“Si queremos grados con competencias reales, menos de cuatro años imposible”

El rector de la Universidad Complutense, Carlos Andradas, se encuentra inmerso en el Plan de Reestructuración que prometió en su programa electoral. Los departamentos se reducirán un 60% y se pasará de 26 a 22 facultades, entre otras medidas.
Milagros AsenjoMartes, 20 de junio de 2017
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Carlos Andradas.

El Plan de reestructuración de la histórica institución académica es uno de los objetivos prioritarios del rector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Carlos Andradas, ya que en su programa electoral se comprometió a “abordar un proceso serio, valiente y decidido para mejorar nuestro modelo de organización con el fin de poder crecer y mejorar la eficiencia de nuestra tarea docente e investigadora”, y en ello está. Según el Plan, los departamentos se reducirán un 60% y se pasará de 26 a 22 facultades.

Catedrático de Álgebra, el rector de la UCM, que cuenta con 80.000 alumnos y 5.000 profesores, es autor de más de 40 trabajos de investigación en revistas de impacto en el campo de geometría algebraica. Científico de renombre internacional, ha sido profesor visitante en numerosas universidades y realizado estancias de investigación en instituciones de Europa y América.

El profesor Andradas se muestra a favor de que una universidad pública gratuita y duda de que los grados de tres años puedan otorgar unas competencias profesionales reales.

“El Plan Director de Reordenación de Estructuras de la Universidad Complutense quiere dinamizar y racionalizar estas magnas estructuras”, afirma el rector de la UCM, quien resalta que “la reordenación de la Universidad Complutense atañe a todas las estructuras: departamentos, facultades y servicios administrativos”. Además, advierte de que, después de un año de discusión, pero formalmente desde hace seis meses, “cuando pusimos el plan por escrito, hemos visto que necesitábamos velocidades distintas para cada una de las estructuras”. Por ello, “nos hemos centrado en departamentos como objetivo inmediato y, casi simultáneamente, abordaremos algo de la reforma administrativa. Y hemos pospuesto, sin abandonarlo, el tema de los centros”.

El plan ha suscitado polémica, ¿cuál es su objetivo?
Su objetivo es favorecer el crecimiento y fortalecer la universidad y sus estructuras para hacer frente a los nuevos retos en docencia e investigación con una mayor solvencia y calidad. El mundo se va haciendo cada vez más transversal, los grandes problemas son interdisciplinares. El cambio climático, la arquitectura, la sociología o los avances médico-científicos conviven y se interrelacionan. Hay que utilizar áreas mixtas de colaboración.

¿Les ha guiado el ahorro o la modernización?
Fundamentalmente, la modernización, la búsqueda de una estructura más rica y más flexible que nos permita afrontar mejor el futuro. Habrá algún ahorro pero no significativo. No tiene sentido que áreas de conocimiento estén divididas, lo que impide tener una visión global de las necesidades, porque ahora hay áreas fragmentadas entre facultades y podemos encontrar en unas exceso de personal y en otras, déficit. Incluso se da el caso de enseñanzas idénticas organizadas de manera diferente. Por tanto, buscamos una organización más racional y sensata.

¿Cuál es el calendario?
En el último Consejo de Gobierno aprobamos las directrices para la constitución de los nuevos departamentos y se adquirió el compromiso de que antes de finales de junio nos llegaran los propuestas de los centros, que deben ajustarse a las directrices, de cómo configurar los nuevos departamentos. La intención es irnos de vacaciones con todo resuelto. Es decir, que a lo largo del próximo curso quedarán constituidos los nuevos departamentos y la programación docente del curso 2018-19 se hará de acuerdo a ellos.

¿Por qué ha sido contestado el proceso?
Hemos intentado convencer a todos de que hay que pensar globalmente en la universidad, en que es lo mejor y ver que es una estructura producto de cómo han evolucionado las cosas, no de que se haya previsto así. Hay que repensar todo, romper determinadas tradiciones y hacerlo con personas con edad media alta, que es más difícil. Es necesario mirar al futuro porque estamos tomando decisiones que, probablemente, no nos van a afectar. Es verdad que ahora estás en un departamento donde conoces a todos desde hace 15 o 20 años y vas a pasar a uno de 35 personas, donde lo tuyo no es más que lo de los demás. En definitiva, hay que romper con una cierta comodidad y decir a los jóvenes que queremos que se integren y cuenten con una estructura estimulante, rica y atractiva.

Usted habla de que la edad media del personal de la Complutense es bastante alta. ¿También ha influido esto en la aplicación de Bolonia?
Ha costado, pero Bolonia se ha implantado con normalidad, está rodando. No obstante, a veces nos hemos pasado de frenada y hemos ido a grupos excesivamente pequeños y a una dedicación presencial excesiva, que impide a los alumnos pensar y razonar más allá del día a día. En algún momento habrá que hacer alguna reflexión sobre ello. Por el contrario, se ha puesto más en valor el papel del profesor, con más horas de dedicación. Y esto hace que algunos estén saturados.

