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Salvador Giner: “Es una locura reformar todo ese mamut inmenso que es la universidad española”

Giner criticaba el modelo universitario español, parecido al francés por su centralismo, y apostaba por el alemán, que potencia todo tipo de instituciones.
Manuel CarmonaMartes, 29 de octubre de 2019
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El pasado 19 de octubre falleció Salvador Giner, sociólogo, investigador y docente universitario. Fue uno de los padres de la sociología en España y una referencia a nivel internacional. Vivió en EEUU, Alemania, Inglaterra, Puerto Rico… en cuyas universidades dejó muestras de su sabiduría y humanidad. Pudimos entrevistarlo tras la publicación de su último ensayo, Ideas cabales (Alianza Editorial), el pasado mes de marzo.

En una UE con 27 países, una vez salga el Reino Unido, ¿hacia dónde nos dirigimos intelectualmente?
—Los posmodernistas han creado un mundo de poca nitidez conceptual, lo veo hasta en la mejor prensa española, algunos juegan con conceptos de posmodernidad. Vamos hacia un mundo en el que hay un marco de referencia de ideas muy laicas, donde todo el mundo está elaborando sus conceptos, con un neoutilitarismo, que es la ideología fundamental de la modernidad.

La gente habla de la muerte de las ideologías, lo cual es una estafa mental, porque se piensa en el liberalismo o el marxismo; hay ideologías más pequeñas, o el mundo de internet que nadie me diga que no es una ideología, o la obsesión por uno mismo que es el narcisismo colectivo de los que van con el móvil en la mano.

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Los estudiantes tienen hoy una mayor sensibilidad a los problemas que exponen los periodistas

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Desde su experiencia de vida, ¿qué están aportando programas de becas como las Erasmus, las Fulbright o las Iberoamericanas?
—Están bien, nos internacionalizan, sobre todo para la clase media-alta. Los estudiantes llaman “Orgasmus” al Erasmus, porque hay mucha verdad en eso. Permiten al estudiante ir a otro país, estar en una residencia, conocer a chicos o chicas, pero la tendencia sexual se ha relajado –menos de lo que parece–.

En un momento determinado parecía que mi generación se liberaba pero nadie se libera, yo que he vivido muchos años en Inglaterra y EEUU, allí se enamoran, se pelean, y se suicidan por amor. El país en el que fue más popular el amor libre fue en España entre los anarcosindicalistas andaluces y catalanes, eran millones de personas, pero era teoría, porque luego se casaban como todo el mundo con la compañera.

Aquello no era un desbarajuste en el sentido erótico. El único peligro es que vayamos hacia el magma internacional perdiendo el carácter nacional. Yo estoy reconciliado y acepto con resignación que soy español, y le coges gusto a lo que eres, es la condición humana. Uno le escribe a su tierruca, a su lengua, y tenemos un momento de tendencia al orgullo de lo propio cuando en realidad no debiéramos de tenerlo porque a lo mejor resulta que el de al lado es más inteligente, mejor y más guapo.

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En España, la primera reforma universitaria debería ser eliminar el tremendismo

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¿Qué evolución ha visto entre sus estudiantes desde que comenzó su carrera docente e investigadora hasta sus últimos grupos?
—No existe una categoría “los estudiantes”. Los que conozco directamente en la Pompeu Fabra y en la Central de Barcelona, y charlo con ellos en clase o en el bar, los veo no como una muestra del país, porque los de clase media o de clase media-baja están más cerca de los movimientos del momento.

El alumnado –palabra horrible–, de las universidades está más expuesto porque tiene menos problemas para llegar a final de mes, aunque no les gusta que les digas eso. Si les dices que no tienen problemas se te enfadan. Pero tienen una mayor sensibilidad a los problemas que exponen los periodistas porque hoy en día los medios de comunicación deciden qué es un problema. Si hay un terremoto o una catástrofe natural se agranda o se amortigua según lo que diga la prensa.

