Tolstói tiene razón

Carmen Guaita
Maestra y escritora
25 de abril de 2018
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En el Informe sobre el desarrollo mundial 2018, Jim Yong Kim, el presidente del Grupo Banco Mundial, afirma categóricamente: “En el caso de los jóvenes, la educación, cuando funciona como es debido, fomenta el empleo, incrementa los ingresos, mejora la salud y reduce la pobreza. A nivel social, estimula la innovación, fortalece las instituciones y promueve la cohesión social. Pero estos beneficios dependen del aprendizaje, y la escola­rización sin aprendizaje es una oportunidad desaprovechada. Más aún, es una gran injusticia: los niños con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una buena educación para prosperar en la vida”.

Contemplo el panorama de mi escuela, único referente cultural –y en ocasiones hasta ético– de los alumnos que viven “bajo el umbral de la pobreza”, a quienes se refiere el señor Yong Kim, y me anonada la responsabilidad de que un maestro solo ante la clase, sin recurso de apoyos educativos, pueda transformar de una manera tan clara el futuro de un niño.

Y entonces recuerdo a León Tolstói en un párrafo de ese monumento humano que es Ana Karenina: “La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación”.

Y comprendo que los poderes fácticos no pretenden resolver los grandes problemas de la humanidad, que han pasado la responsabilidad a los ciudadanos, inermes, y se lavan las manos. Y sin embargo es Tolstói quien tiene razón.

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