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De la dirección escolar administrativa al liderazgo pedagógico

Directores españoles consensúan un Marco para una buena dirección en el que se pase de la gestión burocrática a un verdadero liderazgo para el aprendizaje.
Diego FranceschMartes, 9 de enero de 2018
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La Federación de Asociaciones de Directivos de Centros Públicos (Fedadi) ha presentado recientemente un Marco Español para una Buena Dirección que pretende recoger el conjunto de “competencias profesionales que caracterizan un buen ejercicio de la dirección escolar en España”, al tiempo que demanda las “condiciones estructurales y organizativas necesarias para llevarlas a cabo”.

Según figura en la introducción, este marco supone un “cambio de perspectiva: en lugar de centrarse en las tareas o funciones que deben cumplir quienes ejercen la dirección escolar, delimita sus competencias”.

Además, diseña un “mapa de dimensiones, competencias y prácticas profesionales que comprenden el ejercicio de una ‘buena’ dirección”. También configura un “perfil de desempeño” de acuerdo con las tendencias internacionales y lo que la investigación muestra sobre prácticas de éxito en la dirección.

Déficit de identidad
Según Fedadi, “la dirección escolar en España arrastra un déficit de identidad profesional”. “Estar provisionalmente en la dirección, sin formación específica para su ejercicio, no ha contribuido, en muchos casos, a sentirse individualmente como tal director o directora”, reconoce el documento.

Por otra parte, la “falta de profesionalización en la selección” ha impedido reconocer que las tareas y competencias que se exigen a la dirección configuran una actividad “distinta de la docencia”, dice el documento. “La reiterada falta de personas dispuestas a asumirla, seguramente, es producto entre otras razones de un malestar identitario”, añade el marco.

Una de las reivindicaciones de este marco de la dirección es reivindicar el “profesionalismo” de la dirección. A este respecto, el documento señala que “la dirección escolar en España en las últimas décadas presenta graves déficits para dinamizar e incidir en la mejora de sus respectivos centros educativos”. Y añade: “De modo creciente se ha ido mostrando insuficiente para el ejercicio de un liderazgo pedagógico, donde cada equipo directivo pueda hacerse cargo y responde, con los apoyos oportunos, de la mejora educativa de su centro”.

Para avanzar en esa profesionalización, el marco propone “contar con unos equipos directivos con capacidad pedagógica, cuya función principal debiera ser dirigir y liderar el Proyecto Educativo de Centro, de acuerdo con su concreción en el Proyecto de Dirección”. Por otro lado, “para tener capacidad de mejora, el liderazgo ha de estar distribuido o compartido entre todos los miembros, haciendo del centro un proyecto conjunto de acción”, añade. Por eso, la profesionalización que se reclama “no tiene por qué oponerse a la participación democrática, dado que el ejercicio del liderazgo exige la implicación del profesorado y del resto de agentes educativos”, señala el documento.

Pero ese liderazgo pedagógico que propugna el documento, más allá de una dirección administrativo-burocrática como la que prima en este momento, requiere –según el documento– de, entre otros, “autonomía y dirección pedagógica”, dos “potentes dispositivos para que las escuelas, como organizaciones, puedan dar respuestas personalizadas acordes con las demandas de sus respectivos contextos”.

Según este marco, el “reto para los directivos escolares” radica en conocer las buenas prácticas existentes y adaptarlas al contexto específico de cada escuela. Elevar el nivel de rendimiento, ampliar el repertorio de estrategias de aprendizaje del alumnado y proporcionar experiencias valiosas de aprendizaje son tareas exigibles independientemente del contexto social en que se encuentra el centro educativo.

Para ello, la Fedadi, de acuerdo con otras asociaciones con las que se ha consensuado este documento, señala que “la clave está en construir la respuesta desde dentro y no importarla desde fuera, tratar a cada centro como único: poner en marcha modos, estrategias y herramientas válidas para ayudarle en su desarrollo”. Esto requiere una dirección escolar “más profesionalizada, en la que la formación y la práctica ocupan un lugar indiscutible”, añade el marco.

Selección y evaluación
El documento también propone “mejorar los procesos de selección, de formación y de evaluación de la dirección”. Una “mejora escolar basada en datos” precisa “impulsar la autoevaluación, al tiempo que colaborar con las evaluaciones externas, de modo que se puedan tomar de modo informado las decisiones oportunas”, dice el documento. “La evaluación interna es una actividad básica, generadora de otros procesos de mejora”, añade el texto de los directores.

Entre las cualidades para una buena dirección escolar, el documento señala “las destrezas propias de los verdaderos líderes, como son la habilidad para generar confianza, la capacidad para hacer un diagnóstico acertado, la experiencia para planificar la mejora y para mantener el esfuerzo sostenido de las personas”.

Por último, el documento propone incorporar a la práctica de la dirección escolar en España el concepto anglosajón de “liderazgo para el aprendizaje”. “En los contextos escolares –señala el marco– el aprendizaje valioso no ocurre normalmente por accidente”. El equipo directivo debe orientar su tarea a crear entornos que apoyen y faciliten el aprendizaje del alumnado, del profesorado, de los coordinadores de proyectos o de los jefes de seminario.

“La preocupación principal de los equipos directivos se centra, por tanto, en lograr que el profesorado marque diferencias significativas con todos y cada uno de los alumnos”, añade el texto.

De la comunidad de aprendizaje a las redes de centros
El Marco para una buena dirección explicita dos líneas de acción claves de un liderazgo pedagógico: el llamado “liderazgo distribuido” y el “apoyo y acompañamiento al profesorado”, que tendría su máxima expresión en hacer del centro una “comunidad profesional de aprendizaje”. Liderazgo distribuido, mejora de los procesos pedagógicos y favorecer el aprendizaje de los docentes en el contexto de trabajo, forma así un “trípode donde se asientan actualmente las bases más prometedoras de mejora”, dice el documento.

Actualmente, “mover un centro escolar no puede depender de una sola persona o del equipo directivo”, reconocen los autores de este documento. “Como sabemos, más bien, el ejercicio de un liderazgo pedagógico consiste en distribuir o compartir tareas y responsabilidades, que hagan crecer el centro como organización”. Por ese motivo, “equipos directivos y profesorado colaboran para resolver los problemas conjuntamente, asumiendo la responsabilidad de los éxitos y poniendo los medios para capacitarse en su logro”.

Según este documento, “el mejor liderazgo pedagógico consiste en posibilitar estructuras y tiempos que hagan posible desarrollar el ‘capital profesional’ de los docentes como individual, como equipos y del centro escolar como conjunto”. “Buenos docentes trabajando juntos en cada escuela son la base firme y sostenible de la mejora, el principal activo para transformar la enseñanza en cada escuela”, dice el Marco para una buena dirección. “De ahí la necesidad de cuidarlo y potenciarlo. Pero, a la vez, necesitamos mucho más ‘capital social’ dentro de nuestras escuelas entre los profesionales, y también a través de la escuelas (redes entre escuelas) y con la comunidad más allá de la escuela”. Además, añade que “la comunidad de aprendizaje va más allá de propio centro”, por ello, el documento propone crear “una red específica de centros que apuestan por una metodología concreta”.

 

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