La empancipación forzosa de los jóvenes en protección

En España casi 44.000 niños y jóvenes viven bajo una medida de protección, ya sea con una familia o en un centro. Cuando estos niños cumplen los 18 años se da por finalizado el sistema de protección, por lo que tienen que realizar un periodo de transición a la vida adulta muy diferente al del resto de jóvenes de su edad que, con 18 años, normalmente no se empancipan.
Estrella MartínezMartes, 27 de febrero de 2018
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Aldeas Infantiles SOS ha desarrollado el proyecto Preparados para empanciparse, cofinaciado por la Unión Europea y que cuenta con la particiapción de asociaciones de Croacia, Italia, Letonia y Lituania. En el marco de esta iniciativa Aldeas Infantiles ha realizado un estudio que incluye 68 entrevistas en las que entrevistadores y entrevistados son jóvenes de los distintos países participantes que ya viven empancipados y proceden del sistema de protección. El objetivo de esta iniciativa europea es “facilitar el proceso de emancipación y adaptarlo a las necesidades reales de estos jóvenes”, dicen desde Aldeas Infantiles.

“El proceso de dejar atrás el acogimiento es muy importante tanto para los jóvenes como para los profesionales responsables de su cuidado y desarrollo. Debe reflejar la eficacia de la inversión del Estado y la habilidad de los profesionales para asegurar que los jóvenes están preparados para una vida independiente. Sin embargo, lo habitual es que los jóvenes que viven bajo el amparo del sistema de protección tengan que enfrentarse a una transición breve y acelerada a la etapa adulta al cumplir la mayoría de edad, lo que los sitúa en una clara desventaja respecto al resto de jóvenes y contribuye a su distanciamiento del sistema educativo y del mercado laboral, convirtiéndolos en uno de los grupos más vulnerables de la sociedad”, denuncian desde Adeas Infantiles.

En 2016, 3.304 jóvenes cumplieron la mayoría de edad y, por tanto, salieron del sistema de protección español. En opinión de Aldeas, el eje clave de Preparados para emanciparse es promover la capacitación de los profesionales que acompañan a estos jóvenes para que puedan garantizarles una emancipación e integración en la sociedad exitosa. Por este motivo Aldeas ofrece una formación a estos profesionales fundamentada en cuatro pilares:

– Forjar relaciones duraderas basadas en el cuidado y el respeto entre acogedores y acogidos.

– Lograr una mayor participación de los jóvenes en la toma de decisiones que les afectan.

– Promover y proteger los derechos de los niños y jóvenes.

– Fortalecer una coordinación intersectorial que garantice la colaboración de todos los agentes implicados en el proceso de empancipación.

Aldeas Infantiles SOS está realizado una formación en esta línea en distintas ciudades españolas y europeas. Ahora mismo están en Madrid, pero está previsto que las impartan también en Barcelona, Granada y Tenerife.

Más allá de esta propuesta europea, Aldeas lleva años trabajando el Proyecto de tránsito a la vida adulta, donde se trabaja desde cómo alquilar un piso, a cómo hacer una entrevista de trabajo. También tienen el Proyecto de autonomía, gracias al cual los jóvenes pueden seguir recibiendo apoyo –residencial o educativo– de la organización después de haber cumplido 18 años. También reciben orientación académica y laboral. Este programa incluye también un sistema de becas para jóvenes que quieren retomar sus estudios. A su vez, el Proyecto de emancipación ofrece ayudas puntuales económicas, psicológicas o de búsqueda de empleo, mientras que Servcio de empleo trata de facilitar la inserción laboral de estos jóvenes con información, asesoramiento, etc.

10 recomendaciones de los jóvenes

De las preguntas que se hicieron a los jóvenes participantes se han extraído 10 recomendaciones:

– Planificar la salida del sistema de protección desde que el niño llega al acogimiento.

– Desarrollar un plan de salida individual para cada niño, dada su situación específica.

– Ampliar la edad legal a la que un joven debe abandonar el sistema de protección: la salida del entorno de acogida no debería depender únicamente de la edad, sino tener en cuenta otros factores como la madurez, las capacidades o las circunstancias de cada joven.

– Extender el periodo de apoyo tras la emancipación.

– Participación de los niños y jóvenes en el desarrollo de su plan de salida.

– Los jóvenes que abandonan el sistema de protección deben estar completamente informados de todos sus derechos y de las ayudas de las que disponen.

– Incorporar una cultura basada en los derechos del niño entre los profesionales del sistema de protección.

– Incrementar el apoyo financiero para ayudar a los jóvenes que abandonan el acogimiento.

– Aumentar y facilitar el acceso a los servicios, así como su calidad –alojamiento, atención sanitaria, empleo, Educación– para los jóvenes que se emancipan.

– Abordar las actitudes negativas por parte de la sociedad hacia los jóvenes que abandonan el sistema de protección.

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