yo ni ellos sabemos qué futuro nos espera. Necesitan herramientas para ahora. Y nosotros, los docentes, también; y las administraciones, también. Miles y miles de maestros en España estamos deseando dar un paso adelante y que nos formen para educar hacia una sociedad mejor. Y la formación a la administración ha de ir de la mano para que empecemos a entendernos.

¿Qué recordáis?
Echad la vista a vuestra infancia y pensad: ¿Qué lecciones recordáis sobre el cuidado de las relaciones humanas? ¿Qué cultura ecológica se os enseñó? ¿Cuánta importancia se le daba a apreciar y valorar la diversidad? ¿Cuántas veces escuchasteis que las diferencias enriquecen? Me gustaría que todas esas preguntas, en pocos años, fueran respondidas con una sonrisa en la cara de los niños que ahora tenemos en las escuelas.

Eduquemos, pues, recordando cada día que lo que queramos en la sociedad debemos promoverlo en la escuela: ahí residen la enorme responsabilidad y el gran privilegio de ser maestros.

César Bona
Maestro de Primaria, finalista del Global Teacher Prize y autor de los libros La Nueva Educación y Las Escuelas que cambian el mundo.

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