Nepal, escuelas atacadas, juicios en el Supremo y nacionalismo catalán

“Nos pegaron, nos torturaron. Las escuelas que yo fundé en Nepal hace 30 años ya no existen como tal, echaron a todos los niños a la calle”. Quien así habla es Victoria Subirana, que estrena libro y documental: Una maestra en Katmandú. Treinta años después y La caja oscura, respectivamente.
Estrella MartínezMartes, 5 de junio de 2018
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El día después de esta conversación hizo 30 años que esta catalana dejó su casa para irse a Nepal. Su objetivo era ambicioso: dar una Educación de calidad a los niños más pobres. Subirana nunca ha tenido pelos en la lengua y siempre ha sido muy crítica con todo, por nimio que sea, lo que no suponga tener como eje de actuación el bienestar y las necesidades de los niños. Una actitud que le ha granjeado unos cuantos enemigos.

El libro Una maestra en Katmandú. Treinta años después es una mezcla del libro original Una maestra en Katmandú con otro libro escrito por Subirana y que hasta ahora no había visto la luz: La caja oscura. Si ya en Una maestra en Katmandú Subirana se mostraba crítica con las instituciones nepalíes y con el funcionamiento de distintas ONG, en La caja oscura recogió la denuncia del ataque a sus escuelas. “He tenido por primera vez la oportunidad de plasmar sobre el papel una serie de injusticias que se han venido cometiendo con los proyectos y que han sido silenciadas durante nueve años”, explica.

Vida en Nepal
Durante los primeros años de trabajo en Nepal Victoria Subirana consiguió poner en marcha varias escuelas. En un país con profundas diferencias sociales y un sistema de castas muy arraigado, los niños más desfavorecidos creían firmemente que no podían, no de-bían, no merecían. Fusionó distintos métodos educativos, como el Montessori, a los que fue añadiendo materiales y métodos propios para demostrar que todos los niños de Nepal podían estudiar y ser lo que quisieran ser en el futuro. De este trabajo educativo de años acabó naciendo su propia metodología: la Pedagogía Transformadora. “Empecé a trabajar con métodos que sustituyeran los noes por los síes”, recuerda.

Subirana pidió ayuda en Cataluña para desarrollar su trabajo. Ayuda que le llegó de distintas instituciones, como la Generalitat o universidades como la de Vic. Con el paso del tiempo llegaron los problemas. Subirana empezó a ver lo que tanto había criticado, cómo desde aquí querían utilizar su labor en Nepal para “colocar a personas cercanas y como trampolín para la política. Supongo que sería así por toda España, pero a mí lo que me tocó ver fue el panorama catalán”. Panorama catalán que también vivió en su versión nacionalista. Subirana, como es habitual, optó por no callarse. Una de las anéctodas de las varias que recuerda es cuando quisieron que pusiera la bandera catalana en la escuela nepalí que habían bautizado como Catalunya, a lo que respondió que en el centro había “138 etnias y casas a montones, así que o ponemos las banderas de todos o aquí no se tiene que poner ninguna… Entonces me decían que yo no defendía el nombre de Cataluña”.

La relacion entre la catalana y las instituciones de su región de origen se tensaron hasta tal punto que estas últimas acabaron aliándose con la contraparte nepalí con la que trabajaba Subirana, contraparte responsable del asalto a las escuelas en 2009. La comunidad educativa se dispersó y Subirana a día de hoy no sabe qué ha sido de algunos de esos niños. Se quedaron con las escuelas, con el dinero y con todo, denuncia. Por ese motivo Subirana lleva años en juicios con la familia de Manuel Martínez Calderón, quien hizo una donación para construir una escuela con su nombre. Escuela que nunca se construyó porque, como defiende la demandada, “no tenemos ese dinero, nos lo quitaron”. Subirana explica que han ido ganando todos los juicios, “el último por la vía penal en el Supremo”, y ahora los demandantes han recurrido por la vía civil.