Personas como yo, que tenemos acceso a los medios y a una palestra como un aula universitaria, tenemos una gran responsabilidad porque fabricamos la opinión pública entre poca gente y pocos medios. La transformación de la información en opinión pública y su reincidencia social es un fenómeno conocidísimo, no hace falta estudiar en una facultad de Ciencias de la Información para darse cuenta de quién la fabrica, quién la filtra y quién la crea.

¿Cuál ha sido su evolución desde sus inicios hasta hoy?
—Era un niño de la Guerra Civil, vi entrar las tropas en Barcelona. Mis creencias han ido evolucionando, supongo que uno sigue siendo el mismo porque cuanto más viejo más te reivindicas en lo que hacías cuando tenías 21 o 22 años. Mi experiencia en el servicio militar fue un éxito porque me mandaron por rojo y republicano a la frontera con Francia durante un año y medio. Gracias a mi heroísmo personal no nos atacaron desde Francia [socarrón]. Nos saludaban los franceses y nosotros a ellos. Pienso cómo era entonces y cómo soy ahora, el mismo.

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Hay universidades privadas estupendas, no tienen por qué ser siempre las del Estado; lo importante es que la gente funcione

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¿Qué reforma requiere el sistema universitario español?
—En España, la primera reforma es eliminar el tremendismo. Ya con Franco tuvimos tres reformas universitarias. Yo pondría parches o pequeñas modificaciones, nada de cambios estructurales porque tenemos una experiencia de grandes cambios –la grandilocuencia española– y cada ministro de Educación parece que debe tener un plan de reforma tremebundo.

En la época socialista en los 80, me llamaba alguna ministra, secretarios de Estado y directores generales, me iba para Madrid y siempre, tras hacer lo que me habían pedido, los cambios consistieron en pasarse de estructura de departamentos a estructura de facultades, gran error, yo creo en los departamentos. Hay que tener facultades importantes. No hay que socavar los derechos de los decanos, eso de llamar a la Facultad de Economía también “de Organización de Empresas”, es una ridiculez. Yo pondría Facultad de Ciencias Sociales –Sociología, Antropología, Demografía y Etnología para empezar–, es decir, nada de hacer esas perrerías de independizarse.

Luego dejaría los institutos pequeños que tienen sus patronatos con su director. No estaría mal potenciar esta institución. Hay instituciones en Valencia, en Vicálvaro la Rey Juan Carlos –es saludable que se haya descubierto la corrupción–, en Barcelona, en Andalucía como el Instituto de Estudios Avanzados de Córdoba, a los que les daría categoría universitaria, tanto a los que son semipúblicos como a los que son privados –la Institución Libre de Enseñanza–.

Eso sería una verdadera reforma universitaria, se les daría verdadera categoría universitaria e investigadora, porque es una locura hacer una reforma de todo ese mamut inmenso que es la universidad española. Se parece a esa idea universitaria francesa centralista. El modelo sería Alemania. Potenciaría las instituciones de enseñanza superior y de investigación pequeñas o grandes, y algunas serían medio privadas, descentralizándolas.

No hay que ser dogmáticos, hay universidades privadas estupendas, no tienen por qué ser siempre del Estado. Lo importante es que la gente de la universidad funcione. Hay que fiarse de la clase intelectual de un país, además de un país como el nuestro, con una maravillosa tradición anarquista, que nos dejen montar nuestras escuelas.

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Comentarios

  1. Enrique
    30 de octubre de 2019 15:10

    gracias por la noticia, pero estaría bien decir que también hay otro tipo de becas Eramus de corta duración que impulsamos desde https://www.yeseuropa.org gracias!

    1. Manuel Carmona
      17 de junio de 2020 17:00

      Enrique gracias por tu lectura y comentario que acabo de ver, disculpa antes de nada por la demora. Tendremos en cuenta esos otras vías de becas que comentas en tu enlace. Feliz resto de semana.