La economía de la Complutense ha pasado por tiempos difíciles, ¿cómo está ahora?
Hemos mejorado en algo importante y es que la Comunidad de Madrid nos ha pagado las sentencias que habíamos interpuesto y ganado. Eso significa que tenemos dinero para ejecutar obras, inversiones que no se habían podido acometer. Pero solo para inversiones, porque en el gasto corriente no hemos tenido cambios, salvo los recortes. La subvención nominativa que actualmente recibimos para gastos corrientes es de 60 millones menos que en 2012, y aquí no hemos recuperado nada.

¿Pero están más desahogados?
Algo más que hace unos años porque la deuda está encauzada, nos vamos poniendo al día mediante el pago aplazado de esa deuda. También ha habido muchas bajas de personal docente y administrativo, cerca de 900 personas, que tenemos que recuperar con la vuelta al 100 por 100 de la tasa de reposición.

¿Qué porcentaje de ingresos suponen las tasas?
La aportación de los alumnos, cuyo número se ha estabilizado en nuestra universidad, apenas cubre el 20% y eso sumando títulos oficiales y propios.

En su opinión, ¿deben subir o bajar los precios de las matrículas?
Yo defiendo que la universidad pública sea gratuita como servicio público de Educación Superior al que puedan acceder todos los que reúnan las condiciones debidas. Tenemos el ejemplo de grandes universidades europeas y americanas. Es lo único que garantiza la igualdad de oportunidades para el acceso a la Educación Superior. Desde que llegó el nuevo gobierno, la Comunidad de Madrid comparte esa idea y ya ha comenzado a bajar las tasas. Primero, un 10%; después un 5% y el próximo curso todavía no sabemos.

¿Habrá algún tipo de compensación de esos ingresos que pierden?
La condición que pusimos las rectores de Madrid al consejero de Educación y a la presidenta regional fue que esa bajada de precios debía ser compensada, y ha mantenido el compromiso las dos veces que ha actuado.

¿Qué piensa de la financiación universitaria por objetivos?
Me parece bien un modelo con una parte de financiación básica, que garantice el funcionamiento de cada universidad, y otro por objetivos.

La duración de los estudios de Grado sigue suscitando controversia. Para usted, ¿deben ser de tres o de cuatro años?
Antes había carreras de cinco años y ahora se han reducido a cuatro. ¿Se puede comprimir eso aún más, en tres? Muchos lo dudamos, salvo en algunos casos.

¿Por qué tantas reticencias en adoptar una decisión?
La reticencia viene de ahí. Muchos de los que defienden tres años están prensando en el modelo antiguo de cinco, enmascarado en el 3+2. Si lo que queremos es “casi forzar” que los alumnos hagan cinco, bueno. Si queremos un título de Grado con unas competencias profesionales reales, dudo de que en tres años se logre, menos de cuatro años es imposible.

La comparación con otros sistemas provoca confusión…
En efecto, existe una cierta confusión internacional, porque si bien en Europa muchos países optan por grados de tres años, en el continente americano, tanto en el norte como en el sur, y en Asia, el modelo es cuatro. Es decir, el modelo estándar de tres años nunca es cierto. Sinceramente, mucho de lo que hay detrás del tres es que se está pensando en el cinco. El 3+2 ahora y así, no; primero, igualemos las tasas del Máster con las de Grado y después, nos plantearemos si conviene cambiar la duración.

¿Qué decir de las universidades temáticas?
A mí, personalmente, no me gusta porque, de alguna manera, lo temático es contradictorio con el sentido de la universidad, que es abierta y universal, y debe acoger todos los saberes.

En relación con el gobierno de las universidades, ¿cambiaría el modelo?
Creo que hay que simplificar la burocracia y las estructuras, lo que no significa cambiar la forma de elección del rector.

En los últimos tiempos, da la impresión de que la universidad española ha perdido vitalidad…
Es posible, aunque la está recuperando. Es verdad que de alguna manera se había encerrado en un corsé académico que disminuía su participación social o política. Ahora creo que se mira de nuevo a la universidad como referente y voz autorizada en la interpretación y resolución de los grandes interrogantes de nuestro tiempo y se pide su implicación.

Tal vez a los políticos les convenía ese silencio…
Sí, probablemente no querían escuchar la voz crítica de la universidad, que sigue siendo independiente y nunca será silenciada.

Para finalizar, hablemos de polémico tema de los rankings. ¿Por qué en muchos de ellos la Complutense no aparece en el lugar que merece?
Porque los rankings están muy mal hechos. Los indicadores que se aplican en todas las universidades, no solo en la Complutense, no son los adecuados. Nosotros vamos a seguir trabajando, hemos creado una unidad, el Centro de Inteligencia Institucional, con el fin de tener información de datos hacia el exterior y, a la vez, hacer retrospecciones para tomar decisiones objetivas.

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