Soledad Murillo: "La minoría (de hombres) está gobernando la universidad"

La secretaria de Estado de Igualdad, Soledad Murillo, ha sostenido que "la minoría (de hombres) está gobernando la universidad" en España con "criterios que les benefician".
RedacciónMiércoles, 25 de julio de 2018
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En una entrevista con la Agencia EFE, con motivo de la reciente investidura de las filósofas Victoria Camps y Adela Cortina como la cuarta y quinta mujer doctora honoris causa de la Universidad de Salamanca en sus ochocientos años de historia frente a 147 hombres, Murillo ha detectado la existencia de “discriminaciones indirectas”, entendidas como aquellas exigencias que “parecen objetivas pero que en el fondo perjudican a las mujeres y no a los hombres”.

Murillo ha puesto como ejemplo el peso que tienen para los ascensos profesionales y académicos la antigüedad o las estancias en el extranjero, ya que en este segundo caso las mujeres pueden tener que renunciar a cuestiones como la maternidad responsable, mientras que los hombres han podido ejercer su paternidad, al menos desde una concepción “clásica” y “trasnochada”, aunque Murillo ha valorado un cambio de tendencia en este sentido.

En este contexto, la secretaria de Estado de Igualdad ha defendido que no se trata de “poner mujeres”, sino de “democratizar la toma de decisiones en la Universidad”, en el sentido de que no concuerda que la minoría esté gobernando estas instituciones académicas cuando el 56% del alumnado y el 53% del profesorado son mujeres.

La Educación igualitaria en los colegios y en el ámbito familiar es clave en opinión de Murillo para cambiar el paso en este sentido, para que luego esa tendencia vaya escalando en la sociedad a medida que crezcan y vayan asumiendo roles adultos: “Es intolerable que un catedrático de Educación diga que no trabaja el tema de la mujer”, ha resumido.

Para que esto no ocurra es necesario que la Universidad asuma que “modernizarse significa democratizar las estructuras” y los contenidos. En este sentido, ha planteado la paradoja que supone que en un ámbito como el Derecho se estudie Canónico pero no Derecho “Antidiscriminatorio”, a pesar de que hay directivas europeas que así lo plantean desde hace décadas. Esto ocurre, en opinión de Murillo, porque estas materias son consideradas “secundarias y un tema de mujeres”: “no se tiene la idea de que la igualdad tiene que ver con la universalidad y con el rigor del conocimiento”, ha dicho.

De hecho, la secretaria de Estado ha defendido que la “falta de rigor científico” que supone que hasta no hace mucho el dolor de las mujeres fuera interpretado como “queja” y no como un efecto en muchas ocasiones vinculado con los cuidados a familiares, que en su opinión se han convertido en un “problema de salud pública”.

Murillo ha remarcado que cuando se realiza un chequeo previo a una intervención quirúrgica, hay preguntas básicas sobre hábitos como fumar o la ingesta de alcohol, pero no relacionadas con los cuidados, ejercidos mayoritariamente por mujeres y que también están en el origen del “80 por ciento de las renuncias laborales” de trabajadoras.

La desconsideración hacia la mujer en ámbitos como la Historia está en el origen de estas situaciones, como cuando las mujeres lucharon codo a codo con los hombres en la Revolución Francesa pero seguidamente no fueron reconocidas como ciudadanas, “ni a ellas, ni a los locos y a los niños…”, ha lamentado.

La esperanza de Murillo radica en la Educación y en el hecho de que hoy en día los niños “saben muy bien que es necesario reciclar y que fumar es muy nocivo”, aunque ha matizado que lo que falta es que llegue a los colegios y se transmita la idea de la “corresponsabilidad en los cuidados entre mamá y papá”. Frente a esta Educación igualitaria están “los videojuegos, las redes sociales y los cuentos infantiles que aún marcan para la mujer un papel secundario”, con algunas excepciones de “heroínas”, aunque éstas “no dejan de ser excepciones”.

Para Murillo, la jornada del 8 de marzo de 2018 se ha convertido en un “hito histórico” en materia de igualdad entre hombres y mujeres, especialmente porque pudo observarse que “muchos hombres jóvenes fueron a las manifestaciones no de acompañantes de sus parejas, sino que reivindicaban en primera persona” 

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