“Si los niños no estuvieran aburridos, serían más creativos”

Sandi Mann critica en esta entrevista que, justo cuando vivimos en una sociedad sobreestimulada que produce niños y adultos aburridos, el aburrimiento se ha convertido en un tema tabú. No nos damos permiso para reconocer que nos aburrimos.
Estrella MartínezMartes, 27 de junio de 2017
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Sandi Mann.

Sandi Mann es doctora en Psicología y profesora asociada de Psicología de la Universidad Central de Lanchashire (Reino Unido). En España Plataforma Editorial ha publicado su libro El arte de aburrirse.

“Mi primer trabajo después de graduarme fue de dependienta en una tienda de ropa muy tranquila, donde me aburría tanto que me dedicaba a desplegar y a plegar suéteres solo para tener algo que hacer. Así comenzó en mí un interés permanente en el aburrimiento”, relata en el libro.

Sin embargo, la autora no está en contra del aburrimiento como tal, al que califica como “realmente beneficioso”. Puede ser una “fuerza poderosa, motivadora”. Lo que ella ataca es cómo le damos la espalda, haciendo como si no existiera, precisamente cuando vivimos en una sociedad que produce masivamente niños y adultos aburridos.

Su estudio sobre el aburrimiento la ha llevado a las situaciones más dispares, como a preguntar a profesores qué hacen cuando se enfrentan a la tediosa tarea de tener que vigilar un examen. Encuesta de la que salieron las respuestas más particulares e inesperadas.

La escritora critica que a una escuela donde prima la sobreestimulación, le sucede una vida en la que el niño es sometido a un sinfín de actividades y planes para llenar su tiempo sin dejar un momento a la inactividad, con la carga negativa que esto conlleva. “Esperar que la vida sea una montaña rusa de entretenimiento constante no es una buena preparación para el mundo de los adultos”. Pero, a pesar de todo esto, el niño se aburre. “Las últimas investigaciones a gran escala sugieren que el 66% de los estudiantes se aburre en la escuela cada día como mínimo”.

Dices que como sociedad no nos damos permiso para reconocer que alguna que otra vez nos aburrimos. ¿Esto a qué se debe?
El aburrimiento tiene tan mala prensa que nos sentimos culpables cuando estamos aburridos, tenemos que estar ocupados todo el tiempo. ¡Nos sentimos culpables si no estamos haciendo algo en todo momento!

También afirmas que los padres parecen ver el aburrimiento de sus hijos como una ofensa personal a su capacidad de crianza. ¿Puede ser que sientan que si sus hijos no están ocupados todo el tiempo no van a desarrollar al máximo sus capacidades?
Sí, los padres sienten que para dar a sus hijos todas las ventajas en la vida les deben proporcionar actividades ricas y satisfactorias en todo momento. Darles tiempo para que se aburran parece que se considera como de ser malos padres hoy en día.

Sin embargo, los niños también necesitan tiempo para aburrirse, ¿por qué?
Porque cuando estamos aburridos nuestras mentes están siempre activas. Siempre estamos buscando algo que nos estimule. Si no tenemos nada a mano para hacer, entraremos en nuestras propias mentes y crearemos algo. Esta es la razón por la que los niños que se aburren encuentran siempre algo creativo con lo que entretenerse. Esto significa que están aprendiendo a usar medios activos dentro de sus propios cerebros para obtener la estimulación que necesitan en lugar de depender de medios externos. Esto les ayudará a ser adultos autosuficientes y creativos con mejor concentración y atención.

Resulta inquietante leer en el libro que, aunque cada vez hay más y más maneras de entrenernos, parece que en la escuela, en el trabajo, en nuestro tiempo libre, nos aburrimos más que nunca. Afirmas que cuantos más estímulos tenemos, más anhelamos.
La estimulación se basa en experiencias nuevas e innovadoras. La novedad es adictiva, recibimos un golpe de dopamina cada vez que vemos algo nuevo. La dopamina es el químico que hace que nuestro cerebro se sienta bien y es adictivo. Pero, tan pronto como lo hemos visto, ya no es nuevo, así que necesitamos más y más para conseguir ese mismo nivel de dopamina al que nos estamos acostumbrando. Así que estamos constantemente buscando más y más cosas nuevas y emocionantes para conseguir ese golpe de dopamina. Nuestra constante búsqueda de la estimulación significa que no podemos atender y concentrarnos en algo durante mucho tiempo.

