Aprender inglés en un colegio con 26 nacionalidades diferentes

Es habitual que los alumnos lleguen al centro sabiendo su lengua natal, pero no el español y en muchos casos tampoco el inglés.
Estrella MartínezMartes, 23 de mayo de 2017
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El Centro de Estudios “Castilla” es una cooperativa que está en el madrileño barrio de Lavapiés. Es un colegio de Infantil y Primaria que tiene alrededor de 225 alumnos de 26 nacionalidades. Es un centro laico donde se otorga mucha importancia al aprendizaje del inglés. Es habitual que los alumnos lleguen al centro sabiendo su lengua natal, pero no el español y en muchos casos tampoco el inglés. Así que se trata de que los pequeñitos vayan aprendiendo castellano e inglés.

Sin embargo, el colegio no desarrolla el plan de bilingüismo de la Comunidad de Madrid porque “a nosotros no nos parece adecuado”, defiende Juana Isabel Cabezas, presidenta de la cooperativa, directora titular del centro y profesora de Primaria. El hecho de que se den varias asignaturas en inglés hace que “al final ni aprendas Naturales, ni aprendas Sociales, ni aprendas inglés”. Al tener una “inmensa mayoría de niños que no tienen como lengua materna el español, nos parecía muy complicado dar Ciencias Naturales y Sociales en inglés cuando ni siquiera hablan español”, completa Encarna Hernando, directora pedagógica y profesora de Infantil. Así pues, se acogieron a un programa bicultural que tiene Ucetam –Unión de Cooperativas de Enseñanza de Trabajo Asociado de Madrid–. Han añadido media hora más al horario habitual y a cambio tienen una hora diaria de Inglés. Esto no quiere decir que “pensemos que sea malo el plan de bilingüismo, habrá colegios donde les esté funcionando fenomenal, pero en nuestro colegio estoy segura de que no funcionaría”, matiza Encarna. La Consejería de Educación les dio el visto bueno y así trabajan desde hace cuatro años.

“Nosotros nos tomamos el Inglés como algo más comunicativo. Para mí es más importante que interactuemos, que empiecen a sentir el inglés como un medio de comunicación entre ellos, que se vayan adaptando –que pregunten las dudas en inglés, que hagan los trabajos en inglés, que hablen en inglés…–. Ya tendrán tiempo de aprender en el futuro cómo es la fotosíntesis en inglés”, defiende José Manuel Montero, profesor de esta asignatura.

El centro completó el modelo de Ucetam con uno propio. De las cinco horas a la semana que dan de Inglés, dos corren a cargo del profesor, donde se tratan más contenidos gramaticales, y en las tres restantes está el profesor con una auxiliar de conversación, donde el diálogo es protagonista. Vía Ucetam tienen un convenio con distintas universidades norteamericanas, así como con el Instituto Franklin de Alcalá de Henares. Así pues la excusa en las clases centradas en la conversación es la cultura norteamericana. Cuando MAGISTERIO visitó el colegio, el tema era el Gran Cañón. Comparan la cultura española y la norteamericana, aprovechan para meter contenido de otras asignaturas como Naturales al hablar, en este caso, de los relieves geográficos. “No se trata de que aprendan mucho de Estados Unidos, sino de crear una excusa para motivarlos y trabajar el inglés”, explica José Manuel. “Yo, por ejemplo, estoy ahora en Infantil con los animales, pues Kristen –la auxiliar– entra con los animales en clase como profesora de Inglés, vamos siempre en paralelo”, añade Encarna.

Kristen Kosmider es la auxiliar de conversación de todos los cursos: “Es interesante ver cómo los pequeñitos adaptan la lengua, cómo usan el spanglish”, comenta divertida. “Ellos me enseñan sus culturas y yo les enseño la mía”, –ella es norteamericana–. Y es que “aquí ves niños de 3 años que hablan al mismo nivel español, que inglés, que su lengua materna”, apunta Encarna. “En una misma frase te pueden soltar los tres idiomas. Buscan estrategias para comunicarse. Hay unas ganas locas de comunicarse por la propia naturaleza del niño. Yo he visto a niños conversar en dos idiomas. Uno habla en un idioma y otro le responde en otro, y no parecer en ningún momento que aquello fuera raro. Creo que es muy rico tener eso en el aula”.

Más allá del inglés
Más allá de la importancia del inglés, el “primer objetivo cuando un niño llega a este colegio es que esté feliz, que esté contento porque, si no, no vas a conseguir absolutamente nada. Me da igual que de aquí a un mes no haya aprendido nada, pero sabe cuál es su entorno, lo conoce, se siente a gusto, se siente bien”, explica la directora. “Cuando ya está contento, puedes empezar a trabajar con él”. El orientador Alejandro Jiliberto afirma que “para estos niños el mejor sitio del mundo es el colegio. Son felices de venir. Están contentos”. Explica que “aquí se trabajan muy bien las relaciones. El cuidado, el estar atentos. Hay muchas habilidades que se están desarrollando completamente por el exceso de complejidad que hay”.

Todos reconocen que el trabajo no es fácil, pero no pueden ocultar su implicación y ganas. “La Educación tiene que ser muy individualizada, le vas pidiendo a cada uno lo que puede dar”, cuenta Juana. “Tenemos dos profesores de compensatoria” y los propios docentes ejercen también como profesores de apoyo. “El profesor que sale de una clase, se va a otra a hacer una clase de apoyo”, dice Juana. Así, es habitual que profesores de Primaria, por ejemplo, hagan clases de apoyo en Infantil.

El trabajo gira en torno a “que los niños aprendan a pensar, a convivir y a asimilar lo que se está haciendo”, dice el orientador. Las diferencias de raza, cultura, religión, lengua hacen indispensable trabajar el respeto. “Lograr que estos niños reflexionen y aprendan a convivir es una tarea principal que, a veces pienso que en los colegios ‘normales’ está faltando”. dice Jiliberto. Y ciertamente conviven, y conviven muy bien. Ejemplo de esto es otra peculiaridad del centro: dadas sus limitaciones, todos los alumnos comparten patio. “Niños de 12 años juegan en el mismo patio que los de 3”, dice el orientador, uno de los motivos por los que “el grado de cuidado de un niño a otro aquí es especial”. El patio es uno de los lugares donde los alumnos aprenden que “la comunicación es el eje de la convivencia”, añade Alejandro. “Estos niños saben desde los 3 años que hay que usar las palabras”. En definitiva, “se está haciendo de la principal debilidad una estrategia”, completa el orientador.

Otras de las realidades que atañe a estos niños es el “déficit de realidad”, en palabras de Alejandro. No puedes pedir a los críos que escriban sobre un parque de atracciones porque muchos no saben ni lo que es, añade José Manuel. “La gran barrera es que utilicen los recursos de Madrid. No conocen el Paseo de la Castellana y lo que conocen, como el Museo Reina Sofía, es porque van con el colegio”, apostilla el orientador. Desde el colegio tratan de hacer todas las excursiones posibles. Andando, claro, porque “los autobuses valen muy caro”, aclara Encarna. Esta labor se completa con la de distintas asociaciones y organizaciones que trabajan en el barrio, con las que colaboran estrechamente y que realizan tareas con los chavales fuera del horario escolar.

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