Cristóbal Cobo: “Estamos en entornos de borrachera digital con demasiado ruido y poca señal”

El experto en comunicación y Educación alerta en su último libro sobre los abusos de las multinacionales teconológicas sobre una ciudadanía demasiado dócil.
José Mª de MoyaMartes, 12 de marzo de 2019
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'Acepto las condiciones', un duro alegato contra los abusos de las mutinacionales tecnológicas. JORGE ZORRILLA

Cristóbal Cobo nos recibe amablemente en pleno Parque del Retiro de Madrid donde ha viajado desde Chile para presentar su último alegato auspiciado por Fundación Santillana. Hispano-chileno por formación ha volcado su capacidad investigadora al estudio de la revolución tecnológica y de su impacto –positivo y negativo– en la ciudadanía. Apasionado de los avances tecnológicos pero, desde una perspectiva netamente humanística, más apasionado aún de los derechos de las personas que se están viendo amenazados. Su último libro, Acepto las condiciones. Usos y abusos de las tecnologías digitales (Fundación Santillana) refleja sin tapujos esa perspectiva más crítica del mundo virtual en el que vivimos.

Pregunta. ¿Somos más usados que usuarios de la tecnología?
Respuesta. —Sí, nadie se quiere hackear a sí mismo, pero internet y los canales digitales funcionan bajo una lógica de seducción. Facebook, Google o Uber son entes que facilitan la vida y no cobran nada o muy poquito, o por lo menos no hay una economía de transacción. Es muy seductor y es difícil ser conscientes del costo por el que estoy usando determinados servicios en internet.

En su libro habla de pérdida de autocontrol.
—Pensé mucho qué nombre ponerle, porque la tentación era ponerle dependencia o adicción. Dejamos de ser usuarios de la tecnología y somos usados por la tecnología cuando salimos de casa y no podemos estar sin el teléfono.

A veces pensamos que es cosa de adolescentes, pero los adultos somos los primeros en dar sensación de pérdida del control.
—Lo más cómodo es pensar que los chicos lo hacen, pero no es un problema de niños, es más transversal. En Estados Unidos por ejemplo, personas de más de 60 años también están siendo víctimas de accidentes automovilísticos porque no se pueden despegar del teléfono.

Ha identificado cuatro amenazas. La primera es la vigilancia y el monitoreo. ¿A qué se refiere?
—Vigilancia tiene que ver con vivir en una sociedad llena de micrófonos y cámaras. Algunos visibles y otros invisibles: algunos pedimos que se activen cuando escribimos a una persona y consentimos que esos datos queden; y otros de los que no somos conscientes.

A partir de 100 likes los grandes operadores saben tu inclinación sexual o si tus padres están separados...

Los ‘like’ también hacen que nos desnudemos.
—Los like, desde la perspectiva del usuario, son una manera de expresar una reacción frente a un contenido. Pero desde la perspectiva del operador de datos, en este caso Facebook, un like es un input. Es decir, un valor que, sumado a otros valores, va construyendo nuestro perfil de personalidad. Por ejemplo, según un estudio de Cambridge, con más de 100 likes estos operadores saben tu inclinación sexual y política, si consumes sustancias adictivas o si tus padres están separados.

Otra amenaza es lo que llama la influencia ¿Qué es esto?
—La publicidad siempre ha jugado con la idea de influir en nuestra toma de decisiones, pero siempre se basó en perfiles bidimensionales de nuestra vida. Hoy la industria tiene una imagen de nosotros en alta resolución. La inteligencia artificial, que maneja grandes volúmenes de información y genera patrones, me da un menú a la carta de lo que a mí me gusta exactamente sobre intereses comerciales, políticos o ideológicos. Ahora es más difícil que antes no dejarse influenciar.

¿Qué es la sobrecarga cognitiva?
—Hoy en día estamos en entornos de borrachera digital, es decir, de demasiado ruido y poca señal. A veces no hay tiempo para las ideas importantes o no hay tiempo para quitar el ruido y pensar en la señal.

Dicen que ya no leemos textos largos.
—Se está haciendo mucha investigación sobre eso. No estamos todavía en condiciones de poder sacar conclusiones claras, pero los resultados provisionales hacen pensar que hay dificultades para hacer las lecturas completas, que hay una textura mucho más hipertextual. Mi atención no es ilimitada, dónde la pongo y cómo la administro es fundamental.

¿Habría que aumentar la capacidad de atención de los jóvenes?
— Una charla TED no puede durar más de 18 minutos y todo tiene que ser corto, sexy y efectivo. Asistimos al fenómeno de la ‘tedificación’ de la universidad y de la escuela. Sin embargo, hay cosas teóricas que son aburridas de aprender y que son fundamentales y te sirven para toda la vida. La forma se ha comido al fondo en muchos de estos discursos para que los procesos de formación se acomoden a los circuitos digitales.

El teléfono es un dispositivo de desconcentración brutal

¿Qué se puede hacer desde la Educación para construir ciudadanos responsables?
—Tendríamos que poner más énfasis en las implicaciones sociales que tiene dejarse seducir tan fácilmente. Creo que el marco ético tiene que estar presente para que la competencia técnica no prime sobre la reflexión crítica.

Los adultos a veces hablamos con los jóvenes sober el uso de las TIC con complejo de inferioridad…
—La distinción de Prensky entre nativos e inmigrantes digitales me parece que no sirve porque en el mundo de la inteligencia artificial, los algoritmos, los flujos de datos… todos somos inmigrantes. Todos tenemos que aprender y la mejor manera de hacerlo es hablando de estos temas en la escuela y en nuestro espacio social.

Francia acaba de prohibir los móviles en las aulas, ¿qué opinas?
—El teléfono es un dispositivo de desconcentración brutal. Para sortear ese problema hay que desarrollar una serie de capacidades de autorregulación. No creo que sea buena idea usar el teléfono para todo y en todo momento.

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