Las trabas a la formación musical en nuestro país

En España, a diferencia de otros países europeos, la música no está reconocida por las instituciones educativas y administrativas como carrera universitaria.
Manuel CarmonaMartes, 10 de septiembre de 2019
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Las escuelas públicas municipales están contribuyendo a desarrollar carreras musicales en las nuevas generaciones, así lo atestiguan la cantante, compositora y profesora Ana Laan y el trompista Federico Cuevas Ruiz. Frente a esa loable labor, los conservatorios públicos en España están perdiendo calidad y prestigio en la formación de nuevas vocaciones musicales como consecuencia de tener una visión decimonónica del músico, presos de luchas internas y de ofrecer un modelo educativo estancado.

A esos errores se suma la lacra de ver la plaza como funcionario como un seguro de vida personalizado para quien logra sacar la oposición, como afirma con conocimiento de causa Ana Laan: “Los conservatorios han de abrirse al mundo y salir de su polvorienta obsesión con el funcionariado y las oposiciones, y el puesto fijo, y ponerse al día”.

Los conservatorios públicos en España están perdiendo calidad y prestigio en la formación de nuevas vocaciones musicales.

En España, a diferencia de otros países europeos, la música no está reconocida por las instituciones educativas y administrativas como carrera universitaria. Es más, los jóvenes siguen teniendo la sensación del menosprecio de sus mayores o de sus iguales cuando les preguntan ¿qué estudian?

Es el caso de Federico Cuevas, quien tras iniciar su vida musical en la Escuela Municipal de Ibiza y completar sus estudios en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, hace dos años recibió una beca para hacer un máster bianual en Ámsterdam. Allí ha podido ver cumplido un sueño de su niñez, que su maestro de trompa natural sea el primer trompista de la prestigiosa Orquesta de Friburgo.

Escuchando a esa agrupación descubrió “cuando interpretaban el Primer Concierto de Brandenburgo o los Conciertos para trompa y orquesta de Mozart, o en la Sonata de Beethoven, que no estaban escritos originalmente para la trompa moderna que yo tocaba sino para la trompa natural. Esta se toca introduciendo la mano en el pabellón, y hace que el concierto suene de una manera totalmente diferente a si se hace con la trompa moderna”.

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El músico clásico tiene un prestigio en el resto de Europa y quizás en España, pero el músico popular tiene prestigio en función del éxito que tenga

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Ana Laan, en su niñez, disfrutó del aprendizaje de la música a través de dos vías: la primera, a su hermana y a ella las alentaban su padre y madre a cantar en coros. Y por otra parte, en la Suecia de finales de los 60 y principios de los 70, esta disciplina se impartía desde el comienzo de la enseñanza como un juego y no había exámenes.

Laan, que antes de llegar a la universidad española también se formó en el sistema educativo inglés, y que como artista ha recorrido escenarios de América de norte a sur, de España y Europa, nos realiza una fina distinción entre el reconocimiento que se hace en nuestro país y en otros europeos en función del tipo de música que se practique. Esta experta cree que “el músico clásico tiene un prestigio en el resto de Europa y quizás en España, pero el músico popular tiene prestigio en función del éxito que tenga –no creo que sea distinto entre países–”.

La cuestión económica

La cuestión económica es otra circunstancia que marca el fomento de las vocaciones y carreras artísticas. La crisis económica ha afectado a los fondos públicos y privados que se dedican a la formación de aquellas en toda Europa, notándose más en países como España no tan habituados a invertir en la música.

La voz de la experiencia de Laan es iluminadora en un doble sentido. Por un lado, afirma: “Escocia es un verdadero ejemplo, han colaborado mucho con el director venezolano Gustavo Dudamel y tiene un programa nacional de fomento de las artes. Tuve la suerte de llevar varias veces a Pablo –su hijo– a cursos al Real Conservatorio de Escocia en Glasgow y es maravilloso lo que hacen. Vi con mis propios ojos a chavales muy humildes tocando muy bien, aprendiendo y en un entorno de muchísimo apoyo”.

Laan cree que “toda la buena voluntad para desarrollar una carrera musical y artística se produce gracias al dinero”. En ese sentido está el ejemplo de Valencia en España, donde tradicionalmente ha habido muchas bandas de donde salen muchísimos músicos clásicos. O en Andalucía aún se canta mucho incluso trabajando, en la calle, en reuniones de amigos, y eso hace que se conserve. “Pero si no hay un apoyo institucional al final solo puede acceder a la música y a las artes como profesión la gente que tiene dinero y recursos”.

Ella habla de su hijo Pablo Drexler –cuyo padre es el famoso cantautor Jorge Drexler– como ejemplo de joven con vocación y talento musical que gracias al apoyo familiar está pudiendo cursar sus estudios en Londres. “Pablo ya es un músico con bastante más formación que yo, para mí ha sido un placer inmenso cuando él estudiaba música clásica escucharle tocar horas y horas de guitarra clásica en casa. A veces siento envidia porque me hubiera encantado estudiar en el sitio donde él está estudiando ahora, que no me fue posible en su momento. Hay que tener mucho cuidado con la vida no vivida de una misma, y tener mucha conciencia de no estar proyectándote en tu hijo con tus frustraciones y que te faltan a ti”, comenta ella con una risa socarrona.

