Aumentan los expedientes por violencia filio-parental

Un informe de la Fundación Amigó recoge que en España se abrieron 4.898 expedientes a menores por violencia contra sus padres durante 2015.
Estrella MartínezMartes, 30 de mayo de 2017
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La Fundación Amigó es la responsable del informe Violencia filio-parental. Una realidad invisible, que recoge que en España se abrieron 4.898 expedientes a menores por violencia contra sus padres durante 2015, haciendo que este tipo de delitos suponga un 18,53% del total de los expedientes abiertos a menores de edad. María José Ridaura, psicóloga de la fundación, resalta que “se estima que solo se denuncian los casos más graves, entre un 10% y un 15% del total, por lo que estamos hablando de un problema que en la mayoría de las ocasiones es oculto y es necesario dar visibilidad y concienciar a la población del problema existente”. Estas situaciones se suelen invisibilizar, quedando en el ámbito privado, por miedo o vergüenza.

El informe define la violencia filio-parental como “el conjunto de conductas reiteradas de violencia física, psicológica –verbal o no verbal– o económica dirigida de los hijos e hijas a los progenitores o a aquellos adultos que ocupan su lugar. Hay que señalar que se excluyen las agresiones puntuales y las que se producen en un estado de disminución de la conciencia que desaparecen cuando esta se recupera –intoxicaciones, síndromes de abstinencia, estados delirantes o alucinatorios–. También se excluye la violencia ejercida por personas autistas o con deficiencia mental grave y el parricidio sin historia de agresiones previas”.

El informe recoge, según datos de la Fiscalía General del Estado, que desde 2008 disminuye el número de expedientes abiertos a jóvenes por cualquier tipo de delito, mientras que el número de casos de violencia filio-parental crece desde 2013. Entre 2013 y 2015 los expedientes abiertos a jóvenes por cualquier tipo de delito disminuyeron un 10,02% –de 29.428 a 26.425–, mientras que los casos de violencia filio-parental subían un 5,13% –de 4.659 a 4.898–.

El informe aclara que hasta 2010 las agresiones de hijos a padres se archivaban como delitos de violencia de género, solo se empezaron a catalogar de manera diferente a partir de ese año.

Algunas características
El estudio afirma que existe un cambio de perfil de los menores infractores. Ya no se trata casi exclusivamente de casos de jóvenes en exclusión social, sino que ahora la mayoría pertenece a la clase media o alta y son principalmente chicos, aunque el número de chicas va en aumento, con problemas leves o graves de consumo de drogas. Esto no quiere decir que la droga sea la causante del maltrato, sino que supone una “influencia directa”, matiza el informe, que explica que los jóvenes que ejercen este tipo de violencia tienen mayor consumo de drogas que la población general.

El rango de edad es de entre 13 y 17 años. El tipo de violencia se divide en una de carácter más psicológico y emocional, la que ejercen generalmente las chicas, y otra de corte más físico, que es la que suelen ejercer los chicos. Por otro lado, estos jóvenes suelen tener un bajo o irregular rendimiento académico. Aún así, este rendimiento suele ser superior al de otros menores infractores, pero peor que el de la población general. A esto se une que muchos de estos jóvenes han presentado conductas agresivas en los centros escolares y también es frecuente que hayan sido víctimas de agresiones por parte de otros en el ámbito social, familiar o escolar.

En cuanto a las pautas de crianza que han recibido los jóvenes, el informe apunta a que son “inadecuadas, sin normas coherentes y consistentes, y con déficit de comunicación, siendo los estilos que mayor riesgo suponen el sobreprotector, el autoritario y el negligente-ausente”.

Fundación Amigó defiende que la Educación en el campo familiar tiene que girar en torno a tres ejes: afecto, comunicación y disciplina.

Casos reales
La página web de la fundación recoge casos reales relacionados con la violencia filio-parental. Un joven de 17 años, que lleva nueve meses cumpliendo medida judicial en un centro de menores valenciano gestionado por la fundación, reconoce que gracias a Amigó ha aprendido “a valorar a mi madre, porque no la valoraba”. Afirma haber aprendido a reaccionar “cuando me pongo nervioso”. El joven cuenta que antes no pensaba que su madre podía tener razón, pero ahora sí se para a pensarlo llegando a la conclusión de que sí puede tenerla. “Antes no lo pensaba y ahí empezaba todo”. Como él mismo explica, acabó en el centro porque “tenía problemas en la calle y broncas en mi casa, pero, sobre todo, por enfrentarme a mi madre de malas maneras. Le insultaba y alguna vez llegué a agredirla”.

Por otro lado, Elena tiene tres hijos adolescentes, dos chicas y un chico. Les costaba aceptar las normas y discutían, llegando a recibir insultos y agresiones físicas. Pidió ayuda al Proyecto Conviviendo de la fundación. “Me encontré en una situación de absoluta pérdida y no sabía qué hacer . Mi casa se convirtió en una bomba de relojería”. Como parte de la recuperación del vínculo afectivo, madre e hijos hacen dinámicas de grupo y terapias individuales. “El hecho de que mis hijos quieran venir supone que ellos aceptan la ayuda, por lo que veo que poco a poco van aceptando las normas y límites”.

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