La risa, fármaco sin receta para los niños víctimas de la guerra

María S. ChapinalMartes, 13 de noviembre de 2018
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La guerra de Oriente Próximo ha devastado la vida de niños y adolescentes durante décadas, situación que condiciona su realidad de manera irrevocable para siempre. Estos jóvenes no son solo la parte más vulnerable de la población debido a su exposición al conflicto, sino que, además, deben hacer frente a las continuas recesiones y desastres naturales que se suceden en estos territorios bélicos.

La exposición agónica y constante a este tipo de situaciones extremas les produce, en la mayoría de los casos, una profunda depresión que amenaza con ser su fiel compañera, a no ser que se tomen cartas en el asunto. Esta crisis psicológica les subordina a sufrir un déficit de atención que les aleja de la escuela y les supone retrasar sus aprendizajes, de manera que lastran su futuro, sin darnos cuenta muchas veces de que esos mismos niños serán los adultos que mañana representarán el devenir de su país.

Solución de urgencia
Esta serie de acontecimientos causan en ellos una grave situación de estrés postraumático que es necesario sanar de raíz si queremos que se produzca una pronta recuperación, aliviar su sufrimiento y que no padezcan secuelas psicológicas de por vida. Además de todo ello, se debe hacer un esfuerzo compartido para crear la condición emocional a través de la cual puedan aprender a desarrollarse y mejorar su porvenir.

Experimento en Líbano
Esta misma idea es la que rescató la ONG Payasos Sin Fronteras, en colaboración con la Unidad de Trauma, Crisis y Conflictos de Barcelona (Utccb) de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma. Su misión inmediata era reducir dicho estrés de la infancia refugiada que ha tenido la desgracia de vivir los enfrentamientos armados. Para ello, decidieron intervenir en las escuelas del Valle de la Bekka en el Líbano, próxima a la frontera con Siria, donde se acogen y escolarizan a niños sirios refugiados en el turno de tarde. El papel de los payasos tuvo un claro efecto positivo desde su primera actuación, pero sin embargo hicieron falta estudios refutables que sustentaran dichas mejoras evidentes.

Durante el periodo de septiembre de 2017 a febrero de 2018, Payasos Sin Fronteras realizó tres expediciones en las cuales participaron más de una docena de artistas en cinco colegios de la zona donde se llevó a cabo la investigación, dirigida por la psicóloga Ingeborg Porcar.

El planteamiento inicial del proyecto era evaluar el impacto que tenían las acciones de los payasos y establecer un vínculo entre ellas y la metodología de los TRTs (Teaching Recovery Techniques), técnica que tiene como objetivo definir estrategias para identificar las reacciones de los niños que han sufrido un trauma grave como es el caso de la guerra, y dominarlas para mejorar su estado emocional. A través de la combinación de ambas estrategias, se pretendía reducir los síntomas como las pesadillas, los flashbacks, el miedo a determinados ruidos, o las conductas agresivas, de manera eficaz.

Para ello, se tomó una muestra de 220 niños y niñas refugiados con edades entre 7 y 14 años, divididos en cuatro grupos. El Grupo de Control inicialmente no recibía ningún tipo de tratamiento; el Grupo I, tan solo el método TRT; el Grupo II, únicamente la visita de payasos y el Grupo III se benefició de ambos tratamientos.

Conclusiones positivas
Los resultados del estudio fueron más que concluyentes: la combinación de ambos tratamientos produce una soberbia reducción de la sintomatología depresiva de los niños observados. Lo más sorprendente es que incluso las actuaciones de los payasos por sí solas obtuvieron un efecto positivo sobre los síntomas de intrusión y evitación (ambos pertenecientes a la crisis postraumática). Asimismo se consiguió una mejora significativa en la irritabilidad de los niños refugiados, problema más que frecuente tras ese periodo de tensión al que se ven expuestos.

Resultados destacables
Las conclusiones finales pudieron afirmar de forma fiable que este efecto positivo tenía una perennidad en el tiempo, es decir, se sostuvo de forma continuada durante las 11 semanas de la labor de la ONG. Esta investigación supone un gran avance que aporta garantías para asegurar el posterior desarrollo de los jóvenes.

Después de este estudio, podremos ratificar de manera innegable que la risa es la mejor medicina para sanar situaciones complejas de crisis traumáticas. Ahora, a la espera de que estos resultados esclarecedores se hagan eco en la comunidad médica, este hecho revolucionario ya abre una puerta de esperanza para estos niños y niñas que tanto agradecen que otras personas dediquen su tiempo en arrancarles una inocente carcajada.

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