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Toda la buena voluntad para desarrollar una carrera musical y artística se produce gracias al dinero

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Esta descripción de las circunstancias que a diario tienen que abordar las familias para que sus vástagos puedan dedicarse a la música, nos plantea la cuestión ¿cómo se ha de animar a un niño en su formación como instrumentista?

Federico Cuevas, echando la vista en la experiencia propia, de sus compañeros y de otros músicos reconocidos, nos propone que “primero el niño tiene que experimentar, eso es un trabajo de la Educación en los colegios. Ahora se enseña flauta que está bien. Por ejemplo, el famoso Álvaro Marías me comentó que empezó aprendiendo flauta, le gustó y mira a dónde ha llegado. Que los niños visiten el conservatorio y toquen los instrumentos, así puede nacer una vocación si pueden experimentar con ellos, escuchando vídeos de música en YouTube, dejando que ellos lo descubran por sí mismos”.

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Con instrumentos se unen más los vínculos, tocar con amigos es algo muy divertido

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En sus inicios a los 7 años, este trompista vivió una curiosa anécdota: la trompa era más grande que él. Su abuela materna lo resolvió con ingenio, le dio el transportín de un carrito de la compra para que la pudiera llevar en su funda. Como Cuevas reconoce entre risas, “me ayudó mucho, a mí me daba vergüenza porque la gente no lo usaba y además desde mi casa a la escuela de música son dos manzanas, pero me era más fácil llevarla”. Resulta curioso porque años después ese método está siendo usado por millones de menores para llevar sus libros y materiales a las escuelas a diario.

Otra de las ventajas de la práctica musical cuando se comparte con nobleza de miras es que se fraguan amistades que se van consolidando con el paso de los años. Así para Cuevas resulta muy grato reencontrarse para dar un concierto o ensayar con sus amigos de la niñez, o para compartir un rato juntos: “Con instrumentos se unen más los vínculos, tocar con amigos es algo muy divertido, es como un juego sobre todo cuando eres pequeño que tocábamos en dúos. Y he hecho más amigos en Madrid y Ámsterdam en torno a la música”.

Los vínculos afectivos

La inteligencia emocional y los afectos también se fomentan a través del canto y del baile entre la madre y el bebé durante el embarazo, abriendo un cauce muy enriquecedor a nivel humano entre ellos cuando se encauzan con sensibilidad y espontaneidad. Ana Laan rememora cómo fue la relación que se fue tejiendo con su hijo Pablo antes de nacer éste hace ya más de dos décadas: “Antes de nacer él, yo estaba haciendo gira con Javier Álvarez y él se movía cuando cantábamos en los conciertos, y tras nacer, seguí de una manera orgánica con lo que yo estaba: cantar, escuchar mu-cha música y bailar mucho con él”.

¿Qué aporta ese aprendizaje desde el nacimiento? Lo tiene claro la versada música: “Creo que le ha enseñado a escuchar y para él su cuerpo está conectado con la música. Él no ha estudiado una asignatura a partir de los 8 años por ejemplo, sino que su cuerpo se ha movido en respuesta a la música y tocar un instrumento ha sido como una continuación de ese movimiento”.

Esfuerzo y tiempo

Comunicarse, expresar a uno mismo y a las demás personas cómo se ven la vida y el mundo, es una de las claves del lenguaje musical. Y como cualquier vehículo de comunicación requiere dedicarle esfuerzo y tiempo. Supone ir viviendo etapas, saliendo de las zonas de confort, como nos rememora Cuevas al recordar primero su tiempo como trompista en Ibiza: “El Real Conservatorio Superior de Música de Madrid supuso un cambio brutal, yo estaba en Ibiza con la trompa detrás de mi profesor, no había más gente que la tocase en la isla. Ir a Madrid, donde hay muy buenos músicos y trompistas, fue como dar un salto de los tobillos a la cabeza”.

Y segundo, el nuevo gran salto se produjo hace dos años al marcharse a Ámsterdam: “Allí te tienes que comunicarte en inglés aunque sea Holanda. Me bajé una aplicación para aprender idiomas, haciendo amigos y mi novia me ayudó mucho”.

En este mundo donde hay demasiada gente obsesionada por el triunfo, la experiencia atesorada por Laan durante tres décadas con vivencias ajenas y propias, es un rico caudal de sabiduría para progenitores y descendientes que ven en la música un camino profesional. “Él –su hijo– sabe que es una profesión complicada, él tiene este doble modelo de un padre que ha tenido un éxito tremendo, y una madre que no tanto. Intento sobre todo escucharle, cuando escucho cosas suyas, le hablo y pregunto, pero mi experiencia es mi experiencia, y la suya es la suya”. 

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