¿Y hay algo que podamos hacer?
La respuesta es reducir nuestra necesidad y dependencia de la estimulación constante para que nos acostumbremos a bajar los niveles de dopamina en nuestro cerebro y dejar de ansiar más.

Dices que las escuelas están creando una sociedad propensa al aburrimiento y que esto tiene que ver con las nuevas tecnologías. ¿Por qué? ¿Qué papel deberían desempeñar estas nuevas tecnologías en las escuelas y hogares de los niños?
Las nuevas tecnologías alimentan la necesidad que tenemos de una estimulación constante y nueva. Las escuelas son ahora lugares altamente estimulantes con vertiginosas innovaciones que se presentan constantemente para captar la atención de los niños. Como he dicho, cuanta más estimulación tenemos, más necesitamos, así que los niños están cada vez más, y no menos, aburridos. La tecnología tiene su lugar, pero cuando reemplazamos libros con libros virtuales que producen sonidos, ruidos y una animación que cambia rápidamente, hemos perdido algo vital: la capacidad de imaginar y crear en nuestras propias cabezas. Demasiada estimulación es contraproducente y conduce a la dependencia de estímulos siempre cambiantes. Es entonces cuando nos preguntamos ¡por qué los niños no pueden concentrarse durante periodos de tiempo más largos!

Acabas de recomendar la reducción de la necesidad de estimulación constante. En el libro afirmas además que si los niños hicieran terapia de tiempo de inactividad desde su nacimiento, se podrían, si no eliminar los casos de TDAH, sí su gravedad y frecuencia. ¿Cómo puede ser eso?
Bueno, como he dicho, a los niños les damos tantos estímulos que crecen necesitándolos constantemente. ¡Y luego decimos que tienen TDAH y los drogan! Vamos a intentar un ritmo de vida más lento, intentemos darles actividades de estimulación más baja como libros, papel y lápices de colores, etc. Démosles tiempo de inactividad para que creen su propio entretenimiento. Enseñémosles a no depender de la novedad y del cambio acelerado, sino a divertirse y centrarse en un mundo de estimulación más baja, en el aquí y el ahora.

En el libro te preguntas por qué el aburrimiento en las aulas escolares se ha estudiado tan poco. ¿Por qué consideras que sería importante investigarlo?
Para involucrar más a los alumnos. Conseguiríamos que hubiera menos absentismo y que las notas fueran más altas. Tendríamos también niños más creativos con más capacidad de concentración.

Entonces, ¿qué hay que hacer cuando un niño te dice en casa o en la escuela que se aburre?
En casa dile que ¡estupendo! Y déjalo con su aburrimiento. Eso sí, hay que tener a mano recursos de estimulación más baja como te decía antes: libros, papel, cartas, telas, lápices de colores y ¡verás lo que hacen! En la escuela se trata de reducir la expectativa de estímulo constante que está llevando a los alumnos al aburrimiento a largo plazo. Hay que intercalar actividades de estimulación baja con las altas. El aprendizaje activo es el mejor. Demasiadas correcciones, repasos y exámenes son aburridos porque son repetitivos. Demasiadas repeticiones son el enemigo de la estimulación.

Entiendo que el ideal debe ser una escuela que no sea aburrida y que al mismo tiempo trabaje el aburrimiento con sus alumnos, que no le dé la espalda y que, en cambio, lo trate como una emoción más, con sus aspectos positivos y negativos.
Bueno, no debemos tener miedo del aburrimiento ocasional. Los niños tienen que aprender que la vida no es siempre emocionante y estimulante, que a veces tenemos que trabajar los periodos de aburrimiento para llegar a las cosas buenas.

¿Cómo se consigue una escuela que trabaje en esta línea? En el libro das algunas pautas como separar a los alumnos por capacidades, lo cual es un tema polémico.
Es mejor que tener alumnos aburridos y desinteresados, que es lo que tienes si el trabajo es muy duro para unos y muy fácil para otros. Es difícil hacerlo bien en una clase donde las capacidades de los alumnos están mezcladas.

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