Margarita Salas: “Siempre digo que la vocación no nace, sino que se hace”

Con ocasión del fallecimiento de Margarita Salas recuperamos esta entrevista –posiblemente la última que concedió– en la que asegura no haber nacido con vocación de bioquímica. Fue cuando empezó a trabajar en biología molecular cuando su vocación se fue afianzando. Sirva esta publicación de homenaje a esta gran científica española.
Manuel CarmonaMartes, 22 de octubre de 2019
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El acceso a Margarita Salas resulta sencillo cuando uno se dirige con respeto a ella y su entorno. Ha recibido en 2019 el Premio al Inventor Europeo por su carrera y también por votación popular, un doblete nunca antes conseguido por nadie. Es la investigadora más rentable del CSIC. La admiración va por delante a una doble trayectoria: una, dedicada durante seis décadas a las ciencias, y lo que aún le queda por caminar, porque ella sigue al pie del cañón en su laboratorio madrileño cada día. La otra, de una mujer ejemplar. Alguien que, desde su condición femenina, no ha tenido que realizar grandes aspavientos para abrirse paso en un mundo profesional de hombres, y tener el reconocimiento mundial de sus compañeros de trabajo.

¿Cómo ha evolucionado el mundo científico e industrial desde los años 60, cuando llegó a EEUU, hasta hoy?
—Las cosas han cambiado mucho. Nosotros [refiriéndose a su marido y ella] volvimos de los EEUU en el año 1967, y aún en esa época no había dinero para investigar en España. Ya a partir de los años 70, empezamos a recibir ayudas. Ahora digamos que investigamos con mucho esfuerzo y haciendo milagros, en el sentido de que, a pesar de la poca financiación que hay en España, realmente se hace una investigación de calidad.

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Es muy recomendable irse al extranjero en una fase postdoctoral, pero el problema es que después la vuelta es muy complicada

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¿Qué reformas pendientes tiene la investigación en España?
—Lo más importante en investigación es que haya más financiación, porque si no es muy difícil prosperar, sobre todo para la gente joven. Si hacen su doctorado en España, por ejemplo, luego tienen muy difícil una salida. Tienen que irse al extranjero, que siempre es muy recomendable en una fase postdoctoral, pero el problema es que se encuentran con una vuelta muy complicada.

¿Qué importancia tiene enseñar a los nuevos investigadores a lograr fondos?
—Siempre es conveniente saber pedir dinero no solo a los fondos nacionales sino también a los extranjeros. Estos últimos, normalmente, son más difíciles de obtener.

¿Qué importancia tiene la Ética en el mundo científico y universitario?
—Creo que los investigadores somos muy conscientes de las cosas que se pueden hacer y de las que no. Por ejemplo, en los comienzos de los años 70, cuando surgió todo el boom de la ingeniería genética, de la obtención del ADN recombinante, hubo una conferencia en EEUU en la que científicos, sociólogos, etc. vieron qué tipo de experimentos se podrían hacer y cuáles no. Establecieron unos niveles de contención que se cumplieron, aunque luego se demostró que ciertos tipos de contención eran innecesarios, por lo que se fue relajando.

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Uno de mis referentes fue Severo Ochoa, que me marcó el camino para dedicarme a la investigación

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¿En qué proyectos de investigación está ahora trabajando?
—Sigo trabajando con el virus bacteriano Phi29. Empezamos con él en el año 67 y, sobre todo, en los mecanismos de duplicación del material genético porque es un proyecto que realmente nos ha dado muy buenos resultados no solo desde el punto de vista básico, sino también desde el punto de vista aplicado y biotecnológico. La enzima que duplica el material genético, el ADN polimerasa, tiene unas propiedades que la hacen muy adecuada y casi única para amplificar el ADN. Esto tiene aplicaciones para análisis genéticos, análisis forenses, para análisis arqueológicos, etc.

¿Qué hombres buenos han dejado sapiencia en su vida y qué le aportaron?
—Mis referentes han sido, por orden cronológico [y esboza una dulce sonrisa al recordarlos], Severo Ochoa, que fue quien un poco me marcó el camino para dedicarme a la investigación, primero en Bioquímica y luego en Biología Molecular, que fue lo que aprendí con él. Y después alguien muy importante, que ha sido mi marido Eladio Viñuelas, que siempre me ha apoyado y me ha ayudado para que yo fuese una científica independiente.

Hoy en día en el que la violencia de género es un problema y tiene mucha resonancia mediática, ¿qué reflexión hace para que se pueda superar?
—Creo que las mujeres que se vean acosadas deben denunciarlo, y hay que poner todas las trabas posibles para que los acosadores no puedan actuar. Los medios de comunicación deben ser solidarios para evitar la violencia de género.

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Hay que respetar la libertad del investigador para que haga lo que crea más conveniente

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¿Cuáles son las condiciones básicas para que cualquier persona con vocación científica pueda prosperar?
—Para hacer investigación y tener vocación científica, siempre digo que la vocación no nace sino que se hace. Yo, por ejemplo, no nací con la vocación de ser bioquímica. Realmente fue cuando empecé a trabajar en bioquímica y en biología molecular cuando mi vocación se fue afianzando y dirigiendo hacia la investigación. Hay que tener un gran entusiasmo por lo que se hace. Por otra parte, en el caso de la investigación, también es importante tener un gran rigor experimental y, en mi caso, eso es algo que realmente me enseñó mi maestro Severo Ochoa.

¿Qué comportamientos y valores hay que respetar y defender para que esas trayectorias científicas salgan adelante?
—Hay que respetar la libertad del investigador para que pueda hacer lo que crea más conveniente para sacar adelante una investigación. Eso también lo decía mucho Severo Ochoa.

¿Qué puerta hay que dejar abierta, consecuencia de que siempre es posible aprender, para que un proyecto termine viendo la luz?
—Uno tiene que ser consciente, cuando realiza un proyecto y hace experimentos, que a veces las cosas no salen como uno desearía. Hay que tener la mente abierta para desviarse del proyecto inicial y para tratar de que las cosas vayan por buen camino.

Cuando su marido y usted regresaron de EEUU, contaron con el apoyo financiero de ese país para seguir haciendo investigación de calidad y para desarrollar patentes mundiales como ya ha comentado antes. ¿Qué podemos aprender de esa experiencia?
—La experiencia fue realmente positiva porque, gracias a que tuvimos este apoyo de EEUU, los primeros cinco años de nuestra vuelta a España pudimos hacer investigación, ya que si no probablemente nos hubiéramos tenido que volver al extranjero, bien a EEUU, bien a algún otro país.

Otras cuestiones

  • ¿Qué le ha aportado en su vida la práctica de un deporte como el tenis?
    Desde joven he jugado al tenis, me gustaba mucho, y realmente de mayor lo que me gusta mucho es verlo.
  • Una película, una banda sonora y una obra de arte que le hayan emocionado. Una película que siempre me ha emocionado y me gusta mucho es Casablanca. De música, me gusta mucho la clásica, Bach, y en concreto mi obra favorita es la Suite para violonchelo. Y respecto a las obras de arte, me gustan mucho las esculturas de Chillida. Me transmiten una gran emoción y serenidad de espíritu.
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