Tras el ataque Subirana estuvo seis meses en la casa de la cónsul honoraria española en Nepal como medida de protección del Gobierno español, que temía por su vida. Después de estos seis meses reconoce “que no sabía por dónde tirar”. Pero surgió un camino. Hasta 2015, año del terremoto, trabajó junto al ministro para la Mujer, la Infancia y el Bienestar Social nepalí en la reforma del sistema eduactivo. Como parte de la reforma, implantaron la Pedagogía Transformadora en más de una veintena de escuelas públicas. Subirana y el ministro tenían un importante punto en común: el político era de los poquísimos líderes que, en la misma línea que la española, atacó desde diversos frentes la corrupción gubernamental nepalí. El tándem sigue denunciando a día de hoy cómo la gran parte de la ayuda económica que llega a Nepal en forma de cooperación internacional no llega a quienes más lo necesitan, sino que se la quedan los distintos dirigentes.

Después del terremoto la entonces ministra de Educación abrió un centro en Katmandú para formar a niños y maestros damnificados por el temblor y encargó su dirección a Subirana. Desde entonces sigue trabajando en la formación de profesores, aunque no solo nepalíes. Allí puede ir a formarse en Pedagogía Transformadora cualquier docente del mundo, del mismo modo que Subirana también imparte cursos en España de su pedaogía de la mano de la UNED.

Pedagogía
La Pedagogía Transformadora nació para atender a los más pobres, pero, al ser una Educación de calidad, es perfectamente exportable a cualquier lugar y alumnado. Subirana no fue consciente de que estaba creando una pedagogía propia hasta muchos años después. Inicialmente ella quería que sus niños tuvieran sentido crítico, analítico, creatividad.

Después de mucho trabajo comprendió que tenía que incluir el estudio y conocimiento de la mente humana como una asignatura más dentro del currículum. Del mismo modo que “no se puede estar en la vida sin escribir y le dedicamos mucho tiempo a aprenderlo”, es imprescindible “el estudio de la mente en cuanto a la formación de nuestro carácter, las virtudes, los hábitos, las formas de comportarnos con los demás, las formas de comunicarnos con nosotros mismos”. Para Subirana es fundamental “ser capaces de saber que si damos un paso, ese paso dónde nos llevará, y no que avanzamos al azar”.

Subirana comenta feliz que ha sido capaz de demostrar que su sueño se ha hecho realidad. Aquellos niños con los que empezó han elegido su destino, que va desde volver a sus humildes casas y montar un negocio, hasta estudiar un máster en Finlandia, ser diseñadores, maestros o ingenieros. “Ahora son lo que ellos han querido ser y el día que quieran hacer otra cosa, la podrán hacer porque tienen la semilla dentro. Tienen una vida que hace 30 años estaba vetada para ellos. Han sido la generación que ha demostrado que se puede”.

Como concluye Subirana, lo realmente importante, lo que de verdad cuenta, es que “hay que saber posicionarse y arriesgarse por el bien, sin intereses personales”.

El documental ‘La caja oscura’

– Victoria Subirana estrena también un documental titulado La caja oscura, del cineasde Bután Karma Nindup. El documental cuenta con el protagonismo de Victoria Subirana, pero a diferencia del libro, en el documental “ya no soy yo la única que hablo ni que opino, sino que muchos niños de las escuelas han querido participar, madres, maestros, incluso el ministro, abogados, activistas”, explica. Todos alzan la voz contra el expolio sufrido en las escuelas denunciando lo ocurrido.

– Subirana recuerda emocionada cuando se juntaron los protagonistas del documental para ver la primera copia del mismo. Lágrimas y mucha ilusión protagonizaron el visionado. “Este documental era algo que quedaba por hacer, veía a los niños que echaron a la calle en 2009 con tanta desesperanza que teníamos que compartir esto con el mundo”. Como dice en el documental, “hay que limpiarlo todo, también la tristeza y el dolor y saber pedonar y olvidar”. La Pedagogía Transformadora “tiene sentido por este documental, los veo a ellos, cómo pacientemente han estado ahí, sin meterse en líos, sin vengarse. Podrían haber empuñado porras también, pero no es lo que yo les enseñaba. Yo les decía: vendrá a vosotros la oportunidad de defenderos de otra manera. Y el documental ha sido la oportunidad de defendernos con la palabra. Ahora está ahí para que se haga justicia. Mi deseo es que lo vea mucha gente en el mundo para que sepan lo que pasó”.

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