Lecciones para una orla

21 de mayo de 2019
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A mis alumnos de “La Isleta”

Hoy es un día especial y no sólo porque lo diga mi horóscopo. Para los que habitamos bajo el signo de Acuario la jornada se presenta con emociones intensas que anticipan un estado de creciente nerviosismo. Parece que el que escribió la página sabía que, por lo menos, uno de sus lectores vería cumplida la premonición. Sin embargo, no soy el único en experimentar esta sensación. Son muchos los que me acompañan, los mismos que están a punto de empezar algo nuevo, pero sin olvidar lo que dejan atrás. Por corta que sea la edad, por breve que sea lo vivido, esto no significa que se ignore la realidad de las cosas.

Los que se sientan ante mí, a la espera del reconocimiento y la recompensa, están entre inquietos y naturalmente satisfechos, como el que se despierta, descansado y tranquilo, y advierte, contrariado y en completa soledad, que se encuentra en medio de un largo pasillo del que desconoce su fin. Es un estado de abandono y angustia y su naturaleza pasajera no alivia del todo al que lo sufre. Habría que administrar muchas dosis de cocodrigil, el fármaco tan sabiamente descrito por la escritora vasca Mariasun Landa, experta en las dolencias de nuestro tiempo, para llevar la paz al que padece de esta forma de ansiedad.

La adolescencia es una encrucijada de cambios y desafíos, pero también de derrotas. Depende de cada cual el que las últimas sean mínimas y los primeros no dejen de crecer y aumentar en número

Todos tenemos un cocodrilo bajo la cama, un no sé qué que nos trastorna y agobia, pero del que se puede salir y recobrar el equilibrio. La adolescencia es una encrucijada de cambios y desafíos, pero también de derrotas. Depende de cada cual el que las últimas sean mínimas y los primeros no dejen de crecer y aumentar en número. Bien pensado, la vida siempre es una pérdida. Para el adulto que se sorprende de que ya no puede hacer lo que años atrás se le consentía, para el joven que se adentra en un nuevo mundo de responsabilidades. Sin embargo, hay una edad en la que las ganancias superan con creces a las posibles pérdidas. Y esa es la adolescencia.

Tras sobreponerse a la soledad y a la angustia, lo que espera al otro lado de la puerta merece la pena. No lo duden ni por un instante. Un talento por desarrollar, una vocación por colmar, quizás un destino, aguardan a una decisión. Desde luego, un tiempo maravilloso por incierto que parezca. Y, en esa hora, por favor, no olviden aquello que da sentido a una vida. Un brote que alimenta la dignidad del hombre y por el que siente un natural orgullo al vivirla y comprenderla. Que no pase día en el que dejen de buscarla y hacerla su amiga. Nunca les defraudará. Se llama libertad.

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